Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
@Nigromanterueda
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26/03/2012


El túnel oscuro del tricolor poblano


El PRI poblano, por primera vez en 80 años, arrancará su campaña electoral sin el apoyo de la estructura gubernamental ni del dinero público. Es decir, lo hará a contrapelo de su código genético. La publicidad de sus espectaculares y pendones no será una donación de proveedores gubernamentales. Sus apariciones en medios no las va a agendar la Dirección de Comunicación Social. No podrán ofrecer despensas, tinacos, pisos dignos ni beneficios de programas sociales. Las visitas al secretario de Finanzas para salir con maletines llenos de dinero se acabaron. Y lo más doloroso: los delegados de las dependencias ya no serán los encargados de organizarlas las típicas reuniones en el interior del estado aprovechando los membretes del gobierno. Los permisionarios del transporte público ya no ofrecerán gratis sus “servicios” quedar bien con la Secretaría del Transporte. Los constructores no se caerán con la clásica mochada porque no tienen contratos en Infraestructura. El PRI poblano navega en solitario y su única esperanza para ganar algo se llama Enrique Peña Nieto. Pero no parece bastar a la hora de enfrentar al monstruo del morenovallismo en sus dos versiones, panista y panalista.


El expartidazo agrava sus agobios estructurales con el hecho de que, además, por primera vez en su historia los tres órdenes de gobierno operan en su contra: delegaciones federales, estructura estatal y nivel municipal. En el federal Myriam Arabian funge como jefe de campaña, en estatal Moreno Valle y el municipal con Eduardo Rivera. En anteriores ocasiones, lo más que llegaron a sumar en contra fue al gobierno federal y municipal, pero ahí estaba el presupuesto estatal para reforzarlos. ¿Qué hará el PRI sin la mano generosa del gobierno estatal para ayudarlo?


El PRI parte de indefiniciones porque no asume posturas locales. Fernando Morales, Blanca Alcalá y Juan Carlos Lastiri se dan vuelo criticando a Felipe Calderón, pero no osan tocar con el pétalo de una rosa al gobierno estatal de Rafael Moreno Valle. El extremo de la genuflexión es su pavor, incluso, a criticar a Eduardo Rivera Pérez. Cuando el dirigente estatal Fernando Morales se lanzó contra el alcalde poblano por el programa de las Mil Calles, sus correligionarios lo dejaron completamente solo. Nadie se sumó a exponer el fracaso y abuso de adoquinar las calles de su colonia. Tampoco que tal política pública no ayuda a combatir la pobreza. Tampoco se montaron en la renuncia del Ciudadano Arturo Botello. ¿El PRI de quién es oposición?


Una campaña, por supuesto, requiere dinero. ¿De dónde planean sacarlo Alcalá, Lastiri y el resto de los candidatos tricolores? Más allá del fondo de ahorro generado en sus diversas responsabilidades públicas, el PRI deberá hacer la campaña más austera de su historia sin posibilidad de reeditar los excesos de 2010 cuando se gastaron 2 mil 500 millones en el intento frustrado de hacer ganar a Javier López Zavala. De acuerdo con los números del CEN tricolor, los candidatos al Senado recibirán 2 millones de pesos y los diputados 500 mil. ¿Para qué les puede alcanzar?


Claro que no todos sufrirán la misma austeridad. No por lo menos a los que al gobernador Moreno Valle les interesa que lleguen a San Lázaro: nos referimos a José Luis Márquez, Jesús Morales Flores y Filiberto Guevara. El resto tendrá que rascarse con sus propias uñas. Dos excepciones serán Carlos Sánchez por el distrito V y Blanca Alcalá, quienes podrían recibir un empujón extra de Jorge Estefan Chidiac desde la Secretaría de Finanzas tricolor.


Sin recursos públicos ni el apoyo de la estructura gubernamental, el PRI deberá convertirse en un partido competitivo. Pero esa cualidad no surge espontáneamente, sino como resultado de muchos años adoptando prácticas triunfadoras al elegir a los mejores candidatos. La lista inicial de los 16 distritos electorales era un auténtico bodrio, pero la urgencia de incluir a los mejores perfiles llevó a resucitar a Enrique Doger, Nancy de la Sierra y Rocío García Olmedo. Pero su atractivo sigue pareciendo poco.


Los tricolores ahora deberán sufrir en carne propia la ofensiva de la estructura de la que por décadas disfrutaron. Y salvo en los distritos de Zacatlán, Tepeaca e Izúcar, sentirán el rigor del morenovallismo en plena operación. El escenario se recrudecerá para los candidatos de la capital, pues además Lalo Rivera pondrá ahí a jugar sus muchas o pocas canicas.


En resumen: sin dinero y estructura, la meta del millón de votos para Peña Nieto se torna ridícula. Y pensar que la imagen del exgobernador mexiquense puede arrastrar a todos es ingenuo, sobre todo si pensamos que all politics its local politics. En esa lógica, Moreno Valle tiene preparado el grueso de la inauguración de sus obras, con lo que su imagen e impulso electoral llegarán al techo.

 

En efecto: el escenario de los priistas poblanos es muy oscuro. Y eso que ni siquiera tocamos los escándalos venideros de Blanca Alcalá y Juan Carlos Lastiri.

 



 
 

 

 
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