Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
@Nigromanterueda
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27/02/2012


Un profesional de la mentira


La leyenda del “Contador” nació en la extinta Junta de Mejoramiento Cívico y Material, reducto de la ultraderecha local en los años 80.


Heberto Rodríguez Concha elogiaba la pulcritud con la que un joven egresado de la Universidad Nacional manejaba los recursos escasos y los hacía rendir.


Cuando el PAN ganó por primera vez la alcaldía en 1995, los faldones del Yunque no tenían mejor candidato para controlar financieramente al confuso Gabriel Hinojosa.


Pese a los líos para que se aprobaran las cuentas públicas y la mala voluntad de Manuel Bartlett, el “Contador” salió del Charlie Hall en enero de 1999 sin señalamientos de corruptelas o enriquecimiento.


Unos años después, la victoria de Luis Paredes Moctezuma también trajo de regreso al “Contador” a la Tesorería municipal, como un contrapeso a los excesos mentales del controvertido alcalde.


En esos tiempos, Arturo Botello ya era todopoderoso, con interlocución con funcionarios estatales y federales, incluso con capacidad para oponerse a los desatinos paredistas.


Nunca tuvo trato con la prensa y sus apariciones públicas fueron escasas.


Y claro, la profesión antecedía el apellido.
– “Dice el Contador Botello que la transferencia está lista”.
– “Dice el Contador Botello que aguante unas semana su pago.”


El Órgano de Fiscalización puso la mira en el célebre “Loquito”, y para salvar su fama de impoluto el Contador renunció días antes de que terminara la administración más caótica en la historia de Puebla capital.


La victoria del PAN en el gobierno federal le dejó algunos puestos de medio pelo.


Y ante una nueva victoria del PAN en la capital, los faldones del Yunque nombraron administrador de la caja, otra vez, al “Contador”.


Eduardo Rivera no tenía un hombre mejor, así que su nombramiento no fue cuestionado.


Más poderoso que en las administraciones previas, el único compromiso que asumió con el alcalde fue conseguirle dinero para cumplir con su programa de las Mil Calles a costa de desmantelar otras áreas y descuidar la seguridad pública.


Y claro, faltaba más, amarrarle las manos al impulsivo Íñigo Ocejo, junior voraz que desde la Secretaría de Administración buscó despacharse con los negocios.


Como en las ocasiones previas, al Yunque debía de reportar las ganancias.


Pero de un día a otro se descubrió que el Contador era en realidad un “contador”.


Y que Arturo Botello es un profesional de la mentira.


Que engañó a sus patrones del Yunque.


A los poblanos que pagan sus impuestos.


A los colegios profesionales de la Contaduría.


Al Órgano de Fiscalización Superior y a la Auditoría Superior de la Federación.


A Gabriel Hinojosa, a Luis Paredes y también a Eduardo Rivera Pérez.


Y quizá, también a sí mismo, Arturo Botello, quien a fuerza de los años y de la repetición durante años y años del “contador” que lo antecedía olvidó que nunca se tituló.


Que no tuvo ni tiempos ni ganas de preparar su examen profesional.


Y con el trascurso del tiempo, como nadie le pidió su título, el “contador” se convirtió en el Contador Público.


Pero una mentira mil veces repetida no se convierte en verdad.


CAMBIO presentó unos pocos documentos en el que aparecía el C.P. al lado del nombre de Arturo Botello.


El delito se configura.


Las tremendas implicaciones legales del delito de usurpación profesional terminaron por derrumbarlo pese a la oposición del Yunque que pidió a Eduardo Rivera sostenerlo a sangre y fuego.


Que no entregara la cabeza de Botello a sus peores enemigos.


Pero los cientos de documentos que firmó el “contador” Botello estaban al alcance de todos, incluido el portal de Transparencia Pública.


Cualquiera podía presentar la denuncia ante la PGJ y desatar el pandemónium.


El profesional de la mentira, contra el deseo del Yunque, presentó su renuncia.


O Lalo se lo exigió.


A estas alturas ya no importa.


Quedan, ahora, las consecuencias legales en la Cuenta Pública 2011 del Ayuntamiento.


Y el hecho de que su sucesor, Manolo Janeiro, es un auténtico inexperto en el manejo de los dineros públicos.


Ahora cualquier cosa puede pasar.


Y Rivera lo sabe.


El todopoderoso “contador” Botello perdió su prestigio en cuestión de días.


El único lugar donde encontrará redención será en la Unides.

 

Tiempo de sobre tendrá, por fin, para titularse como Licenciado en Contaduría Pública.

 



 
 

 

 
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