Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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24/01/2011


El homenaje de los lambiscones a Luis Maldonado Venegas


Hay días en que no se sabe si es el gobierno el que está enfermo o es la sociedad. Que todos los males que atribuimos a nuestras instituciones tienen su origen en todos aquellos que se asumen súbditos y no ciudadanos. Tómese el ejemplo de los intelectuales poblanos, que en las últimas semanas se encuentran sumergidos en la polémica sobre la desaparición de la Secretaría de Cultura. El viernes pasado muchos de ellos, a través de la Sociedad General de Escritores de Puebla (Sogem), le entregaron un reconocimiento a Luis Maldonado Venegas sin otro motivo aparente que la pronta asunción de la Secretaría de Educación Pública y, a través de ella, del sector cultural de la entidad ya sea a través de un consejo, órgano descentralizado o subsecretaría. Digo sin motivo aparente porque pese a su brillantez como político y a sus vínculos con la Academia Metropolitana o la Sociedad de Geografía y Estadística, Maldonado Venegas no tiene una trayectoria como creador o promotor de la cultura poblana. Sin esa trayectoria, ¿un reconocimiento a honras de qué? ¿O se trata solamente de que la burocracia puede ejecutar su famoso acto de lambisconería en vías de la inauguración sexenal para garantizar sus becas y prebendas? ¿Y de una secretaría que ya se siente digna de reconocimientos sin que hasta el momento haya realizado un mínimo acto que engradezca a Puebla, ya ni se diga cobrar su primera quincena?


Los males del gobierno en realidad son los males de su sociedad. Del lado del morenovallismo, según ha trascendido a través de la pluma de Mario Alberto Mejía, la transformación de Cultura de dependencia a un consejo o unidad descentralizada se ha planteado en términos de burocracia: un cuerpo de funcionarios y becarios que no crea, pero devenga ayudas económicas a cambio de charlas de café aderezadas de esnobismos. Según tal hipótesis, la nueva estructura haría más ágil el proceso cultural haciendo de lado a la burocracia que medra del erario bajo el pretexto de que crea. Así, finalmente, con menos burocracia habrá más cultura.


Los hechos, sin embargo, contradicen a los hechos. Fueron los burócratas quienes fueron a lambisconear a Luis Maldonado Venegas y a entregarle un reconocimiento por lo que todavía no ha hecho. El futuro titular de la SEP le recibió gustoso. ¿Entonces? ¿Queremos o no a la burocracia? Haciendo la barba, por ejemplo, se pudo ver a la actriz venida a menos, Regina Thorné, que busca un subsidio desde el inicio del marinismo. O a Eduardo Merlo, paradigma del quesque hombre culto que ha saltado de puesto en puesto, uno de los cabecillas de la mafia preocupada por las prebendas. No se vio por ahí a auténticos creadores como Fritz Glockner —que sin un peso de apoyos ha escrito varias novelas de calidad— o a José Luis Escalera, propietario de la empresa cultural Profética, que no medra del erario. Un auténtico promotor.


Así pues, Luis Maldonado se dejó homenajear por los vividores de siempre. Por los mismos que supuestamente pretende aniquilar eliminando la dependencia para transformarla en un ágil consejo que se deshaga de “becarios que no producen, editores que lucran con los libros carísimos y burócratas que hacen como que trabajan”.


La polémica no gira en torno a Maldonado Venegas y sus conocidos talentos políticos expresada en sus actuaciones públicas. Tampoco la universalidad de su conversación y sus preocupaciones educativas y culturales expresadas en la Academia Metropolitana y la Sociedad Mexicana de Geografía e Historia. Tampoco su papel de mentor político del morenovallismo. La polémica es por qué del reconocimiento a un trabajo que ha hecho. Por qué dejar lambisconearse por los vividores de siempre. Y de fondo, la contradicción del mensaje. Pese a los argumentos de la agilización de que no se retirará un peso a la actividad cultural sino que, por el contrario, habrá una inversión histórica, la desaparición de la Secretaría de Cultura es un mensaje de degradación: no es lo mismo una dependencia que un organismo descentralizado. No tiene la misma autoridad ni jerarquía. Y Luis Maldonado Venegas, experto administrador público, lo sabe. ¿Si el fondo no es la burocracia, ni el dinero, ni los lambiscones ni jerarquía, cuál es la verdadera razón de la degradación de la Secretaría de Cultura? ¿Desprecio?

 

*** El vuelco al caso Valle Fantástico. El embargo del codiciado terreno sobre el que se asienta Valle Fantástico, mejor conocido como Parque Metropolitano, por 200 millones de pesos a través de un acreedor fantasma que no tiene credencial del IFE ni domicilio para recibir notificaciones, dará un vuelco al caso del empresario Ricardo Henaine. Hoy presentamos las primeras pruebas y mañana continuaremos. ¿Quién está detrás de pagarés falsos, celeridad del poder Judicial y varias triquiñuelas más? Se aproxima un escandalazo.

 



 
 

 

 
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