Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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23/03/2011


Hechos bizarros poblanos de la elección federal del 2012

 

Guillermo Aréchiga hace cosas raras en su papel de presidente de la Gran Comisión: obligado a ser el garante de los acuerdos políticos en el Congreso local, desperdicia oportunidades por seguir falsas líneas. Ayer, por ejemplo, estuvo muy cerca de integrar una agenda legislativa común a todos los partidos. De última hora José Juan Espinosa, el crítico absoluto del régimen morenovallista, manifestó su afirmativa para participar. Así se lo hizo saber a Mario Riestra Piña y a José Luis Márquez, porque “el profe” Aréchiga, pese a las arduas negociaciones, decidió ya no tomarle las llamadas a Espinosa. Así de simple. Asustado quizá por los mensajes que colocan al dirigente convergente como el enemigo público número dos del morenovallismo. Temeroso de que desde Protocolos saliera un regaño. Pero ahí no acabó todo: pese a cortar la intercomunicación con uno de los 41 diputados, no tuvo empacho en mandar a colocar el logotipo de Convergencia para la presentación. Es decir, por obra y arte del “profesor”, Convergencia estuvo pero no estuvo en la integración de la agenda legislativa. Estuvo porque ahí estaba su logotipo, pero no estaba porque José Juan Espinosa, el único diputado naranja, no fue requerido.


Así, Aréchiga perdió la oportunidad histórica de presidir la Gran Comisión en la Legislatura del cambio y además amarrar un acuerdo del que participaran todas las fracciones parlamentarias, un hecho inédito en la historia legislativa de Puebla. Su figura política habría alcanzado una dimensión diferente que podría capitalizar ahora que, afirma, tiene amarrado el número uno de la fórmula al Senado en la coalición electoral PRI-Nueva Alianza en las elecciones del 2012: su amistad personal con Elba Esther Gordillo se lo garantiza, y ésta a su vez, a través de los acuerdos con Enrique Peña Nieto. De golpe y plumazo, priistas como Mario Marín, Blanca Alcalá, Jorge Estefan Chidiac, Fernando Morales Martínez o Javier López Zavala se verían obligados a recoger las migajas de la segunda fórmula. Un damnificado más sería Juan Carlos Natale, pues el diputado federal también aspira a llegar al Palacio de Xicoténcatl gracias a una negociación de su padrino “don Beltrone”.


Cosas bizarras habrán de verse en el marco de la disputa presidencial. Por ejemplo, de darse el escenario previsto por Guillermo Aréchiga, imagine la carambola de ocho bandas. “El profesor” iría de la mano, pero siendo superior, de uno de los priistas que ayudó a derrotar en la elección local del 2004: visualícelo haciendo fórmula con el mismísimo Mario Marín o Javier López Zavala. Al mismo tiempo, el Panal tendría una alianza federal con el PRI, pero a nivel local continuaría siendo parte de Compromiso por Puebla; por tanto, respondiendo a los intereses de Rafael Moreno Valle, quien a escondidas jugaría con Enrique Peña Nieto y públicamente con cualquiera que fuera el candidato del PAN. Además, le mandaría sus alforjas de apoyos a Marcelo Ebrard. Es decir, todas las coordenadas de la política local amenazan con explotar en el 2012 gracias a la elección presidencial. Y en caso de ganar la senaduría, a nivel nacional formaría parte de la coalición gobernante con el PRI, y en la local con Moreno Valle. Aréchiga gana de todas, todas.


Por ello, algunos priistas ya empiezan a verlo con recelo. Y tienen algunos argumentos. La conducción del “profesor” en la Gran Comisión ha sido, cuando menos, errática, sin compromisos. Por ejemplo, en los tres temas en los que el morenovallismo debió reconsiderar su posición —la bigamia, la ley mordaza y el crédito confuso— simplemente se hizo a un lado y dejó pasar el golpeteo contra el gobierno estatal. Y en todas las iniciativas que sí se aprobaron, el primer crédito se lo llevó Riestra, y el segundo José Luis Márquez.


Aréchiga es un político profesional formado en las grandes ligas. Amigo personal de Elba Esther Gordillo. Compañero de armas de Rafael Moreno Valle cuando juntos abandonaron el tricolor en el 2006. Uno de los operadores fundamentales de Nueva Alianza. Por supuesto que reúne todo el perfil y la experiencia para presidir la Gran Comisión. Sin embargo, algo ocurre en su operación que no acaba por dejar contento a nadie: se preocupa más por atender a minorías como José Juan Espinosa que a los dos grandes soportes de la gobernabilidad, el binomio PAN-PRI. Al final, como ocurrió con la agenda legislativa, no dejó contento a nadie. Y los priistas ya desconfían de él por sus ambiciones al Senado, por lo que están dispuestos a exhibirlo en los próximos periodos del Congreso local.

 

Al “profe” Aréchiga tan sólo le queda una oportunidad para demostrar su potencial de conciliación política, cuando en el próximo Periodo Ordinario de Sesiones se discutan reformas fundamentales como la de la Ley Orgánica del Congreso y la político-electoral, que definirá la vigencia del próximo gobernador así como el mecanismo para elegirlo. Digo la última porque después de ello la atención nacional estará centrada en la designación de los candidatos presidenciales, y la alianza local de Compromiso por Puebla crujirá. Y entonces, ¿qué nos va a vender Aréchiga para llegar al Senado? ¿Cómo culminará su año como presidente de la Gran Comisión?

 



 
 

 

 
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