Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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21/07/2011


Javier Lozano Alarcón, el Zavala del PAN


Ya no me cabe duda: Javier Lozano Alarcón es el Javier López Zavala del PAN. El secretario del Trabajo, poblano por obligación y fuereño por convicción, abandonó ayer la carrera presidencial pese al inmenso capital político que posee, confirmando las versiones publicadas en este espacio desde hace varias semanas: que su sueño de llegar a Los Pinos era en realidad una ocurrencia que una rápida ojeada a las encuestas derrumbaría. Ayer, en conferencia de prensa, reconoció que su posicionamiento no le alcanza para ser una opción ganadora en el 2012. Por supuesto, se trata de una verdad de Perogrullo: el cero más cero siempre da cero como resultado. Solamente un ingenuo podría pensar que Lozano podría construir una carrera competitiva cuando su trayectoria está fundada en el oportunismo. Cuando el PRI era hegemónico, Lozano Alarcón militaba en el PRI. Cuando quiso convertirse en diputado federal, se acordó que era poblano y volvió a su patria chica para ser barrido en el distrito 11. En la desgracia, Melquiades Morales lo rescató y lo designó representante de Puebla en el Distrito Federal, cargo que continuó unas semanas ya en el sexenio de Mario Marín pero que borra de su currícula. Cuando su compañero de banca Felipe Calderón ganó la nominación albiazul a Los Pinos, no dudó en traicionar al PRI para convertirse en neopanista.


Su transfuguismo fue bien pagado con un cargo federal de primer orden. Cercano al final del ciclo calderonista, se inventó posibilidades de convertirse en el candidato presidencial del PAN cuando sabe que es imposible por varias razones. Una, que su ingreso al albiazul tiene como único mérito el amiguismo: muerto Calderón, muerto también Lozano Alarcón. Ni siquiera tiene sangre azul, ya que su origen está en el PRI. Además, el secretario del Trabajo sabe que tiene el veto del duopolio televisivo: ni Azcárraga Jean ni Salinas Pliego pueden verlo en pintura por viejas cuentas cuando el poblano estuvo en la Cofetel. Por último, por tratarse de un sujeto engreído, no convencen ni a su familia. Y es literal, ya que sus parientes poblanos no le dirigen la palabra gracias a los desplantes que muchos conocen.


Lozano Alarcón prepara su último acto de oportunismo. Barbero profesional del gobernador Moreno Valle, su plan siempre fue amagar la candidatura presidencial para negociar hacia abajo, es decir, la primera fórmula panista al Senado con el aval del gobernador poblano. Cual pequeño Napoleón, se imagina en su caballo blanco convirtiéndose en el próximo mandatario estatal, pese a su odio por Puebla. Por ello, en las próximas semanas veremos cómo el secretario del Trabajo intensifica su presencia en la entidad y busca acercarse a medios y elites. Pero ya conocemos su modus operandi: una vez alcanzado su objetivo, volverá a despotricar de los poblanos tanto como de la familia que lo cobijó en su infancia. ¿Quién podría votar por él?


**** Mario Riestra Venegas, Ciudadano Distinguido. Un acto verdaderamente emotivo se vivió ayer con motivo del homenaje póstumo a Don Mario Riestra Venegas y el reconocimiento como poblano distinguido que recibió su esposa, Susana Piña, así como sus tres hijos Mario, Rodrigo y Susana. Con ese motivo, reproduzco mi homenaje particular a un gran poblano, publicado en marzo con motivo de su muerte.


“Hemos tenido mala suerte. En pocos meses perdimos a dos poblanos excepcionales que tuvieron por vocación permanente dar lustre a Puebla. Primero, la tragedia que rodeó a Salomón Jauli Dávila, un deceso que todavía no superamos. Y hace exactamente una semana a Don Mario Riestra Venegas, hombre excepcional apasionado de la historia y el servicio público. La última vez que platiqué con él, interesado siempre en los vaivenes políticos de la entidad pese al avanzado estado de su enfermedad, fue en el cumpleaños de su hijo Rodrigo. Asistido siempre, amorosamente, por su esposa Susana Piña, mujer excepcional también. Tengo la impresión de que en nuestro país hemos perdido la costumbre de homenajear a los hombres que lo merecen. Rodeados siempre de escándalo, decepciones políticas, ídolos de barro, dejamos que los héroes cívicos se pierdan. Héroes, sí, porque a diferencia de otras épocas no se distinguen en la guerra contra invasores externos, sino en la batalla por construir una mejor sociedad. Y al respecto, creo que de Don Mario Riestra Venegas hay varias cosas que decir y rememorar.


