Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
@Nigromanterueda
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27/09/2012


Reforma Laboral: el crimen perfecto


La pobreza intelectual del movimiento #YoSoy132 nunca fue tan exhibida como en el marco de la aprobación inminente de la Reforma Laboral. Pese a que la insurrección juvenil en plena efervescencia electoral provocó que los intelectuales de izquierda le quemaran incienso, algunos señalamos que la primera obligación de los jóvenes era estudiar y no manifestarse por las calles. Ahora que el dictamen de las modificaciones a la Ley Federal del Trabajo eliminó el dulce de la transparencia sindical y dejó la hiel de los contratos temporales, el #YoSoy132 permanece mudo e inactivo frente a los nuevos mecanismos de contratación que afectarán su vida laboral para los próximos 30 años. Si la flexibilización va a afectar a alguien en este país, será a los jóvenes del movimiento que irrumpió en la elección presidencial.


La propuesta del dictamen incluye dos modelos de relación laboral que afectarán especialmente a los jóvenes recién egresados de la universidad: los contratos por periodo de prueba y los contratos para capacitación inicial. Ambos durarán un máximo de seis meses, y al finalizar serán retirados de la empresa sin compensación o derechos laborales. Y la próxima vez que encuentren trabajo, volverán a ser contratados por ese espacio de tiempo. Nunca generarán derechos ni antigüedad. Y cada seis meses podrán ser despedidos. Así será el destino de los #YoSoy132.


Claro que al resto de nosotros no nos irá mejor. El dictamen dejó intactas las formas de contratación por horas, días o meses. No queda claro cómo se armonizará la contratación por horas con el precepto constitucional del salario mínimo, que sería equiparado a algo así como 7.47 pesos la hora. En otras palabras: si el salario mínimo es una miseria, el pago por hora nos hará todavía más pobres y más pobres. ¿Quién aceptará trabajar tres horas por 22 pesos? ¿Qué tipo de vida puede tener alguien con ese dinero? ¿132 pesos a la semana? ¿528 pesos al mes?


La izquierda luce impotente, nuevamente, ante la aplanadora del PRIAN que perfectamente se puso de acuerdo para satisfacer cada uno a su clientela: el PAN beneficia a los empresarios que enriquecieron a lo largo de sus 12 años en el poder y dinamita, al mismo tiempo, un modelo de legislación laboral proclive a proteger a los empleados. El PRI, por su parte, continúa su proyecto de modernización económica pero al mismo tiempo le da cobertura a los líderes sindicales que forman parte de su estructura partidaria desde los años 30 del siglo pasado. La Ley Federal del Trabajo cambia para que todo siga igual.


La mediocracia progresista, como siempre, se contentará diciendo que el PRIAN pagará altos costos políticos por esta Reforma Laboral. Pero tal letanía ya no consuela a nadie: el PRIAN viene pagando costos por los pasos difíciles a la modernidad del salinismo, la aprobación del TLC, del Fobaproa, del incremento del IVA, la Ley Televisa y tantos más. Y de la mano se ha pasado la estafeta presidencial sin que, hasta el momento, los mexicanos les hayan cobrado la factura.


Y es que el costo político es nebuloso por todos lados. La Iniciativa Preferente fue lanzada por Felipe Calderón en su mandato. Se va al retiro bajo tantos cargos que la Reforma Laboral será una raya más al tigre: si es capaz de enfrentar la responsabilidad por los más de 60 mil muertos, qué pueden preocuparle los nuevos contratos temporales. A lo más, el PAN cargará con la culpa por su votación a favor pero seguramente se llevará el apapacho de los empresarios. En su defensa podrán aducir que la iniciativa original preveía, además, los mecanismos de transparencia sindical, pero que el PRI protegió a sus líderes.


Peña Nieto, a su vez, dispondrá de la flexibilización del mercado laboral anhelada desde el salinismo a un precio de saldo, ya que siempre podrá echarle la culpa a Felipe Calderón. El PRI podrá echarle la bolita al PAN, y siempre podrá cobrarle a los grandes líderes sindicales el haber retirado los mecanismos de transparencia sindical.

 

La Reforma Laboral es el crimen perfecto porque nadie y todos —al mismo tiempo— son culpables. PRI y PAN se echarán mutuamente la bolita de la paternidad de las modificaciones a la Ley Federal del Trabajo. La izquierda interpondrá mecanismos de controversia constitucional y amparos para echarla abajo, con pocas perspectivas de triunfo. Y los prometedores jóvenes del colectivo #YoSoy132 exhibieron su miseria intelectual porque jamás pudieron argumentar en su espacio natural, las redes sociales, el porqué los contratos temporales los condena a una vida de indigencia. Tampoco convocar a una movilización efectiva. El agotamiento les llegó muy pronto. Bien dicen que una golondrina no hace verano.

 

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