Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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21/07/2010


El número uno en la lista de los traidores priístas


Si usted tiene acceso a la lista de los traidores del PRI que provocaron el derrumbe, en vano buscará el nombre de Enrique Doger, Alberto Amador Leal, Blanca Alcalá o Melquiades Morales a la cabeza del top ten elaborado en el cuartel general del partido. Ello no significa que no tengan en la mira a todos ellos, sino que para encontrar al número uno de los Judas tendrá que voltear a otro lado: a una oficina casi insignificante del PRI municipal. Buscar a un personaje que tuvo siempre el apoyo de Carlos Meza y Mario Montero, quienes fueron sus valedores en los momentos de mayor desconfianza. Se trata de aquello que alguna vez se dio en llamar mapache o alquimista electoral: estudiosos de la cartografía electoral con la capacidad de hacer aparecer votos ahí donde no hay nada. Un experimentado tramposo que siempre puso sus mañas al servicio del PRI, pero que en las horas más necesarias le clavó la espada sin misericordia. Se trata de Omar Blancarte, a quien se asignó la operación electoral de la capital con el respaldo del candidato a la alcaldía, pese a su pasado morenovallista. Se le dio la confianza plena pese al antecedente de su trabajo para Rafael Moreno Valle en el sexenio melquiadista. Muy tarde descubrieron que habían puesto al conejo a cuidar las zanahorias.


Tres semanas antes de los comicios, un compungido Blancarte comentó en reunión de estrategia que “Moreno Valle me buscó y me ofreció 30 millones de pesos para traicionar al PRI: 20 en el momento y 10 para después de las elecciones”. “Y, ¿qué le respondiste?”, cuestionó un alto cuadro del partido. “Que no me interesa, mi lealtad es para Zavala y Montero”. El primero no le creyó, pero el segundo sí. Las alertas rojas se prendieron. El candidato a la gubernatura previno a Montero, quien le dio su respaldo sin cortapisas: “Ya lo investigué: está limpio. Tiene mucho tiempo que no habla con los morenovallistas”. “Desconfía de él”, volvió a sugerir Zavala. Nunca le hicieron caso.


La mañana del 4 de julio, 433 secciones electorales del municipio de Puebla amanecieron sin representante del PRI. Las casillas quedaron desguarnecidas, sin vigilancia, vaya. No fue porque los encargados de defenderlas se quedaran dormidos o se fueran de borrachos. Ocurrió una perversidad mayor: el registro en el IEE y los nombramientos no coincidían. Alteración de apellidos. Confusión en el número de la casilla. Nombres intercambiados. Mil y un sutilezas que provocaron que los presidentes de casilla rechazaran a los designados y sus suplentes. Así, en la mesa de votación solamente se quedó el defensor de Compromiso por Puebla, pues el PT no tuvo suficientes representantes. Y en donde había, un módico pago de mil pesos lo envió de vuelta a su casa.


La traición de Omar Blancarte se complementa con la compra de funcionarios de casilla que simplemente no llegaron a desempeñar sus funciones y que, de acuerdo al Código Electoral, fueron sustituidos por el primer diligente ciudadano formado para votar: un diligente ciudadano y maestro. Sí, integrante del SNTE. Beneficiario de Elba Esther. La misma operación que La Maestra le aplicó al tricolor en Baja California cuando descarriló a Jorge Hank y que ahora sirvió para tumbar a Javier López Zavala.


Con la traición de Blancarte se puede explicar en parte el alud de votos que hubo en Puebla capital, pese a que en las calles se observó una participación moderada. Si 433 secciones quedaron desguarnecidas y, de acuerdo a la legislación, cada una tiene mil 500 electores, hablamos de que prácticamente quedaron sin vigilancia alrededor de 650 mil boletas, al cuidado únicamente del SNTE y de Compromiso por Puebla. Por supuesto, los mapaches de Elba realizaron con cuidado su tarea y únicamente se dedicaron a dobletear: si Zavala había recibido cien votos, a Moreno Valle le contabilizaban 200. Fue así como la alianza opositora obtuvo una ventaja significativa de casi 20 puntos, con los que Moreno Valle y Eduardo Rivera ganaron a Zavala y a Mario Montero. El tsunami previsto días antes.


Operativos semejantes con traidores de la misma calaña operaron en zonas urbanas como Cholula y Tehuacán. El mismo fenómeno de inconsistencias entre los nombres registrados en el IEE y los contenidos en el nombramiento de representante de casilla. Los encargados tricolores de la oposición simplemente se vendieron. Cuando Armenta dijo que la alianza opositora robó la elección quería decir que compraron las frágiles lealtades de sus mapaches electorales. ¿Quién se puede resistir a un cañonazo de 30 millones de pesos?


Así lo cuentan los jerarcas del tricolor, que poco a poco irán desmenuzando más historias de traidores.


*** Nos aclara don Juan Columna. “En su columna del día 20 del año en curso, donde hace referencia a los proyectos a realizar por parte del gobierno que encabezará el Dr. Rafael Moreno Valle, y muy particularmente al ‘Proyecto Valsequillo’, permítame hacer una precisión; el autor de este magno proyecto fue el arquitecto poblano José Miguel Gómez de Alvear, quien lo presentó como disertación doctoral en una universidad española, no fue Fernando Manzanilla.


“Espero Dr. Rueda, tengan usted y los poblanos la oportunidad de conocer directamente del auténtico autor la magnificencia del referido proyecto, con mucho orgullo de un poblano. Reciba un cordial saludo”.

 

Reitero, sin embargo, que a quien le conocí tal proyecto de primera mano fue a Fernando Manzanilla, así como la estrategia para implementarlo con inversionistas inmobiliarios españoles. Un abrazo.

 



 
 

 

 
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