Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
@Nigromanterueda
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25/09/2012


Los tuiteros brillan por su ausencia en la #ReformaLaboral


La Reforma Laboral que los diputados federales aprobarán a final de semana, cambiará el panorama económico del país y provocará profundas transformaciones en el modelo de competitividad global a un costo social amplio. Aprovechando el mecanismo de iniciativa preferente, Felipe Calderón lanzó una iniciativa postergada por décadas y que enfrentó enormes resistencias tanto de las grandes centrales obreras como desde los sindicatos más humildes. La protección a los derechos laborales fue uno de los pilares de la legitimidad histórica del PRI y el artículo 123 se considera entre los grandes logros del constitucionalismo del siglo XX, símbolo de la acción colectiva de los obreros frente el poder de los empresarios. Cuando el PAN llegó al poder en el 2000 se esperaba un cambio en la relación con las grandes centrales, pero lejos de marcar su línea, el sindicalismo encontró refugio y apapacho en la alternancia.


Pese a su trascendencia, en las redes sociales hay somnolencia, letargo por el tema de la Reforma Laboral. Los tuiteros, buenos para denunciar las aventuras y agresiones a los integrantes del devaluadísimo #YoSoy132 parecen muy malos para argumentar ideas complejas que no caben en 140 caracteres. Lejos de las simplificaciones a las que recurren los tuiteros, la Reforma Labora implica conocimientos jurídicos, económicos y hasta sociológicos. El facilismo no es una vía para abordar el tema, por eso los famosos de redes sociales prácticamente están mudos. Por el contrario, han preferido encumbrar hashtags penosos como #EsdeIndígenas o #EquipoPedófilo. Una vergüenza.


La reforma a la Ley Federal del Trabajo va a cambiar nuestra forma de tener ingresos y un trabajo. De acuerdo con el dictamen aprobado ayer en la Comisión que preside el priista Carlos Aceves, la relación entre empleado-empleador sufrirá una transformación radical, específicamente en la contratación por tiempo determinado: horas, días, semanas o meses. Esta nueva forma de contratación, a su vez, significa una nueva forma de terminar la relación laboral: el empresario dejará de pagar costos legales y de indemnización que hoy paga, y que en mínimos, significa los tres meses de despido injustificado, salarios caídos y un largo juicio laboral. Cada nuevo empleado en una empresa, de entrada, significa ese costo.


Si a los empresarios les saldrá más barato contratar y despedir a sus trabajadores, de acuerdo con Calderón, inmediatamente se disparará la creación del empleo. De qué tipo no nos lo dicen, pero seguro sí habrá más plazas. Y en ese momento aparecen los abogados y representantes vinculados con la izquierda: habrá más trabajo, pero precario. Es decir, con menos derechos, salarios y estabilidad temporal. En un país que tiene a la mitad de sus trabajadores en la informalidad, y en el que el 80 por ciento de sus ciudadanos gana entre uno y tres salarios mínimos, ¿cuáles son los resultados sociales que puede provocar una Reforma Laboral semejante? ¿Más hambre y miseria?


Los cuestionamientos de la izquierda tienen buenos argumentos. Por eso los promotores de la iniciativa preferente han puesto un señuelo: la Reforma Laboral también sirve para transparentar las oscuras relaciones de los sindicatos, sus agremiados y las cuotas que obligatoriamente se descuentan vía nómina. La gente tiene la esperanza de ver caer a los Romero Deschamps, Joel Ayala y Elba Esther Gordillo, sin entender que las modificaciones no se aplicarán a los sindicatos de los trabajadores al servicio del estado. Falsas esperanzas.


Pero el dulce que enmascara la medicina amarga de las contrataciones temporales ya fue eliminado por el PRI, que tiene en las grandes centrales obreras un bastión. De acuerdo con el dictamen entregado ayer por la comisión, se incluyen la obligación de los sindicatos de salvaguardar el libre ejercicio del voto para la elección de sus dirigentes, así como algunas reglas para la rendición de cuentas, pero sin considerar auditorías externas, ni otros mecanismos de transparencia previstos en la iniciativa original para que expliquen el manejo de las cuotas que cobran a los agremiados.


En el resto de los países desarrollados una Reforma Laboral de tal calado provoca grandes movilizaciones y hasta huelgas generales. En México tímidas críticas, sobre todo provenientes de la izquierda y la Unión Nacional de Trabajadores de Francisco Hernández Juárez. Los que más brillan por su ausencia son los progresistas de Twitter, expertos en activismo por internet pero que se asustan de los riesgos en el mundo real por la defensa de sus causas, como demostró Malcolm Galdwell en The New Yorker hace unas semanas.

 

Estoy a favor de la Reforma Laboral: es imposible que los empresarios no tengan mecanismos expeditos y baratos para deshacerse de trabajadores acostumbrados a la holganza. Pero me preocupa que la realidad nacional hará más pobres a los ya de por sí pobres. Lo malo es que ninguna fuerza política parece capaz de impedir uno de los primeros acuerdos entre Peña Nieto y Calderón: el segundo y último presidente panista cargará con los costos, pero también con el mérito de una reforma a la Ley Federal del Trabajo postergada por décadas.

 

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