Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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26/11/2010


La Gran Comisión, el punto axial de la transición


La transición entre la administración electa y en funciones representa un juego de vencidas in crescendo que ahora sí, finalmente, puede encontrar su punto culminante a poco más de dos meses para que se verifique el traspaso de poderes. A diferencia de los lances anteriores: el adeudo del ISR, la intentona para vender dos predios en la Reserva Atlixcáyotl y la negativa a aprobar un crédito, el juego de vencidas toca un punto crucial para el gobierno de Moreno Valle: la estructura de gobierno del próximo Congreso local. No extraña que este sea el desafío fundamental: la historia de las transiciones documenta que los fracasos o éxitos radican en el control del poder Legislativo. Ahí donde el poder no tiene mayoría, se produce un estancamiento que culmina en la decepción ciudadana. Se trata de la narrativa del fracaso de las presidencias panistas de Fox y Calderón: un Congreso sin mayoría es un atasco a favor del Antiguo Régimen. A diferencia de ellos, Moreno Valle tiene una mayoría exigua, mínima si quiere calificarse así, pero mayoría al fin de 21 diputados. Por ello, es lógico que no retroceda un milímetro en su pretensión de ejercer un dominio en el Congreso, pese a que sus 21 diputados forman parte de una alianza y no de un solo partido político. El juego de vencidas que inició el PRI con la presentación de su iniciativa para eliminar la Gran Comisión está perdido de antemano, pues el tiempo juega a favor de Moreno Valle y en contra de Mario Marín. Pero la historia del gran desencuentro aún se escribe.


Hasta donde ha trascendido, entre Fernando Manzanilla y Valentín Meneses se pactó que el PRI desistiría de intentar reformar el Congreso local para dejarle juego abierto al morenovallismo. Pero tal pacto se dio por allá de septiembre, en medio de la transición tersa. A medida que inició el juego ríspido con las reacciones del gobernador electo a la venta de los terrenos en la Atlixcáyotl y la presunta negativa de la fracción tricolor por autorizar un crédito por 2 mil 500 millones para la administración entrante, el PRI rompió su promesa. Los rumores iniciaron hace dos semanas, pero en la Comisión de Transición todavía se confiaba en la palabra de Meneses. Ayer, tras la unción de Juan Carlos Lastiri, Mario Marín izó la bandera del juego rudo.


La iniciativa tricolor oculta el veneno. La fachada, por supuesto, es la sustitución de la Gran Comisión por una Junta de Coordinación Política con presidencia rotativa para las fracciones parlamentarias que tengan, por lo menos, el 25 por ciento de la representación estatal. Bajo ese supuesto, solamente el PRI y el PAN tendrían derecho a presidir el nuevo órgano de gobierno y, dado que son tres años, a uno de ellos le corresponderían dos anualidades. Aquí viene el primer dardo: si el PAN llegase a convalidar tal iniciativa, inmediatamente entraría en conflicto con sus aliados Panal, PRD y Convergencia, porque cada uno de ellos desea su parte del pastel. El bipartidismo rompería la alianza opositora, y el PRI tendría posibilidades de ganar el control absoluto del Congreso en las próximas elecciones intermedias.


El dardo fatal contra la megacoalición está escondido en la iniciativa tricolor: con la aprobación de estas reformas a la Ley Orgánica y al Reglamento Interno del Legislativo también se bloquearía la intentona de los legisladores de Compromiso por Puebla de registrarse como un solo bloque ante el Congreso, pues la iniciativa contempla a grupos parlamentarios integrados por diputados de un solo partido político. Según el artículo 49: “Cada grupo parlamentario corresponderá a un partido con representación en el Congreso y se integrará únicamente con diputados que pertenezcan a dicho partido político”. ¡Zas!


El gobernador electo ya giró instrucciones a todos sus aliados. La iniciativa tricolor es inadmisible bajo ninguna circunstancia, y habrá de recurrirse a todos los mecanismos necesarios para impedirlo. Por la noche de ayer inició la andanada mediática que continuará la mañana de hoy: diputados electos y dirigentes de la alianza opositora ocuparán espacios televisivos y radiofónicos para denunciar el intento de secuestro del poder Legislativo. Y si eso no funciona, la orden es ir a más. Subir el volumen. Prenderle fuego a la hoguera. Lanzar el misil más mortífero, un Tomahawk devastador: una solicitud de juicio político en contra de Mario Marín. Así como suena: juicio político. Así que, preparados para colisión.


*** Sobre la agresión a Selene Ríos Andraca. La tensión entre el equipo de Comunicación de la Comisión de Transición y los reporteros que cubren a Rafael Moreno Valle es una espiral ascendente de agresiones a causa de la falta de definiciones concretas en la política de entrevistas del gobernador electo. Hace una semana, durante un evento en la UAP, se dio la primera agresión. Tristemente ayer, tras el foro de Izúcar de Matamoros y la visita de César Nava, se dio la segunda. El guarura Tony encontró blanco en Selene Ríos y, en menor medida, en la reportera Paty Méndez de E-consulta.


El objetivo de la denuncia del hecho es sentar precedente de la agresiva actitud del equipo de seguridad que acompaña a Moreno Valle, quien impide el trabajo de los reporteros. La solución es sencilla: que Marcelo García Almaguer explique claro qué quiere de aquellos que cubren la fuente. En cualquier parte del mundo la regla básica es que los reporteros tienen derecho a preguntar, y el gobernante tiene derecho a no responder. Sobre esa base, puede coordinarse el trabajo, pero las agresiones son intolerables y serán puntualmente denunciadas. Primero periodísticamente, y si se reincide, lo haremos penalmente y ante los órganos nacionales de defensa a periodistas.

 



 
 

 

 
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