Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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25/07/2011


Los 5 priistas traidores para aprobar la Reforma Electoral


Antes de que cantara el gallo, el primer Judas tricolor alzó la mano para darle su aval a la Reforma Electoral del minigobernador, saltándose las trancas de la línea impuesta por el profe, Humberto Moreira. Parece lógico: Lauro Sánchez López no tiene por qué poner en riesgo su libertad, así como la de sus colaboradores que lo acompañaron como coordinador de Asesores del gobernador Mario Marín, y brevemente, como director General del desfalcado ISSSTEP. Como en una película de vaqueros, el diputado pirata —recordar sus plagios destacados— tiró su pistola, levantó las manos en símbolo de derrota y anunció vía tuiter que cómo chingaos no, por supuesto que avala la propuesta del gobernador Moreno Valle. Astuto, de momento ha salvado el cuello. Así que sumado a su voto ya público, más los 20 de Compromiso por Puebla, al mandatario solamente le hacen falta encontrar a otros siete judas del tricolor para que su iniciativa sea aprobada esta misma semana, antes de terminar el Segundo Periodo Ordinario de Sesiones.


Otros dos traidores están a la mano, facilitos ambos. Víctor Hugo Islas Hernández, se sabe, ha fungido como garganta profunda del morenovallismo desde el año pasado. Un infiltrado en las siglas del tricolor. Según relató José Juan Espinosa, Islas Hernández entregaba encuestas y documentos de trabajo del war room zavalista al entonces candidato Moreno Valle a través de su sobrino, Gerardo Islas Maldonado, coordinador de Relaciones Públicas de Compromiso por Puebla. Desde entonces, es servil con el presente y crítico del marinismo. El Judas número tres recaerá en Jesús Morales Flores, pues es público que su primogénito es empleado de la administración en la que funge como director Estatal de Protección Civil. ¿A poco quiere que despidan al muchachito?


La cuenta va en 23 diputados. En las matemáticas legislativas puede sumar los tres votos correspondientes al Partido Verde: Elías Abaid Kuri, Jesús Morales Manzo y Juan Carlos Natale López, con lo que la cuenta llegaría a 26 votos afirmativos. ¿Por qué? Pues porque es pública la cercanía y amistad que el gobernador Moreno Valle le profesa a Juan Carlos Natale: fue el único dirigente estatal al que saludó en su discurso de toma de protesta, y por si fuera poco, asistió en gran camaradería al festejo de su cumpleaños en el restaurante Palmira, evento socialité ampliamente publicitado. Total, ninguno de los tres pagará un alto costo político porque salvo Elías Abaid, los otros dos son ilustres desconocidos y éste tiene que quedar bien con su suegro, Antonio Gali Fayad.


Al morenovallismo solamente le hace falta localizar a otros dos judas al interior del tricolor. Cabareteras que vendan caro su amor. Y ahí la lista es amplia, de los que podrían entregar su cuerpecito para romper la unidad del PRI en el Congreso. Una ruptura, además, que podría ser traumática dependiendo del personaje.


Una de las claves para entender el regreso a Los Pinos de la mano de Enrique Peña Nieto fue el ejercicio de unidad en los días posteriores al naufragio del 2000. La clase política del tricolor, fundada en el principio de la institucionalidad, evitó fragmentarse en pequeños feudos regionales. La historia registra una única ruptura en la última década de gran calado: la de Elba Esther Gordillo. Precisamente por un amago de traición legislativa, La Maestra fue expulsada del PRI cuando quería aprobar el IVA a alimentos y medicinas de la mano de Vicente Fox. No es improbable afirmar que esa expulsión le costó a Roberto Madrazo la Presidencia en el 2006.


Rafael Moreno Valle anda en búsqueda de otros dos traidores. Según parecen asumirse ellos mismos, Edgar Salomón Escorza y Zenorina González completarán el cuadro de esquiroles, por lo que de forma inminente será aprobada la iniciativa del minigobernador de 22 meses. El dictamen en la Comisión de Gobernación es un trámite puro que contará con el aval de los dos priistas presentes en ella, Víctor Hugo Islas y Jesús Morales Flores, por las razones antes expuestas.


Aunque, ¿quién sabe? En una de esas se trata de una puesta en escena pactada en lo oscurito por Juan Carlos Lastiri y José Luis Márquez, quienes así podrán seguir durmiendo tranquilos pese al peso mortal de sus expedientes. Y en la mascarada cada grupo puso un traidor: Lauro, propiedad de Marín; Chucho Morales, propiedad de Melquiades; Edgar Salomón Escorza, patrimonio de Javier López Zavala. Y claro, el oportunista de oportunistas, Víctor Hugo Islas.

 

Esta última versión confirmaría aquel apotegma de que en política, cuando pasa algo, no pasa nada. Sería un final feliz para proceder a las vacaciones de verano. El gobernador Moreno Valle obtendría las condiciones deseadas para continuar su proyecto nacional. El PRI no tendría que rebelarse, y el dúo Lastiri-Márquez en libertad. Ah, y por último, José Juan Espinosa como el loquito de la fiesta. Para variar.

 



 
 

 

 
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