Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
@Nigromanterueda
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25/01/2012


“Rata Ramírez”, el símbolo de la corrupción


En los inicios del 2008 Mario Marín se preparaba para presentar su III Informe de Gobierno y la inauguración estelar prevista para esos días era el Hospital del Norte de la capital, un “nosocomio de ricos para pobres” con una inversión superior a los 700 millones de pesos, según presumía el “góber precioso”. Responsable de todas las obras públicas del gobierno, Javier García Ramírez entregó una ruina puesto que el edificio ni siquiera contaba con tomas eléctricas y los aparatos de diagnóstico ni siquiera habían sido colocados. Los reporteros Efraín Núñez y Ulises Ruiz ingresaron al nosocomio para documentar la ruina, en donde fueron arteramente atacados por el equipo de seguridad del constructor favorito del sexenio, Óscar García, con el objetivo de que no pudieran captar todos los detalles que le faltaban al edificio. Antes de que sus cámaras, grabadoras y aparatos de radiocomunicación fueran destruidos, lograron comunicarse a la redacción. Procedimos a su rescate con el apoyo de patrullas municipales y logramos liberarlos.


Tres días después del acto represivo, el equipo editorial dispuso un operativo para que el titular de Obras Públicas respondiera a las irregularidades del Hospital del Norte, pero empujó e ignoró a todos los reporteros. Al finalizar el evento en persona le solicité la entrevista y, pese a la diferencia de estaturas y posiciones, García Ramírez y yo casi acabamos a golpes. Gracias a la oportuna intervención de sus compañeros de gabinete la cosa no llegó a más. Esta anécdota refleja nítidamente la tortuosa relación que en el marinismo se estableció entre CAMBIO y García Ramírez como principal fuente de corrupción sexenal.


La corrupción en materia de obra pública en el sexenio marinista, personificada en Javier García Ramírez, ejemplifica lo mejor y lo peor de periodismo de CAMBIO en esa etapa. Nuestros reportajes lograron demostrar con datos duros la negligencia, retrasos, sobrecostos y pésima calidad de la obra pública que levantaba el compadre de Marín ejecutando un manejo discrecional del presupuesto. No se nos escapó ni un desfalco al erario. La lista parece interminable. La ruinosa carretera a Amozoc-Chachapa. El inexplicable caso de la ampliación de la carretera a Valsequillo a cargo de Edgar Nava que tardó tres años en terminarse. El lentísimo avance del tramo C del Periférico Ecológico. Los sobrecostos en el Hospital del Norte y la disfuncionalidad del resto de nosocomios con inauguraciones de pantomima para permanecer cerrados el resto del sexenio. El incomprensible mito genial de La Célula. El elefante blanco del Centro Expositor. Y claro, el robo del siglo en la modernización de la vía Atlixcáyotl que alcanzó un precio récord de 700 millones de pesos por 5 kilómetros de concreto hidráulico. La necedad en beneficiar a los ya mencionados Edgar Nava y Óscar García.


Fueron decenas de reportajes y portadas. Unos más sólidos que otros. Todos, absolutamente todos, fueron ignorados por la prensa local. Nadie se atrevía a dar seguimiento a irregularidades tan grandes como una catedral. A los retrasos, los sobrecostos y la inevitable negligencia. Javier García Ramírez compró el silencio de muchísimos periodistas al convertirlos en constructores e intermediarios con sendas comisiones del 10 al 20 por cierto. Tampoco las cámaras empresariales hacían señalamientos, pues los nobles hidalgos del CCE, Coparmex, CMIC también eran beneficiarios de las amañadas licitaciones. Las prebendas llegaban incluso a los diputados de oposición, y sólo en ocasión de sus comparecencias al Congreso sudaba un poco ante los cuestionamientos de los diputados panistas.


Fruto de la impotencia, García Ramírez fue elevado a un tema personal y representa lo peor de nuestro periodismo cuando decidimos titular sus notas, incluso en portada, con el apodo de “Rata Ramírez” que se volvió imperecedero. Nuestros excesos fueron claros en la desesperación por amplificar el rango de nuestra denuncia que, pese a ellos, fueron retomados por varios medios nacionales de comunicación. Nuestro ofuscamiento, sin embargo, nos volvió estridentes y previsibles. Los apodos, en alguna medida, ayudar a que la prensa marinista nos ignorara. Nuestra única disculpa es que eran tiempos de guerra. Una pequeña victoria es que todavía muchos poblanos lo llaman “Rata Ramírez”.


Pero al buen periodismo lo ayuda la verdad. Un año después de que Mario Marín abandonara el poder junto con su caterva de ladrones toda nuestra información se ha confirmado ahora que la PGJ consignó una averiguación previa por enriquecimiento ilícito tras detectar 23 millones de pesos en propiedades a Javier García Ramírez, quien tiene estatus oficial de “prófugo”. Una celda lo espera junto a Alfredo Arango. Al final, CAMBIO probó la corrupción, la negligencia, los sobrecostos y retrasos. Cumplimos nuestra misión al denunciarlo.


Para el tamaño de robo sexenal, un enriquecimiento ilícito por 23 millones de pesos parece poco, así como la lista de inmuebles en poder la PGJ con 32 casas y terrenos en los mejores residenciales. La historia no acaba aquí: el gobierno morenovallista debe aprehenderlo y extraditarlo, pese a los rumores insistentes de que ya se encuentra en Canadá, un país con el que el tratado de extradición es una pesadilla al estilo de Napoleón Gómez Urrutia. Los poblanos deben aportar más pruebas sobre el patrimonio irregular del extitular de Obras Públicas.

 

Uno o dos actos de justicia han bastado para alimentar la esperanza en contra de la impunidad que representa Mario Marín. Alfredo Arango preso. Javier García Ramírez prófugo. ¿En cuál de las dos hipótesis caerá el “góber precioso”?

 



 
 

 

 
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