Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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28/06/2011


El fracaso de los ciudadanos en la política poblana


A punto de cumplirse un año de la contundente victoria de Compromiso por Puebla en la batalla por la gubernatura, Puebla capital y el Congreso local, uno de los saldos principales a analizar es el fracaso de la idea de incorporar ciudadanos a la actividad política como una forma de regeneración de la ética pública. A lo largo de la campaña Rafael Moreno Valle abanderó varias causas ciudadanas que son rechazadas tradicionalmente por los partidos políticos: medio ambiente, transparencia, competitividad, administración de justicia. Para darle credibilidad a ese discurso que lastimaba profundamente a Javier López Zavala y al PRI, Compromiso por Puebla comprometió candidaturas ciudadanas, atrajo a organizaciones como el colectivo Actívate por Puebla y acercó a empresarios con buen cartel para lanzar el mensaje de apertura y diferenciación con la cerrazón corporativista del tricolor. La estrategia de ciudadanización de la política dejó bueno dividendos, y muchos de los encandilados con una política sin partidos salieron a votar ilusionados. El segmento de los electores switchers fue claramente ganado por Rafael Moreno Valle y la alianza de partidos gracias a que, paradójicamente, lograron camuflar su identidad partidaria.


Un año después, sin embargo, la evaluación muestra que una vez más el discurso ciudadano funciona como un atractivo de campaña pero que no tiene correspondencia en la realidad. Ejemplos de ese fracaso son los diputados Josefina Buxadé y Antonio Gali López, la regidora Verónica Mastretta, la titular de Sustentabilidad Territorial Amy Camacho, y por supuesto, en el top one de los ridículos, la asociación Actívate por Puebla conformada por rectores y empresarios, un colectivo que en campaña tuvo momentos estelares pero a quienes ahora, a cinco meses de conformado el gobierno, nadie les toma las llamadas y recurren a la colocación de piedrotas inútiles como única forma de llamar la atención.


Josefina Buxadé fue candidata a diputada local gracias a su antecedente como la integrante incómoda en la CAIP. Su voz disonante a la protección del régimen marinista le atrajo un patrimonio de credibilidad que fue aprovechado en campaña como un compromiso con la transparencia por parte de la coalición. Sin embargo, la valerosa excomisionada Buxadé sufrió una súbita transformación en el momento en que rindió protesta al cargo de representación popular y se convirtió en un soldado de Acción Nacional. Igualito que los militantes de años de ese partido político. Y es que desde que es diputada, ¿qué posición importante le ha escuchado a Josefina? ¿Alguna crítica? Ni siquiera ha podido defender su tema estandarte, la transparencia, pues en los hechos prefiere voltear la vista a un lado ante los evidentes defectos en la página de transparencia del gobierno estatal. Y ya no se diga de promover la nueva Ley de Acceso a la Información Pública, que de acuerdo a la Agenda Legislativa presentada por el gobierno estatal al Congreso, no es una prioridad. ¿Y ha escuchado un reclamo de la diputada Buxadé? Ninguno: bien calladita y disciplinada.


Lo mismo le ocurre a la otrora combativa Verónica Mastretta, quien como presidenta del Patronato Puebla Verde fue un auténtico dolor de cabeza para el marinismo por su discurso coherente por la defensa del medio ambiente, así como la denuncia del sinnúmero de irregularidades cometidas con los predios de la Reserva Atlixcáyotl. Sin embargo, desde que cobra como regidora es otra: casi como si hubiera viajado a otro planeta. Ha dejado pasar el cúmulo de irregularidades e ineficiencias de Eduardo Rivera Pérez, y su posición de privilegio como presidenta de la Comisión de Medio Ambiente no le da ni siquiera para recuperar materialmente el Parque del Arte luego de haber ganado los procedimientos jurídicos.


No logra ponerse de acuerdo con otra “ciudadana” reconvertida, la titular de Sustentabilidad Territorial, Amy Camacho, una empresaria de mediano éxito que no conoce ninguno de los procedimientos financieros o administrativos del gobierno y es, probablemente con el sujeto desconocido de Desarrollo Rural, una de las grandes decepciones del gabinete morenovallista. Por ejemplo, cuando el jueves pasado hubo un derrame de combustible en el río Atoyac, en la secretaría no hubo nadie que respondiera, pues la propietaria de Africam Safari andaba viajando por el mundo a una Cumbre del Medio Ambiente a la que no avisó a nadie que asistiría.


Y qué decir de Actívate por Puebla, el colectivo de rectores y dirigentes de la iniciativa privada que en campaña fue utilizado para golpetear al gobierno marinista. Los rectores de las universidades más importantes de Puebla, Enrique Agüera, Luis Ernesto Derbez, Alfredo Miranda, más las cúpulas de CCE, Coparmex, Canacintra empujaron fuerte. Un año después nadie les toma las llamadas, y su diagnóstico sobre las propuestas para mejorar la entidad no ha sido retomado. Su única reacción ha sido el ridículo: colocar piedrotas supuestamente para llamar la atención en temas de transparencia y sustentabilidad. Seguro lo que queda de la organización piensa que es una idea genial, pero el resto de los poblanos sabemos que es un auténtico ridículo.


El fracaso de los ciudadanos en la política no toma por sorpresa a los expertos. Hace más de un siglo Robert Michels, Gaetano Mosca y Vilfredo Pareto postularon la teoría de la elites: en virtud de la “ley de hierro de la oligarquía”, los ciudadanos que se meten a la política terminan convertidos en políticos profesionales y están obligados a respetar las reglas del juego: disciplina e institucionalidad. Tan disciplinados e institucionales como lo son ahora Josefina Buxadé, Antonio Gali López, Verónica Mastretta y Amy Camacho. Eso, o nadie les hace caso como a los de Actívate por Puebla.

 



 
 

 

 
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