Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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21/09/2010


Del cómo y por qué Memo Deloya inició su “revolución antizavalista”


Guillermo Deloya Cobián llegó a la secretaría particular de Mario Marín en los días más aciagos del escándalo Cacho, y desde ahí operó lealmente con sus contactos nacionales para ayudar a la exoneración del mandatario enjuiciado por la Suprema Corte de Justicia. Con tal antecedente en su biografía personal, parece difícil creer que el mismo operador marinista se transmute en el paladín democrático de los priístas para impedir una nueva imposición de Javier López Zavala como dirigente del PRI. Un marinista enfrentando a otro marinista. La lógica política indica que se trataría de una ruptura pactada: una de esas simulaciones que acostumbran los políticos. “Primero te pego, me convierto en tu crítico y luego te legitimo”. Un truco viejísimo. Según esta hipótesis, Deloya llegaría a criticar a Zavala y luego le alzaría la mano, invistiendo al malogrado candidato de legitimidad ante un sector amplio de priístas. No suena mal, porque tampoco hay muchas hipótesis. Otra interpretación posible es que Marín ya sufre la feria de las deslealtades y las deserciones ya que, luego de perder la gubernatura y no tener oportunidades de construir una carrera nacional, la mayoría del gabinete ya tiene previsto desmarcarse de su exjefe y Deloya Cobián lo único que hizo fue cortar el listón de la huida. Inaugurar el salto de las ratas rumbo a un nuevo barco.


Ambas hipótesis, sin embargo, son posibles para aquellos que desconocen la larga historia de desencuentros entre Javier López Zavala y Guillermo Deloya Cobián, así como sus innumerables enfrentamientos cuando compartieron el gabinete marinista. En pocas palabras, el secretario particular era un rival directo y peligroso para el delfín dado su perfil ilustrado, juvenil y apoblanado; precisamente las virtudes de las que Zavala carece.


En efecto: antes de venir a Puebla, el hijo de Urbano Deloya se forjó una carrera académica que culminó con doctorado, se hizo de importantes relaciones nacionales al grado de trabajar directamente en la campaña presidencial de Roberto Madrazo. También ha escrito un par de libros y, por supuesto, nadie puede negarle un linaje poblano de prosapia. Zavala, en cambio, con trabajos terminó la licenciatura, tiene perfil de dinosaurio, no lee ni en defensa propia, es más chiapaneco que un tzotzil y, por supuesto, su carrera política es eminentemente local. En otras palabras, en su papel de secretario de Gobernación, luego de hijo favorito y más tarde secretario de Desarrollo Social, se dedicó a bloquear cualquier aspiración del joven talentoso Deloya para promover a sus incondicionales de siempre. Aquellos del mismo perfil mediocre que no eran un peligro para sus propias aspiraciones.


El secretario particular guardó prudencia, pero en su momento se las cobró completas cuando, abierta la carrera sucesoria, la fundación Urbano Deloya comenzó a defender en ingeniosos espectaculares la poblanidad, precisamente el tema que más afectaba a Javier López Zavala. Memo Deloya se postulaba para alcalde y ni siquiera le hacía competencia al delfín e, incluso, se negó a avalarlo públicamente. Su rebelión contra el delfín desde el interior del gabinete prosiguió hasta que llegó el manotazo de Mario Marín. En un foro con empresarios llevado a cabo en La Tocinería, para sorpresa del propio Deloya, el Consejo de su fundación le entregó a Zavala un reconocimiento como “poblano distinguido”. En resumen: Deloya fue obligado a una capitulación deshonrosa que no le mereció ni siquiera el agradecimiento o el ofrecimiento de posiciones por parte del ya candidato priísta a la gubernatura.


Deloya se refugió en su oficina de Casa Aguayo operando con lealtad para su jefe y en espera de tiempos mejores. Tiempos que llegaron cuando su némesis Zavala perdió la gubernatura y entonces, silenciosamente, comenzó a gestar su rebelión. Primero se reunió con el grupo de priístas críticos que al igual que él fueron obligados a capitular vergonzosamente. Luego publicó un opúsculo llamando a la base tricolor a una revolución, cuya traducción exacta era impedir una nueva imposición que culmine con Javier López Zavala en la presidencia del PRI. El artículo le valió un fuerte regaño de su jefe Mario Marín, tras lo cual ambos pactaron un cese amistoso de sus relaciones laborales.


Memo Deloya quemó sus naves presentando su renuncia a Mario Marín, pues buscará la dirigencia estatal del tricolor en un enfrentamiento auténtico contra su viejo enemigo Zavala. A su favor cuenta con juventud, preparación, inteligencia política, capacidad financiera y excelentes padrinazgos nacionales. Además, será un punto de convergencia entre los “antizavalistas” que no tienen el valor ni los blanquillos para enfrentarse al candidato perdedor, pues a diferencia de ellos Deloya sí habla fuerte y claro. En contra tiene el hecho de que el proceso, si se realiza en octubre, será controlado por la parvada marinista sobreviviente que quiere al PRI como un escudo contra la cacería de brujas del morenovallismo.


El enfrentamiento promete: Memo Deloya cobrándole viejos agravios a Javier López Zavala. Se va a poner bueno.


*** Y una bienvenida más, fanfarria incluida. A partir de hoy podrá leer en estas páginas y en el portal de La Quintacolumna la extraordinaria columna “Indicador Político”, que escribe Carlos Ramírez, leyenda auténtica del periodismo nacional. Es un orgullo sin par, puesto que Ramírez es un crisol que contiene información privilegiada con análisis detallado. No en balde se trata del columnista que mejor ha entendido el proceso de transición democrática y sus errores, y que ha retratado los vicios de nuestra clase política sin ningún tipo de concesiones. En otra ocasión he narrado cómo “Indicador Político” es la influencia estilística de “Tiempos de Nigromante”.


¡Enhorabuena, Maestro, y que podamos leerte mucho tiempo aquí!

 



 
 

 

 
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