Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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22/11/2010


El partido desalojado del poder


Sin asomo de vergüenza o pudor, Beatriz Paredes regresó a Puebla y no ofreció a los tricolores poblanos más que un gran acto de cinismo. Un día después del aniversario de la Revolución Mexicana, los asesinos del PRI poblano se reunieron para lanzarse elogios mutuos en medio de un páramo devastado por la derrota. La dirigente nacional del partido, corresponsable por omisión de la derrota, se fugó en didácticas clases de historia sobre el movimiento armado de inicios del siglo XX para evadir, irónicamente, su responsabilidad histórica en el hecho de que su partido fuera desalojado de Casa Puebla. El cinismo de Paredes contó, además, con el servilismo de la clase dirigente tricolor, que continúa el apapacho a su gobernador Marín en busca del aguinaldo de fin de año, burocracia que con el mismo entusiasmo aplaudirá a Moreno Valle el próximo año. El cuadro de los perdedores de la mesa redonda fue completado con Javier López Zavala, el exdirigente leal pero inepto Alejandro Armenta y, por supuesto, Juan Carlos Lastiri, un líder en riesgo doble: por el avanzado recurso de los rebeldes Mier y Godina en el Tribunal Federal Electoral, y dos, por su involucramiento con el Gobierno estatal en calidad de subsecretario y secretario de Sedeso ante la inminente persecución que ejecutará el morenovallismo.


Hay un alto componente de ceguera histórica en los priístas poblanos: lo de ayer parecía un festejo de partido en el poder, cuando la definición actual del PRI es un partido desalojado del poder. No se sabe bien de dónde proviene la risa cínica que acompañó a Paredes en su regreso a Puebla. Quizá era la constatación de una felicidad provocada porque nadie absolutamente le exigió rendir cuentas por su desastrosa omisión en la derrota del 4 de julio. Avaló la imposición marinista y la cerrazón al resto de los grupos. Evadió modificar la estrategia electoral y mediática. Conoció a tiempo los sondeos que indicaban la caída de Zavala y Montero, pero nunca obligó al gobernador o al candidato a modificar sus anticuadas tácticas. Los reportes de Jaime Alcántara Silva evidenciaron siempre la fractura entre los grupos, pero Paredes nunca promovió una auténtica conciliación. Más que cómplice, Beatriz Paredes alcanza el grado de copartícipe.


Por supuesto, nadie de los integrantes del presídium tenía calidad moral para reclamarle a Paredes. En primera instancia Mario Marín, erigido en su imaginación como baluarte tricolor rumbo al 2012 y principal detonador de la bomba atómica que devastó a los priístas poblanos con su empecinamiento en romper las reglas del sistema político. Ya no habrá un marinato en Puebla que duré 18 años, aunque probablemente sí lo haya en su partido: la línea sucesoria de Juan Carlos Lastiri así lo confirma. Que no se sorprenda nadie si el PRI poblano comienza a funcionar de forma similar a nivel nacional: una lucha despiadada por las candidaturas plurinominales y un desprecio absoluto a las de mayoría.


Tampoco podían reclamar nada Javier López Zavala y Alejandro Armenta, premiados ambos en su rotunda ineptitud con cargos de bajo perfil en el Comité Ejecutivo Nacional. Uno como mesero de Jesús Murillo Karam y el otro como delegado de la estratégica y vital plaza de Nayarit. Ambos llevan grabada la L de losers por el resto de su carrera política. Y qué decir del resto de la burocracia partidista, esa que a partir del primero de febrero dedicará sus loas al nuevo amo Moreno Valle, pero que hoy busca afanosamente su aguinaldo antes de partir al incierto desierto.


La mesa de la toma de protesta al tándem Juan Carlos Lastiri y Lucero Saldaña fue el gran acto de cinismo porque todos, todos, hicieron como si nada hubiera pasado el 4 de julio. Como si no hubieran sido expulsados de Casa Puebla pese a la ventaja inicial de 23 puntos en las encuestas y el derroche multimillonario de la campaña amparada en fondos públicos. Como si en casi todas las zonas urbanas del estado, excepto San Martín y Teziutlán, no hubieran recibido palizas y el rechazo absoluto de un electorado crítico e inteligente. Como si el futuro pintara luminoso, cuando en los próximos años habrá un partido paupérrimo. Como si la proximidad de Los Pinos borrara el desalojo de Casa Puebla, y como si no supieran que los gobernadores priístas serán los peores enemigos de Enrique Peña Nieto.


En lugar de tanta impostura, hubiera bastado que Beatriz Paredes y su sonrisita cínica, al unísono con Mario Marín, Javier López Zavala y Alejandro Armenta, hubieran gritado: ¡Aquí no pasó nada, y si pasó, ya ni nos acordamos!


**** Un joven poblano ganó el Concurso Centenario de Debate Político organizado por la Cámara de Diputados. Se trata de Alejandro González Ruiz, poblano talentoso que estudia en la UNAM la carrera de Derecho. Hace un mes representó dignamente a la entidad en el Concurso de Oratoria de El Universal, quedando entre los diez semifinalistas. El sábado pasado derrotó a los representantes del resto del país, y su premio consiste en un viaje a Alemania con todos los gastos pagados. Enhorabuena.

 

*** Sobre los foros morenovallistas. En una muestra de sensibilidad política, el gobernador electo decidió cancelar el foro de propuestas previsto a celebrarse el viernes pasado en Tehuacán. Dado que tuvo un viaje imprevisto y deseaba estar presente en una plaza importantísima, se canceló el evento. Y el previsto para hoy en Teziutlán se realizará con toda normalidad.

 



 
 

 

 
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