“Primero, que como funcionario público fue una rara avis: a lo largo de su desempeño como secretario de Economía en la era de Manuel Bartlett, y en las responsabilidades que tuvo con Melquiades Morales, no utilizó su posición para enriquecerse y tampoco recuerdo algún escándalo público que manchara su apellido y de su familia. Parece poco, pero en estos tiempos es demasiado. Formado en el pensamiento alemán, uno de sus objetivos permanentes fue la interrelación entre la formación académica y el sector productivo, así como la explotación comercial de los bienes que Puebla produce naturalmente. Su amplia cultura lo hacía entender que Puebla no podía conformarse con ser una aldea, y siempre mantuvo vínculos comerciales y académicos con Europa, especialmente con Alemania. No es casualidad que una de sus últimas responsabilidades fuera la dirección de la Cámara de Comercio México-Alemania.


“En resumen, como hombre público fue exitoso por la naturaleza de los cargos que desempeñó, pero además porque de todos ellos salió limpio, sin mancha. Su casa fue la misma de toda su vida, no fue afecto a los excesos de nuestras elites, y su gran tesoro era la amplia, amplísima biblioteca que era a la vez el salón principal de su hogar.


“Intuyo que la vocación del servicio público que mantuvo a lo largo de su vida nació a partir de su amor por la historia. Qué digo amor, sino pasión por los sucesos, los aciertos y los defectos en la construcción como nación. Su identidad era plenamente liberal: un hombre amante de las libertades, del pensamiento libre, pero sin creer en el paternalismo ni en el corporativismo alimentado por el Ogro Filántropico. No era un jacobino, sino un hombre tolerante a los credos religiosos: hizo amistades por igual con laicos y con religiosos. Los museos eran sus sitios favoritos. Y su amplio bagaje histórico, en especial sus investigaciones sobre Juan de Palafox y Mendoza, quedaron plasmados en libros y artículos. ¿Cuánto le debe el ámbito cultural a Mario Riestra Venegas?


“Con motivo del año del Bicentenario programamos participaciones suyas para el diario y para CAMBIO TV. Nunca pudieron concretase por el deterioro en su salud a partir de la segunda mitad del año. Y aquí quiero resaltar su más grande éxito: la hermosa familia integrada por su esposa Susana y sus hijos Mario, Rodrigo y Susana. Creo que su mayor éxito fue como padre de familia, pues tuvo tiempo de ver cómo sus tres hijos se han labrado un camino en la vida. Los vio triunfar como estudiantes. Mario y Rodrigo, brillantes egresados del CIDE, y Susana, alumna excepcional e inquieta de Relaciones Internacionales y presidente del CEUDLA en la Universidad de las Américas. Los tres heredaron su gusto por la política y el servicio público. Los tres no son promesas, sino realidades. Mario Riestra Piña es el joven coordinador de los diputados panistas en el Congreso, y lo mismo la lleva bien con las facciones más conservadoras de su partido que con el gobernador Rafael Moreno Valle. Todos le auguran excelentes años por venir. Rodrigo, además de empresario y enamorado de la producción poblana, ha recorrido su propio camino en el servicio público y ahora es jefe de Oficina de Roberto Moya en la Secretaría de Finanzas. Susana, carismática, también inicia su propia andadura.

 

“Mario Riestra Venegas vio triunfar a sus hijos y no existe mayor satisfacción de padre. Creo que Puebla le quedó a deber y el homenaje que pretende realizarle el Congreso local, aunque justo, es tardío. Hombres como él, con su claridad de pensamiento y análisis histórico, nos hacen falta en la alternancia democrática que vivimos. A los poblanos nos harán falta sus reflexiones, su amor por Puebla, y a su esposa e hijos la guía del padre de familia. Sin embargo, también tengo la certeza de que tuvo una vida plena, llena de reconocimiento público y del amor de su familia. Descanse en paz. Y gracias por todo lo que nos diste”.

 



 
 

 

 
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