Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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22/02/2011


La espada y la pluma en el justo medio

 

La espada del poder y la pluma de los periodistas encontrarán un justo medio en su encontronazo con motivo de la derogación de los delitos de prensa, la instauración del derecho de réplica y la cuantificación del daño moral en el Código Civil. Las modificaciones a los Códigos de Defensa Social y Civil serán aprobadas este día en el Pleno, por lo que la demanda de detener el procedimiento legislativo planteado por un grupo de periodistas a través de un desplegado, y su oficialización ante 16 diputados que nos recibieron en el Salón Hidalgo, simple y sencillamente fracasó. De acuerdo con el orden del día, el asunto fue listado en el punto 28, uno antes de los asuntos generales, por lo que deberá tratarse por ahí de las 13 horas. A cambio de esa derrota, la élite de poder decidió establecer un monto a la indemnización por daño moral pese a que la pretensión original era dejarlo al libre arbitrio del juez. El tope fijado es de 3 mil días de salario mínimo, equivalente a alrededor de 185 mil pesos, más la publicación de la rectificación. Además, se modificará la definición de daño moral para eliminar el controvertido “sentimientos” que daba una situación de ambigüedad e incertidumbre. Se prometerá, por último, una ley semejante a la Distrito Federal, pero nunca se sabe para cuándo.


A los agoreros del desastre (como yo) Rafael Moreno Valle les dio una nueva lección de alta política. Ayer el grupo de periodistas que asistió al encuentro con diputados para expresar nuestros puntos de vista, al final abandonó el Congreso con la idea que no habría ninguna modificación al proyecto original y que este día sería aprobado a sangre y fuego, con absoluta cerrazón e intolerancia. Pues resultó que no: que la petición de consulta fue ignorada, pero Moreno Valle tuvo la sensibilidad suficiente para auspiciar los cambios trascendentales en la definición de daño moral y su cuantificación. Es cierto que a lo largo del fin de semana se vio crispación en contra del gobernador poblano en las redes sociales, pero al final el ejercicio de la política y la prudencia de ambas partes despresurizó la situación. Tampoco debemos pasar por alto la operación política de Manzanilla, quien también hizo ejercicio de prudencia y dejó pasar la reunión sostenida ayer por un grupo de diputados con varios periodistas.


Justo es reconocer que la disposición de ese grupo de diputados, surgida originariamente de Enrique Doger y José Juan Espinosa, a la que después se sumaron José Luis Márquez y Mario Riestra Piña, dio origen a un ejercicio democrático de diálogo. Al final, pese a la descalificación de los esquiroles en turno y los proxenetas del periodismo entregados a la difamación, fue un amplio grupo de 16 diputados de todos los partidos, entre los que se encontraba Juan Carlos Espina, Elias Abaid Kuri, Tony Gali López, Enrique Nácer y Zeferino Martínez. Del lado de los medios, Enrique Núñez de Intolerancia, Zeus Muníve y Alejandro Rodríguez de 360 grados; Fermín Alejandro García de La Jornada de Oriente, Magaly Herrera de Periódico Digital, Mariano Morales de Síntesis y muchísimos reporteros, caricaturistas, y hasta la llamada prensa chica.


Se equivocó quien pensaba que este grupo de periodistas buscaba un foro o reflectores para denunciar la tiranía de Rafael Moreno Valle o chantajear en la firma de acuerdos comerciales. No hubo una sola expresión en contra del gobernador poblano ni contra Manzanilla, mucho menos guerra de egos y sí mucha responsabilidad a la hora de ejercer la palabra. Peticiones concretas, mucho: consulta pública, tiempo para presentar una propuesta, reformular el concepto de daño moral y límite a la cuantificación de la indemnización. El corte de caja indica que salimos sin las dos primeras, y a medias con las dos últimas. No parece tan mal saldo.


El gobierno morenovallista imagina una guerra con los medios que solamente la imaginación alimenta. En la petición de una consulta nunca hubo titiriteros del pasado ni el encubrimiento de una presión para negociar. Fue simple y sencillamente una defensa de los intereses propios, sin estridencia y con buenas razones. Este día habrá una minoría de medios y periodistas que seguirá descontenta, pero en términos generales hubo prudencia de ambas partes, y la historia de la prensa y el morenovallismo continuará en los cauces que ambas partes deseen. Y los términos son distancia o cercanía. Cada parte habrá de poner lo suyo.

 

El gobierno del cambio, así como sus diputados, mostró vocación democrática aceptando escuchar a los medios y también aceptando hacer modificaciones al proyecto original. ¿Que no son suficientes y deberán cumplir su palabra de hacer una ley reglamentaria? Por supuesto. Aunque hubo algunos que sí quedaron bastante mal, como en el caso de Guillermo Aréchiga, quien se negó a asistir a un salón contiguo a su oficina, pero se la paseó tuiteando las bondades de la reforma. El presidente de la Gran Comisión quedó como un enemigo de la libertad de expresión. Es el costo de la sumisión.

 



 
 

 

 
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