Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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22/09/2010


Hundidos en competitividad: perdimos la inversión millonaria de VW


Tocamos fondo. Así, de plano. Cuatro meses antes de que acabe el sexenio fatídico recibimos la peor puñalada. Perdimos la inversión extranjera más importante de los últimos 20 años. Volkswagen, el pulmón económico de la entidad, dejó de apostar por Puebla. Sin explicación o versión oficial, los directivos de la armadora germana decidieron trasladar la inversión de más de mil millones de dólares, destinados a construir una planta de motores, al estado de Guanajuato, pese a las complicaciones logísticas que les representa mantener aquí su planta principal. La inversión es de tal magnitud que el anuncio oficial probablemente ocurra la mañana de hoy en Los Pinos con la presencia del presidente Calderón, Javier Lozano Alarcón y los directivos de Volkswagen. Cerca de mil 500 millones de dólares en dos etapas que se traducirán en más de 2 mil empleos directos y 5 mil indirectos. Qué bien nos caerían en Puebla, ya que se trata de puestos bien remunerados y estables. Pero no: José Antonio López Malo y el gobierno marinista metieron la pata por última vez. Cara nos resultó la factura de la caída permanente de la entidad en el ranking nacional de competitividad elaborada por el IMCO. El costo tendrá impacto en varias generaciones de poblanos.


Moreno Valle, tras su victoria del 4 de julio, pidió tiempo a los directivos de Volkswagen para que aplazaran su decisión para después de su toma de protesta. Pensaba ofrecerles más incentivos de los que ofreció la administración marinista: generosa en dispendiar 2 mil 200 millones para mal construir un Centro Expositor, pero avaro para promover inversiones, pues únicamente ofreció a los directivos un terrenito en Huejotzingo. A su vez, el gobernador guanajuatense Juan Manuel Oliva casi casi les bajó el cielo, la luna y las estrellas: exenciones de impuestos, terrenos, obras viales y de infraestructura. El mismo compromiso que deseaba ofrecer Moreno Valle, pues sabe que ese tipo de inversiones se producen una vez cada 20 años. Pero los tiempos de la transición no son los tiempos de la armadora, que no pudo postergar su fallo. Los largos cinco meses entre un gobierno y otros nos pasaron factura.


¿Por qué los directivos de la armadora germana prefirieron enviar su inversión a Guanajuato, con mayores costos de logística, y dejar de apostar por Puebla? Seguramente algo tiene que ver la caída constante en las variables fundamentales de la competitividad, pues según el IMCO desde el sexenio de Melquiades Morales permanecemos en los últimos lugares del ranking nacional, situación que se agravó desde el 2006. En esos años, Fernando Manzanilla diseñó un plan estratégico para revertir la situación, pero nadie estuvo interesado en impulsarlo.


Desde hace algunos años el nombre de Puebla no brilla ni en el firmamento nacional ni internacional. Primero fue el caso Cacho, cuyas vicisitudes fueron ampliamente relatadas en la prensa europea. Ahora, los rumores de una clase política y empresarial dedicada al lavado de dinero. Para rematar, las detenciones de capos del crimen organizado y la certeza de que sus familias viven aquí.  


Puebla ya no suena bien a los empresarios nacionales ni extranjeros, ausentes desde el comienzo del sexenio marinista por la nula promoción. Las variables fundamentales: estabilidad, Estado de Derecho, buen gobierno, infraestructura y capital humano siguen cayendo. El marinismo y la inversión de 8 mil millones de pesos en construir la candidatura de Javier López Zavala nos dejaron como el tercer estado más pobre del país. En materia de calidad educativa Puebla se estancó en mitad de la tabla. El último Índice de Desarrollo Humano del PNUD nos ubicó como el quinto más marginado del país. Somos el estado con el peor poder Judicial de México y el gobierno rebosa una corrupción tolerada por los organismos empresariales y los medios de comunicación.


En tales circunstancias, ¿a quién diablos le va a interesar invertir mil millones de dólares en Puebla? Por supuesto, es una patraña eso de que la culpa recae en el Sindicato Independiente, ya que hasta ahora ha mostrado una gran flexibilidad para cuidar los empleos, como ocurrió con los varios paros técnicos del 2009. Si bien es cierto que se trata de obreros bien pagados para el mercado mexicano, nada comparable con las demandas y prerrogativas del sindicato en Alemania, España o Brasil.


Afrontemos: tantas caídas en rankings nacionales que nos heredaron los gobiernos de Melquiades Morales y de Mario Marín tenían que tener un costo empírico y verificable. Las calificaciones reprobatorias del IMCO debían afectar la imagen de la entidad ante los empresarios. El problema es que el efecto pegó donde más podía dolernos: en el pulmón económico de la entidad. Moreno Valle debe tomar nota. Ganó demasiado tarde para recomponer la situación, pero su compromiso es elevar los indicadores del ranking en un plazo de tres años.

 

Lo que se perdió fue una oportunidad única. De esas que se producen cada 20 años.

 



 
 

 

 
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