Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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28/04/2011


Un chivo en cristalería en el gabinete


La presencia de Pablo Rodríguez Regordosa en el gabinete morenovallista es una ecuación política de difícil solución. Pese a su inexperiencia en la administración pública, se trata de uno de los secretarios con mayores posibilidades de permanecer en su cargo al culminar el periodo probatorio de los cien días. Las tiene, en parte, por ser una cuota del gobernador al PAN, y especialmente al Yunque, por lo que es garante del pacto con las fuerzas más conservadores de la entidad. Pero también es cierto que Moreno Valle le tiene una estima personal que no oculta ni al interior ni al exterior de su partido. Las muestras de afectos, sin embargo, hicieron a Pablo perder el piso y creerse una especie de vicegobernador, además de delfín designado para la próxima gubernatura. Tales delirios no afectarían a nadie, excepto por los problemas que genera con sus propios compañeros de gabinete. Uno de sus blancos favoritos, nadie sabe por qué, es Antonio Gali Fayad, titular de Infraestructura. Las desavenencias fueron in crescendo hasta que, hace unas semanas, el problema estalló cuando Pablo acusó de corrupto a Gali en la asignación de la obra pública, e incluso amenazó con denunciarlo ante el procurador Víctor Carrancá sin importar las consecuencias para la imagen del gobierno estatal recién arrancado. Todo un chivo en cristalería.


El enfrentamiento ocurrió en la semana previa a los días santos. Según Rodríguez Regordosa, un grupo de empresarios de la construcción le contó que Gali Fayad les había exigido el consabido diezmo para asignarle obras, contraviniendo la orden expresa del gobernador de no hacerlo. Por su animadversión, el titular de la Secotrade, ni tardo ni perezoso, lo acusó ante Moreno Valle y se dijo dispuesto a denunciarlo penalmente pues contaba con las pruebas para ello. El diferendo debió ser resuelto personalmente por el gobernador en un cónclave al que incluso se citó al procurador Carrancá que no entendía nada. El punto álgido ocurrió cuando los supuestos empresarios acusadores se negaron a ratificar vía telefónica su señalamiento contra el titular de Infraestructura. Pero era demasiado tarde: ambos secretarios estuvieron a punto de llegar a las manos hasta que el gobernador paró en seco a Pablo. Vaya experiencia.


La anécdota es producto de la extraña transformación de Pablo Rodríguez Regordosa, uno antes de llegar al gobierno, y otro muy distinto después. La transformación, dicen en los pasillos del poder, es que por bajo y por alto el titular de Secotrade recibe mensajes del gobernador. Señales, vaya, de que él es gallo para sucederlo en 2017. Y el propio Pablo se encarga de retransmitir el mensaje a todo quien quiera oírlo en Acción Nacional: desde Juan Carlos Mondragón hasta el panista más humilde. Por supuesto, todo mundo ha tratado de atemperarlo señalando que es muy temprano para ese tipo de proyectos. Sin embargo, Pablo ya se vio despachando en Casa Puebla, aunque no tiene muy clara la ruta para hacerlo. Sus cuentas le dicen que difícilmente pasará seis años en el gabinete, y sabe que el Senado está fuera de su alcance, por lo que ha fijado su vista en el Palacio Municipal para de ahí saltar a la gubernatura. Tal proyecto, quizá, es la fuente de sus desavenencias con Antonio Gali Fayad, un excelente cuadro ciudadano para pelear la alcaldía.


Pablo Rodríguez Regordosa debería recordar aquella máxima que funcionaba en los tiempos del presidencialismo tricolor: el secretario que piensa demasiado en el futuro puede que ni siquiera termine el año en el cargo. La experiencia del esperpento de feria que organizó y que será inaugurada en unos días debería mostrarle que ser miembro del gabinete al lado de Moreno Valle es cosa difícil. Primero tropezó en el mecanismo más simple de asignación, pues rechazó aceptar que la había entregado a quien muchos años había organizado la Feria de Texcoco. Más tarde, con la misma opacidad, debió aceptar que la contraprestación que recibiría el gobierno era de 10 millones de pesos. Mientras tanto, se peleó con varias cámaras empresariales, su hábitat natural, por la comercialización de los espacios. Luego tropezó igualmente con la asignación de la plaza de toros El Relicario, pues cumplió con las predicciones del periodista Enrique Núñez en la asignación a Protauro. Y algunos rumores señalan que ayer se derrumbó la estructura del Palenque, sin que hubiera heridos, por fortuna. Pero si llega a caerse el viernes…

 

Pablo Rodríguez, nadie lo duda, es un cuadro valioso para la vida política de la entidad. Quienes lo conocemos de años atrás sabemos que es un tipo afable, preocupado por Puebla y con experiencia. Nadie duda que pueda alcanzar la gubernatura. Pero también es cierto que el poder obró una transformación en él que lo separó de viejos aliados y amigos. Se trata del peor camino: sentir que la varita mágica de Moreno Valle puede darle todo, cuando la política es un juego de alianzas y complicidades.

 



 
 

 

 
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