Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
@Nigromanterueda
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21/03/2012


La supervivencia de Nueva Alianza se funda en Puebla


Los poderes fácticos e institucionales del país parece que han tomado un acuerdo sobre el destino de Elba Esther Gordillo: para que México viva, la dirigente vitalicia del SNTE debe morir. En sentido político, claro. La andanada que Gordillo enfrenta desde distintos frentes desde su ruptura con el PRI y Enrique Peña Nieto —y que la llevó a expresar sus miedos en una entrevista con Salvador Camarena para El País— indica un estado de fragilidad como el que nunca había vivido en la transición democrática. Pero la muerte de Elba Esther debe ser asemejada al enfrentamiento con una Hidra de mil cabezas dada la arquitectura financiera, política, social y mediática de su poder. Dos son las complicaciones fundamentales para el triunfador del 2012 que deba acometer el reto: desarticular las redes de apoyo al interior del sindicato magisterial y la liquidar a Nueva Alianza, el partido que nunca debió nacer. Para el primer objetivo se requiere una maniobra desde dentro. Para el segundo, que el Panal no alcance el 2 por ciento que requiere según el Cofipe para mantener su registro.


El objetivo, por supuesto, es que el partido político de Elba Esther no tenga representación en el Congreso de la Unión, y por tanto, no puede realizar ninguna acción jurídica ante un posible quinazo del próximo presidente. Y eso no ocurrirá a menos que Nueva Alianza pueda reunir alrededor de 900 mil votos, aproximadamente el 2 por ciento de una votación total que se prevé en 2012 alcance los 45 millones de votos.


Hasta ahora el Panal ha participado en dos elecciones federales y no ha tenido problemas para reunir el piso legal para mantener el registro. En 2006, su primera participación obtuvo casi un millón 900 mil votos, es decir, 4.54 por ciento de la votación nacional que le dio 9 diputados plurinominales. Tres años después, su votación bajó considerablemente al llegar únicamente al millón 181 mil votos, un 3.42 por ciento de los sufragios nacionales y apenas siete diputados. La fortaleza y movilización del magisterio le dan por lo menos a Nueva Alianza la certeza de mantener su presencia en el sistema electoral mexicano.


A la luz de las cifras parece complicado que Nueva Alianza no reúna el 2 por ciento legal de la votación dado que en comicios anteriores los consiguió sin problema. Hablamos únicamente de 900 mil votos cuando ya consiguió casi el doble en 2006. Y pese al deseo manifiesto de poderes fácticos e institucionales, el partido magisterial de Elba Esther tiene red de protección ante la posible interferencia de sus enemigos.


Puebla es uno de esas redes de protección. Aquí, Nueva Alianza es un ejemplo de vitalidad que busca reunir, por lo menos, 200 mil votos. Pero el partido magisterial en Puebla es una anomalía visto desde el punto de vista nacional. Primero, por la salud financiera de la organización que no parece tener problemas económicos para enfrentar los comicios. Después, por el súbito deseo de varios priistas medianamente conocidos que, en reclamo a supuestas exclusiones en el tricolor, de botepronto decidieron subirse a la nave de Elba Esther pese a las horas de crisis. El advenedizo Víctor Hugo Islas es un ejemplo perfecto: pese a sus pocas posibilidades de ganar al Senado y disfrutando de una curul en el Congreso, decidió cambiarse de bando. Junto a él se fueron Enoé González, Marcela Jiménez y varios más.


Visto desde fuera no habría otra que celebrar el extraordinario talento de Gerardo Islas Maldonado que ha logrado tanto en apenas su primera incursión en la política. Lo mismo ha renovado cuadros políticos que ha mejorado la situación financiera que luce tan holgada que deja atrás al PRI y al PAN. En tales condiciones no cabe duda que logrará aportar los 200 mil votos y convertirse en un seguro de vida para que el Panal alcance su piso mínimo del 2 por ciento para sobrevivir.


Sin embargo, a nivel nacional nadie se traga el cuento del talentoso Islas Maldonado. Y sabe que la anomalía de Nueva Alianza no tiene otro padrino que Rafael Moreno Valle, a quien los poderes fácticos e institucionales harán responsable si Nueva Alianza sobrevive gracias a una votación atípica. Son ellos quienes acusan a las oficinas del gobierno estatal de negociar con los tránsfugas su tránsito sexenal a costa de sacrificarse el 1 de julio para reventar al PRI y al PAN por igual.


El historial no deja dudas. En 2006 el partido magisterial apenas rebasó los 100 mil votos para alcanzar el 5.5% de la votación estatal. Y en 2009 apenas llegó a los 67 mil votos. Aún en el mejor de los escenarios, ¿de dónde sacará Islas Maldonado otros 100 votos extras?

 

Y he ahí el fondo de la disputa: los 100 mil votos extras que logra el Panal en una elección atípica se los robará al PAN —el partido que llevó al poder al gobernador— o al PRI —que sigue perfilándose como probable ganador de la Presidencia—. Ni uno ni otro perdonarán que la sobrevivencia de Nueva Alianza se haya fundado en Puebla gracias al brazo protector de Moreno Valle. Y con Elba Esther en desgracia, no parece una decisión sabia pelearse con los probables triunfadores del 2012.

 



 
 

 

 
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