Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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20/10/2011


Fracasó el blindaje marinista a Hernández Quintana


Con la precisión de un reloj suizo se desenvuelve el campo de batalla entre el Antiguo y el Nuevo Régimen por la permanencia de Víctor Manuel Hernández Quintana en el OFS como el guardián de los secretos marinistas. Un efecto no calculado, sin embargo, fue la división en la anterior elite de poder. La ruptura entre Mario Marín y Javier López Zavala a través del enfrentamiento entre Juan Carlos Lastiri y José Luis Márquez mueve las aguas del tricolor. Mientras que el exgobernador ha dado la orden de defender con todos los recursos posibles a su Auditor General, el candidato fallido a la gubernatura se muestra favorable a la destitución en el Pleno. Al interior de la bancada tricolor en el Congreso la posición dominante es la del dúo Márquez-Zavala, quienes transmitieron su beneplácito al morenovallismo. Marín, sin embargo, guarda todavía armas en contra de sus exaliados: jura que si le juegan las contras entregará los expedientes financieros de la campaña zavalista.


Tan pronto estalló el escándalo de las bodegas clandestinas, Mario Marín convocó a un cónclave de sus aliados. El sábado por la mañana se reunieron en su nueva mansión ubicada atrás del Complejo Siglo XXI. La lista incluyó a Valentín Meneses, Juan Carlos Lastiri, José Luis Márquez, Humberto Aguilar Viveros, David Villa Issa y el auditor especial Antonio Taja Tame, hoy encargado de despacho del OFS. Dos grandes ausencias: Javier López Zavala, quien puso de pretexto que andaba operando en Michoacán, y Mario Montero Serrano, que ya no se acuerda que algún día fue marinista.


La orden del exgobernador fue tajante: defender con todos los recursos disponibles a Víctor Manuel Hernández Quintana e impedir en el pleno del Congreso su destitución. A cada uno de sus fieles les dio tareas. Aguilar Viveros debía reunir a un grupo de exdiputados que declararan la legalidad de las bodegas. Valentín Meneses debía frenar al procurador, a quien luego terminó llamando “loco”. Sin embargo, José Luis Márquez se pronunció porque el PRI sí debía permitir la destitución. Entonces despertó la ira del oriundo de Nativitas.


La sucesión de eventos al interior del PRI evidencia su grado de nerviosismo. Mario Marín quiso destituir a José Luis Márquez de la coordinación de los diputados priistas por vía de Juan Carlos Lastiri. La intentona fracasó porque Zavala y Márquez se entrevistaron con Fernando Manzanilla la mañana del martes y le expusieron que ellos estaban de acuerdo con la destitución de Hernández Quintana junto con la mayoría de los diputados.


Al final Mario Marín salió derrotado. En la plenaria de ayer por la mañana entre los diputados del tricolor con Juan Carlos Lastiri y el delegado Ranulfo Márquez, la posición común fue acompañar la destitución de Hernández Quintana para que el PRI no pague el costo político de su defensa. Palabras más, palabras menos, Márquez expuso que el sujeto era indefendible dado que sus subalternos lo habían hundido en sus declaraciones ante el MP.


El cónclave se agravó cuando trascendió que en las mismas declaraciones ante la PGJ la orden de Marín fue evacuar los documentos relativos a la gestión de Rafael Moreno Valle como secretario de Finanzas para tener misiles de contraataque. Por tanto, concluyó José Luis Márquez, no había elementos para defenderlo. El marinismo se quedó solo y Zavala ganó en su negociación con el morenovallismo, aunque todavía se desconocen los términos del pacto.


El marinismo vive la soledad del poder. Valentín Meneses embistió al procurador Carrancá y ahora deberá comparecer como testigo y, en una de esas, como indiciado por haber declarado que en su calidad de secretario de Gobernación conocía la existencia de las bodegas. Humberto Aguilar Viveros, Enrique Marín y Rocío García Olmedo hicieron una defensa ridícula de la soberanía del Congreso local, pero nunca pudieron aportar pruebas de la legalidad de las bodegas en que se encontraron las 4 mil cajitas felices.


El reordenamiento al interior del PRI es una consecuencia de la batalla del Antiguo Régimen contra el Nuevo. Zavala y José Luis Márquez desplazaron a Marín y a Lastiri como interlocutores ante el morenovallismo. Los marinistas que soñaban con una diputación federal volverán al agujero del desprestigio. Y Mario Marín, como nunca antes, está más solo que una higuera en un campo de golf.


Víctor Manuel Hernández Quintana se va y ya no hay nadie que lo defienda. La estrategia del marinismo de acuerparlo fracasó porque nadie pudo aportar pruebas. Y, si siguen estirando la liga, Valentín Meneses podría ir a dar con sus huesitos a la cárcel. Una vez más, el morenovallismo les ganó la partida. La próxima semana es probable que el Pleno vote la destitución del titular del OFS y en quince días habría nuevo titular. El exgobernador, pese a todo, puede dormir tranquilo: Moreno Valle mantendrá su palabra y las cuentas públicas no serán reabiertas. Pero otra cosa es lo que le ocurrirá a sus subalternos de acuerdo al contenido de las cajitas felices. Y, vaya rareza, el primero en el disparadero es Valentín Meneses.

 

Lo advertimos desde el principio. El Nuevo Régimen tenía todo los instrumentos para derrotar al Antiguo. Ganó esa batalla y también la del sistema mediático al exhibir los convenios millonarios de Rodolfo Ruiz con el marinismo. Con el campo de batalla devastado, ya se preparan las nuevas guerras por venir.

 



 
 

 

 
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