Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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23/08/2010


Y sin embargo, Puebla se mueve


Nadie puede negar que Puebla sea un lugar más interesante para vivir y escribir luego de la contundente derrota tricolor del 4 de julio. En la superficie todo aparenta seguir igual, pero cambios profundos se orquestan en el fondo de las capas tectónicas de la sociedad, la política y el empresariado. No podía ser de otra forma: la derrota del PRI configura el desmoronamiento de las reglas de un sistema que supervivió a lo largo de 80 años. Un sistema degenerativo, especialmente en los últimos años, pues pese a su cercanía con el Distrito Federal, Puebla se convirtió en un enclave profundamente local. La entronización de una clase política formada únicamente en el drenaje profundo del PRI poblano nos alejó de las grandes ligas a las que nos acercó Manuel Bartlett y supervivieron de alguna forma en el melquiadismo. El escándalo Cacho cortó de tajo cualquier relación con instituciones y poderes fácticos nacionales, y poco a convertimos en la Ínsula Barataria de Mario Marín, a la manera de Sancho Panza. La victoria de Moreno Valle, apoyada sobre todo en factores nacionales de poder, poco a poco nos devolverá a las grandes ligas, pero antes de eso nos queda atestiguar los reacomodos  que empiezan a mostrarse. Moreno Valle y su equipo compacto ya crean la nueva forma de organizar el poder, aunque su mano parezca imperceptible todavía.


Tras el sacudimiento al sistema político con la victoria de la alianza opositora, le siguió el terremoto que provocó en la clase empresarial la detención de Darío López Fernández, heredero de una fortuna de abolengo, bajo el cargo de lavado de dinero y relaciones oscuras con el narcoalcalde Rubén Gil. Son muchos los poblanos honorables que hicieron negocios con él, como el Grupo Cantelli, pero muchos también quienes cuestionaban en voz alta su creciente riqueza como “anormal”. Inmediatamente, le siguió el golpe mediático a varios grupos empresariales, por lo menos siete u ocho de los más importantes de la entidad. Y todos ellos, casualmente, ligados simbióticamente al sistema priista. En otras palabras, su riqueza creció al amparo de los gobernadores priistas de los últimos sexenios, especialmente en el de Mario Marín.


El politólogo italiano Antonio Gramsci descubrió hace años que en los periodos denominados de “transición” lo viejo convive con lo nuevo, por lo que las reglas son difusas. Así ocurrirá con muchos de los grupos empresariales que crecieron y vivieron junto al PRI: al desmoronamiento tricolor le seguirá el fin de la bonanza que muchos empresarios conocieron por años, gracias a sus relaciones con el poder en turno. El futuro pronostica la creación de nuevos grupos empresariales que respondan a los intereses del morenovallismo. Muchos de ellos ni siquiera serán locales, sino que llegarán a Puebla los grandes conglomerados nacionales que apoyaron la campaña, así como la estructura de negocios que rodea a Elba Esther Gordillo. Véase, por ejemplo, Cosmocolor de Jorge Kahwagi.


La recomposición que no parece tener mucho futuro es la del PRI pese a la inminente cercanía del 2012. La razón es que el pavor que la mayoría le sigue teniendo a Mario Marín y en su incapacidad para distanciarse del régimen. Carecen de autoridad moral. A sotto voce, sin embargo, surgen desde el zavalismo acusaciones de traición manifiestas: pactos secretos con Elba Esther Gordillo, acuerdos extraños con Gobernación federal, rumores de la detención de un hijo del gobernador. La pregunta es: ¿cuándo hablarán? A la alcaldesa Alcalá le pueden los tiempos; la segunda cuenta pública no será aprobada hasta octubre, por lo que hasta entonces permanecerá calladita sobre sus aspiraciones, porque sabe que así se ve más bonita. Otros actores piensan ocupar el PRI como remedio a los rumores de una persecución implacable desde la administración morenovallista. En ese contexto deben leerse los rumores sobre las aspiraciones de Jorge Estefan Chidiac: no es lo mismo detener al simpatizante de Enrique Peña Nieto que al dirigente estatal priista.


Por supuesto que el pleito de los tocayos también encuentra su lógica en el movimiento subterráneo de las placas tectónicas. El morenovallismo sabe que la UAP es el único reducto desde donde el PRI puede presentarle resistencia: la última joya de la corona para arrebatar con un presupuesto anual de más de 4 mil millones de pesos. En ese sentido, el supuesto pleito Doger-Agüera no es más que una cortina de humo y un simulacro. Una cortina de humo para ocultar a los verdaderos enemigos de la rectoría. Y un simulacro de resistencia civil para mostrar las armas que tienen desde el Carolino para impedir un manotazo. Las redes sociales tiene un juicio claro: los dos involucrados caen bajo el calificativo de “corruptos”. Pero por puritita lógica, pierde más quien más tiene. ¿O se puede comparar el sueldito de un diputado contra la Tesorería de 4 mil millones de pesos?


Hablando de redes sociales: los medios se negaron se entrarle al debate, pero en los últimos se ha intensificado la presencia de periodistas en Twitter y Facebook, instrumentos desdeñados hasta hace un mes pero que ganaron la batalla de la credibilidad en la elección del 4-J. Desde hace unos días Rodolfo Ruiz, Enrique Núñez, Javier López Díaz, Iván Mercado  y Selene Ríos aparecen constantemente, sumándose a otros que ya estaban ahí como Ernesto Aroche y Luis Enrique Fernández. Por cierto, a mi pueden encontrarme como @nigromanterueda.


Incluso, el triste final de Bernat al frente del Puebla FC, y por consiguiente del Chelís, encuentra explicación en la transición. Sabedores de que al nuevo gobierno no le interesa apoyar a un equipo vinculado al PRI, al auténtico dueño le urge amarrar su inversión para una probable venta de la franquicia a otra plaza. Henaine es, un brazo armado.

 

Como lo dijo Galileo: Y sin embargo, Puebla se mueve.

 



 
 

 

 
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