Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
@Nigromanterueda
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21/05/2012


Las campañas nos aburren porque no tienen contenido local


Las campañas nacionales ya prendieron y el ánimo, gracias a la movilizaciones de jóvenes y estudiantes del movimiento #Yosoyel132, es de plena competencia pese a lo que digan las poco confiables encuestas de Mitofsky y compañía. A nivel Puebla, sin embargo, las campañas son prácticamente inexistentes. Los candidatos a diputados federales y senadores no han podido ni han querido conectar con los electores, por lo que el grado de indecisos supera el 40 por ciento según los datos de Mas Data y de Indermec. Y eso ocurre, precisamente, por la falta de contenido local. Si atendemos el viejo apotegma de que all politics is local politics, el aburrimiento es porque sus candidatos no pueden o no quieren hablar del papel que desempeñarán en el Congreso federal para remediar los problemas de la entidad. Más que mudos, la característica de todos es autoimponerse una Ley Mordaza para no molestar al gobernador con sus dichos.


El vacío de propuestas o diagnósticos sobre Puebla es más evidente en el caso del PRI que, lejos del papel de cumplir su oposición, ha decidido ejecutar un pacto de connivencia con el hombre que les quitó Casa Puebla. Lo sencillo es acusar a Fernando Morales Martínez o la facción zavalista de colaboracionistas, pero lo cierto es que nadie se atreve ni a tocar con el pétalo de una rosa al gobierno morenovallista. El silencio, sin embargo, tiene diferentes motivaciones.


La facción marinista tiene la cola tan larga que, por fuerza, su lengua no existe. El temor de una segunda oleada de procesos penales, encarcelamiento y órdenes de aprehensión es tan alto como el Popocátepetl. Y es que al marinismo le sobran casos de corrupción, siendo el último la abrupta cancelación de la concesión para construir el Libramiento Norte a la trasnacional española OHL y que fue rubricada por Mario Marín, hecho más que suficiente para llevarlo a la cárcel. En el marinismo nadie más quiere verse como Alfredo Arango o Javier García Ramírez.


Luego vienen los priistas, en efecto, que han decidido nombrar a Moreno Valle como su jefe político. Destaca la facción zavalista y en ella se encuentra a Edgar Salomón Escorza, José Luis Márquez, Filiberto Zavala, quienes han visto beneficiadas sus carreras a partir de su cercanía. Entre los colaboracionistas, por supuesto, el exgobernador Melquiades Morales junto a su hermano Chucho, y hasta Enrique Doger.


El problema fundamental es que Blanca Alcalá no cumple su función de remolque y pedirle una crítica al gobierno estatal es mucho para la verborreica candidata al Senado. La exalcaldesa le tiene pavor a Moreno Valle, quien en un acto de piedad y a la espera de cómo se reorganiza el juego por el Senado, le dio un perdón momentáneo pues el OFS y la Inspectora no determinarán cuentas públicas, es decir, no le será notificado el pliego de cargos que ya se encuentra listo. Pero no debe confiarse a la buena voluntad, por lo que será difícil que Alcalá salga de las generalidades que mantiene como “propuestas”.


En el caso del PAN, la necesidad llevó a los candidatos a unificar el discurso de “para seguir transformado a Puebla”, es decir, la continuidad del morenovallismo en el Congreso. Por supuesto que algunos no lucen convencidos de defender los logros de la administración, y el que menos es Enrique Guevara, el único alfil real de Eduardo Rivera y que se encuentra siete puntos detrás de Enrique Doger. Aunque también es menester señalar que muchos de ellos no podrían articular un discurso sobre los problemas de la entidad, simplemente porque rebuznan. Es el caso, por ejemplo, de Néstor Gordillo, Blanca Jiménez, Julio Lorenzzini o Carlos Amador, considerados todos operadores del gobernador, pero que simplemente son ignorantes. Y no se diga Augusta Díaz de Rivera, que además de todo es cínica por regresar a cobrar su dieta a San Lázaro.


Javier Lozano Alarcón entiende a la perfección el papel de un senador como parte del sistema político nacional, y su discurso está dirigido a eso precisamente, por lo que no abunda en las particularidades de la vida regional salvo para definirse como un morenovallista.


La carga más pesada de la falta de contenido local se la lleva Manuel Bartlett quien, como exgobernador, bien podría articular un discurso sobre Puebla y los errores del gobierno estatal. Pero Bartlett sabe que también tiene la cola larga y que podría salirle más caro el caldo que las albóndigas si el morenovallismo demuestra con datos duros que no fue tan buen gobernador como pensábamos. Don Manuel, además, ya no está tan lúcido y ha decidido concentrar su fuego en el gobierno federal. De todas formas, ya tuvo la redención que buscaba por parte de la izquierda.


Y quienes se llevan el campeonato a la insignificancia son los candidatos de la izquierda a las diputaciones, que más bien parecen contratados para no hacer campaña. Salvo Abelardo Cuéllar en el IX, todos son una perfecta nulidad.

 

¿Y los del Panal? Bueno, qué se puede esperar de Gerardo Islas y todos los empleados de @RafaGobernador.

 



 
 

 

 
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