Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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28/10/2010


Con Lastiri o Jiménez Merino, el PRI vivirá sometido a RMV


Ya sin la sombra perniciosa de Javier López Zavala como eterno aspirante a todo, sumando a la decreciente influencia de Mario Marín, los priistas tendrán en teoría la posibilidad de elegir el rumbo de su partido para los próximos cuatro años en los que tendrán que ejercer el papel de oposición, ya sin las ventajas del uso del aparato público y las instituciones electorales a su favor. Sin embargo, pedirle autonomía al partido de los aplaudidores parece tarea casi imposible. Tan pronto se derrumbó una línea se impuso otra sin reflexión o rubor de por medio. Los mismos diputados federales que hace unos días le alzaron la mano a Javier López Zavala, ayer mismo se la levantaron a Juan Carlos Lastiri. Tal ejemplo, a pequeña escala, es una muestra de lo que ocurrirá a partir del primero de febrero: religiosamente, la figura de Mario Marín será sustituida sin conflictos por la de Rafael Moreno Valle. Y es que la liturgia tricolor marca un sólo dogma: el primer priista del estado es el gobernador, ya sea emanado del PRI o del cualquier otro partido. Ellos le llaman institucionalidad, yo lo llamo política del sometimiento.


La discusión sobre cuál liderazgo resultará mejor para el tricolor, si Alberto Jiménez Merino o Juan Carlos Lastiri, es eminentemente estéril porque en realidad no hay mucha diferencia entre ambos. Jiménez Merino, por haber sido dos veces secretario y dos diputado federal, tiene un poco más de experiencia, pero así que digamos, una personalidad carismática, no tiene. Tampoco Juan Carlos Lastiri, quien ha recorrido la pirámide de la política regional: alcalde, diputado local, secretario, diputado federal, pero ninguno se ha distinguido por sus ideas, actitud o independencia. En el mejor de los casos han sido alumnos obedientes del gobernador en turno. El mismo papel que les tocará desempeñar a partir del primero de febrero: pese a ser dirigentes del tricolor, obedecerán diligentemente al gobernador Moreno Valle. Es la cruz y destino de los priistas.


El PRI poblano vivirá sometido a Moreno Valle porque no abandonará su dependencia financiera de la ubre pública. Después de la tremenda derrota en el 2000, a nivel nacional el tricolor fue fortalecido por los gobiernos estatales, quienes se encargaron de mantener sus estructuras locales y además destinar cierto porcentaje al CEN. Lastiri o Jiménez Merino no podrán replicar tal solución, o ¿a poco creen que los ayuntamientos rescatados del desastre van a ponerse a financiar las actividades del Comité Directivo Estatal? Por supuesto que no. Si a duras penas pueden sobrevivir de sus participaciones, no destinarán dinero al estilo de vida de su dirigente. El CEN les enviará unos pocos pesos, y ni siquiera contar con recursos provenientes de la UAP, porque una de las condiciones que le puso Moreno Valle a Agüera fue olvidarse de subvencionar al tricolor o a priistas en desgracia.


¿De qué vivirá el PRI en los años del morenovallismo? ¿De rifas entre sus militantes? ¿De las aportaciones de quienes tienen cargo de elección popular? Por supuesto que no. Jiménez Merino o Lastiri, cualquiera de ellos, está destinado a someterse a Moreno Valle para no vivir en la miseria, y el gobernador lo mantendrá en la medida en que se comporten como una oposición leal, es decir, que critiquen sin estridencia y respeten su investidura, algo que a los priistas no les costará trabajo, pues tal comportamiento se ha grabado en su código genético bajo el concepto de institucionalidad. Y por supuesto, los aplausos son gratis.


Moreno Valle tampoco pondrá obstáculos para convertirse en el monarca sexenal del tricolor. El ejemplo lo puso recibiendo en lo oscurito a Javier López Zavala pero permitiendo la difusión de la reunión, así como evidenciar la bajada de pantalones del excandidato a la gubernatura. De hecho, el gobernador electo necesita al PRI en condición de presentar batalla por dos razones: una, que su juego en el 2012 puede acomodarse con Enrique Peña Nieto, según decida Elba Esther Gordillo; y dos, para mantener a raya la beligerancia del PAN, pues nada mejor que mantener a raya a los 12 diputados panistas de la alianza opositora que con los 16 diputados tricolores, entre ellos sus amigos Enrique Doger y Víctor Hugo Islas.


Los priistas pueden desgastarse y regar ríos de tinta debatiendo quién entre Jiménez Merino y Juan Carlos Lastiri sería un mejor dirigente, pero a la hora de la verdad todos saben que cualquiera de ellos comerá de la mano de Rafael Moreno Valle. De hecho, lo harán todos, y para saborear los mendrugos que les tiren, serán capaces de todo, de todo. Incluso, de enterrar tres metros bajo tierra, si es necesario cinco, al personaje del que comieron todo un sexenio e incluso se enriquecieron. Que nadie se engañe. Aún entre los priístas, el nombre de Mario Marín será borrado de la faz de la tierra. El único que existirá, brillará en el firmamento, es el de Rafael Moreno Valle.

 



 
 

 

 
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