Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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27/11/2012


Un nuevo TSJ, tarea del Congreso en la designación de magistrados


Una y otra vez, recurrentemente, el Poder Judicial de Puebla aparece como el gran lastre en materia de competitividad en las evaluaciones del Imco, CIDE y demás rankings en la materia. Desde principios del nuevo siglo, el estudio patrocinado por el Tec de Monterrey y la Asociación de Bancos de México (ABM) ubicó a la justicia poblana como la peor del país. El indicador más bajo refiere a la parcialidad de jueces y magistrados: sus fallos son a modo, por no decir comprados. En esa podredumbre Manuel Bartlett Díaz trató de meter orden y quiso crear un Consejo de la Judicatura estatal. Un grupo de magistrados encabezado por Alfredo Mendoza, Gerardo Villar Borja y Saúl Acosta ordenaron un veto frontal. La iniciativa durmió el sueño de los justos y ni Melquiades Morales ni Mario Marín buscaron revivirla: la mafia del Tribunal Superior de Justicia subsistió sin ser molestada, haciendo de la justicia un negocio particular.


El Congreso local elegirá hoy a cuatro nuevos magistrados tras el retiro forzado de los cabecillas de la mafia que por dos décadas dominaron el Poder Judicial y lo convirtieron en su coto particular, imponiendo a toda su parentela como secretarios, jueces y diligenciaros. Gracias a la inexistencia del Consejo de la Judicatura, generaron redes de protección y complicidad con los jueces de Primera Instancia a los que nombraban, supervisaban y cambiaban de adscripción como premio o castigo a su docilidad en los fallos. Por último, generaron un hoyo negro en la administración y manejo financiero del TSJ con la manoseada cuenta bancaria en la que se depositan todas las fianzas y que genera beneficios increíbles.


Alfredo Mendoza y sus compinches se van este día. Ellos mismos se pusieron en el disparadero cuando aceptaron firmar su jubilación por adelantado con el candidato Javier López Zavala, aunque al final quien los ejecutó fue el gobernador Moreno Valle. Pese a sus promesas de avanzar en la modernización del Poder Judicial, sotto voce siguieron vetando la puesta en marcha del Consejo de la Judicatura. Hasta que al gobernador se le acabó la paciencia, y ante los acuerdos rotos, dispuso de la previsión financiera para que se fueran por la puerta de atrás, luego de lucrar con el aparato de justicia más de dos décadas.


¿Tiene futuro el Poder Judicial de Puebla tras la salida de la escoria? ¿Puede dejar de ser el lastre de la competitividad? Creo que sí, a condición de que se cumplan las previsiones y uno de los nuevos magistrados sea Jared Albino Soriano, probablemente el mejor juez de Puebla junto con José Montiel Rodríguez, hoy secretario de Servicios Legales.


Jared Albino Soriano, egresado de la Libre de Derecho, es un abogado que representa precisamente lo opuesto a la corrupción de Alfredo Mendoza, a quien enfrentó como juez de lo Civil. La historia no tiene pierde: el magistrado ordenó a Soriano torcer un fallo y éste se negó. Como revancha, promovió una sanción en el pleno de los magistrados, una amonestación privada. Jared Soriano decidió combatir la sanción, se amparó, y unos meses después gracias a su talento logró revocarla. Su victoria, sin embargo, se tornó en derrota porque Alfredo Mendoza tomó venganza con un cambio de adscripción. El mejor juez de Puebla fue enviado al distrito judicial de Xicotepec como castigo a su autonomía.


Los magistrados del TSJ nunca dejaron regresar a Jared Albino Soriano al distrito judicial de Puebla, y lo más cerca que lo ubicaron fue como juez Segundo de lo Civil en Cholula, en donde le tocó uno de los casos más controvertidos de los últimos años: la recuperación de Valle Fantástico. Resolvió con pericia y pese a las impugnaciones de los abogados de Ricardo Henaine, el Poder Judicial federal confirmó su fallo que revirtió la propiedad del predio de 18 hectáreas a favor del gobierno estatal. Se confirmó como un juez que no acepta presiones de nadie.


Las apuestas corren a favor para que el Congreso del estado nombre hoy a Jared Albino Soriano, quien ha recorrido prácticamente todo el escalafón de la carrera judicial. Su probidad y acuciosidad en el estudio de los asuntos es un ejemplo para las nuevas generaciones de jueces y magistrados. También, dicen, llegará Héctor Guillermo Bermúdez Tena, abogado litigante con una historia de vida también digna de ser reseñada, pero que dejamos para mejor ocasión. La juez María Alicia Ortiz Márquez, que aparentemente también será nombrada, fue una de las resistieron las presiones para que el Colegio de Jueces de Primera Instancia se declarara a favor de Javier López Zavala. Prefirió renunciar antes que prestarse a la politización de los fallos judiciales.


La designación de los nuevos magistrados del TSJ, sin embargo, representa una contradicción: mientras que académicos, periodistas y organizaciones se desgarran las vestiduras por los nombramientos en la CAIP y el Instituto Electoral, prácticamente dejan pasar en la oscuridad la llegada de los nuevos responsables del Poder Judicial, encargados de velar por el patrimonio, la libertad y las familias de los poblanos. Muy pendientes de la transparencia pero muy alejados de la función jurisdiccional.


La presentación de las ternas, es cierto, es una facultad legal de Ejecutivo. Pero mientras no exista un Consejo de la Judicatura, permanecerán las posibilidades de que nuevos Alfredos Mendoza, Saúles Acosta o Gerardos Villar Borja se cuelen en la estructura del Poder Judicial. El objetivo primario será romper las relaciones de complicidad entre jueces y magistrados con una instancia autónoma entre ellos. Basta de premios y castigos por torcer fallos.

 

Un nuevo Poder Judicial se reconstruye en Puebla y la misión de los nuevos magistrados será cumplir compromisos en materia de competitividad, así como en echar a andar la reforma judicial de los juicios orales. Bonita tarea tienen hoy los diputados del Congreso local.

 

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