Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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23/08/2012


El eterno retorno del centralismo en el PRI


La designación de Carlos Sánchez Romero como coordinador de la numerosa fracción poblana en San Lázaro, más allá del padrinazgo que sobre él ostenta Jorge Estefan Chidiac, evidencia el regreso a los viejos tiempos centralistas del PRI, en los que candidaturas y carreras políticas se decidían a lo más en Los Pinos y a lo menos en el Comité Ejecutivo Nacional. La transición democrática, especialmente los 12 años de gobiernos panistas, significaron un retorno a la dinámica local de toma de decisiones. Sin Jefe Máximo, los gobernadores asumieron el control y la designación de candidaturas. En los estados en los que no tenían el poder, los priistas se arreglaban como podían. En la mayoría de los casos, construyeron delfinazgos que resultaron triunfadores. En la minoría no, y perdieron el poder. La inversión de la dinámica fue un hecho: el CEN pasó a depender de las fuerzas regionales.


El regreso del PRI a Los Pinos significa que nuevamente tienen un Jefe Máximo que, paradójicamente, emanó del proceso del empoderamiento regional de los gobernadores. Enrique Peña Nieto, en su nuevo papel de Ejecutivo federal, asumirá la jefatura del PRI con la consigna de resolver la tensión entre las dinámicas regionales con la nacional, un conflicto perenne en la historia del tricolor. Y es que el centralismo presidencial fue una construcción porque el tricolor nació como una federación de fuerzas regionales triunfantes. A partir de 1934, como documentó el brillante historiador Luis Medina, el presidente fue expropiando la toma de decisiones en las entidades para concentrarlas en Los Pinos.


A partir de los años 70, la tensión se decantó definitivamente hacia los intereses nacionales. Las gubernaturas, senadurías y diputaciones federales, por décadas, se definieron en Los Pinos y no necesariamente por el posicionamiento o presencia en los estados. Bastaba, por ejemplo, ser amigo de la infancia del presidente para convertirse en su sucesor. La construcción de carreras políticas fue la prerrogativa máxima de la que ejercieron con absoluta libertad.


Veamos el caso de los últimos gobernadores de Puebla. Hasta antes de Melquiades Morales, las imposiciones bajaron directamente de Los Pinos. Guillermo Jiménez Morales, Mariano Piña Olaya y Manuel Bartlett no tenían méritos locales sino nacionales. Piña Olaya fue compañero de aula de Miguel de la Madrid. Bartlett ni siquiera era de Puebla y Salinas le dio la gubernatura como premio a la caída del sistema. Pero Zedillo, desinteresado en mantener vivo al tricolor, dejó que los estados resolvieran sus candidaturas, y gracias a eso Melquiades Morales fue el primer mandatario netamente local. Aunque en la designación de Marín el CEN de Roberto Madrazo jugó un papel, no fue el ente decisor. Y qué decir del fracaso de Javier López Zavala, un suicidio local que el CEN no pudo detener.


Todos los priistas del país, desde el más bajo hasta el más alto, al llevar a Los Pinos a Enrique Peña Nieto volvieron a crear un Jefe Máximo nacional que no necesariamente respetará las lógicas regionales. Entre los priistas, desde el 2 julio, crece la suspicacia sobre cómo se manejará con su partido. Y la muestra perfecta es la designación de Carlos Sánchez como coordinador de los diputados federales. Por perfil, carrera o talentos no era el favorito, y de hecho en varias de esas cualidades era ampliamente superado por José Luis Márquez, Enrique Doger, Chucho Morales y hasta Javier López Zavala.


¿Entonces? ¿Cuál es el mérito del edil con licencia de San Martín? Un padrino poderoso en las lides nacionales: Jorge Estefan Chidiac. La influencia del secretario de Finanzas del PRI crece a la par de sus responsabilidades de sacar adelante los espinosos casos de Monex, Soriana y demás temas en los que López Obrador hace descansar su denuncia de la compra de votos. Aunado a su amistad con Emilio Gamboa, la cercanía de Estefan con Peña Nieto y su círculo íntimo es más que real. Y no deriva del compadrazgo, sino del trabajo bien hecho.


A nivel local los diputados electos no pudieron ponerse de acuerdo porque tras ellos maniobraba Estefan para imponer a su favorito. De hecho, la fracción poblana era la única que no tenía coordinador. Y en el río revuelto, el caso fue elevado a Pedro Joaquín Coldwell, el dirigente nacional. En otras palabras, la decisión fue expropiada del ámbito regional. Ya en la mesa del CEN, viendo todo perdido, Zavala y José Luis Márquez prefirieron declinar sus aspiraciones con el pretexto de incorporarse a comisiones importantes en San Lázaro.


Pero que nadie se engañe. En el PRI poblano el agente decisivo fundamental, hoy por hoy, se llama Jorge Estefan Chidiac. Tras imponer a Carlos Sánchez, monopolizará la interlocución al interior de la Cámara de Diputados, pero también con el gobernador Moreno Valle. Su influencia en la determinación de candidaturas del 2013 también será importante. Y todo en la construcción de un solo objetivo: llevar a Blanca Alcalá a la gubernatura.

 

Pero algunos diputados federales quedaron más que descontentos con Carlos Sánchez. Parece difícil que la base pueda renunciar a los privilegios que ganaron en los años de la transición. Por si la dudas, si usted es un priista que aspira a algo en 2013, más vale que empiece a trabajar sus relaciones nacionales, porque difícilmente algo se decidirá en Puebla.

 

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