Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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28/11/2012


Expulsa RMV a los 12 magistrados de la Mafia del TSJ


Para bien o para mal, una era se terminó en el Tribunal Superior de Justicia: la jubilación “voluntaria” de ocho magistrados, más otra tanda de cuatro que ayer se oficializaron al enviar el Ejecutivo las ternas para sustituir a Juan José Barrientos Granda, Francisco Javier Vázquez Motolinía, Mónica Guarneros Vargas y Álvaro David López Rubí. Sumados a los retirados en una primera etapa —Gerardo Villar Borja, Elba Rojas Bruschetta, Leonardo Tecuapetla y Fernando García Rosas— y a los de la segunda tanda —Alfredo Mendoza, María de los Ángeles Juárez, Blanca Louvier y Saúl Acosta— puede decirse con justicia que la Mafia ha sido expulsada del Poder Judicial en Puebla, con todas las implicaciones que ello significa. Pactaron con el diablo Zavala, pero el beneficiario fue Moreno Valle. Y ojalá todo Puebla.


Estos 12 magistrados fueron designados en tiempos de Mariano Piña Olaya y durante dos décadas convirtieron al Poder Judicial poblano en el peor todo el país. Por supuesto que al interior no todo es podredumbre: hay aves raras que nunca entraron a la venta de fallos, mantuvieron su imparcialidad y honestidad como Margarita Palomino Ovando o Fernando Humberto Rosales Bretón, efímero procurador que no se dejó manejar por Mario Marín. También surgieron jueces promesas que hoy se ha convertido en prominentes realidades como José Montiel Rodríguez, Jared Albino Soriano y Guillermo Fernández de Lara Santos.


Pero son eso: aves raras. El sistema de premios, castigos y complicidades que crearon los capos Alfredo Mendoza, Gerardo Villar Borja, Álvaro López Rubí y Saúl Acosta para nombrar jueces y cambiarlos de adscripción provocó mecanismos de corrupción que se reforzaron a lo largo de dos décadas. Pocos se escaparon. No contentos con ello, convirtieron al TSJ en una sucursal del orgullo nepotista: hicieron jueces y funcionarios judiciales a esposas, primos, hermanos y sobrinos. Sólo faltó el perico.


La Mafia de los 12 magistrados toreó todos los intentos de modernización de la estructura jurisdiccional: Fernando García Rosas fue nombrado presidente del TSJ por obra y gracia de Manuel Bartlett, pero en realidad operó para sus cófrades. Como ayer relató Carlos Meza en el espacio de opinión que publica en varios medios, fue Alfredo Mendoza quien hizo público el veto abierto al Consejo de la Judicatura. Y aunque el expresidente del Comité Municipal del PRI hoy elogie y llame maestro a Mendoza, en esos tiempos opinaba diferente.


Guillermo Pacheco Pulido prefirió transitar con la mafia y respetar sus cotos de poder a lo largo de sus nueve años como presidente del TSJ. El maestro nunca creyó necesario impulsar un Consejo de la Judicatura: dejó pasar el nepotismo y las presiones a los jueces de primera instancia como la ya narrada venganza de Alfredo Mendoza contra Jared Soriano. El segundo trienio del sexenio marinista también trascurrió sin sobresaltos, y tanto poder acumularon que impidieron que Ricardo Velázquez asumir la presidencia del TSJ.


Tras dos décadas de expoliar el Poder Judicial y colocarlo como el peor del país en todas las evaluaciones y rankings nacionales, la Mafia decidió pactar una jugosa jubilación con el candidato Javier López Zavala: todas sus prestaciones, pensión completa más una bonificación en efectivo de 5 millones de pesos. Nadie quiso perder el bono de marcha y realizaron sus trámites ante el ISSTEP. Pero Zavala no ganó y cuando Moreno Valle llegó al poder se encontró con la cancha libre para deshacerse de ellos.


Alfredo Mendoza y sus compinches trataron de presionar como lo habían hecho con anteriores mandatarios, a quienes había chantajeado con éxito. Pero se les quitó lo valiente cuando de un día a otro descubrieron que una primera tanda había sido ejecutada: sin notificación de por medio Gerardo Villar Borja, Elba Rojas Bruschetta, Leonardo Tecuapetla y Fernando García Rosas se vieron en la calle.


El capo di ttuti capi, Alfredo Mendoza, entonces ofreció colaboración y sumisión a Moreno Valle así como compromisos específicos para sacar al Poder Judicial poblano del último lugar del ranking nacional. Los acuerdos no fueron cumplidos. Pero la gota que derramó el vaso fue la elaboración del Presupuesto 2013, en la que los magistrados pidieron 600 millones de pesos para prepararse para los juicios orales, pero se negaron a revelar el entramado financiero y administrativo del TSJ, en especial la famosa cuenta bancaria en la que se depositan las fianzas. El gobernador entendió que nunca cambiarían y decidió el retiro masivo activando las jubilaciones depositadas en el ISSSTEP.


La última tanda de magistrados “jubilables” se irá la próxima semana, y con la llegada de otros cuatro nuevos magistrados el panorama del TSJ se habrá modificado por completo a favor del morenovallismo. Aunque eso tampoco es garantía de mejoramiento. Ayer mismo, el Congreso local eligió como magistrados a tres “poblanos” que en realidad son repatriados, llevan años fuera de la entidad y no tienen antecedentes en la carrera judicial local o federal. O sea, tan desconocidos que a los diputados les repartieron acordeón para no equivocarse a la hora de la votación.


La nueva tanda de magistrados no tiene mejor pinta: personajes “importados” y desconocidos por el fuero local. Sólo sobresale el nombre de Roberto Grajales Espina, quien seguramente será el primer magistrado de filiación panista en la historia de Puebla, sin garantías de que sea mejor. Se trata, además, de un personaje activo que opera electoralmente dentro y fuera de su partido.

 

¿Qué le espera al Poder Judicial poblano? La mezcla de magistrados con filiación priista, más otros imparciales y honestos como Margarita Palomino, Rosales Bretón, Jared Albino Soriano, la llegada del primer panista con Roberto Grajales, un marinista como Ricardo Velázquez y los repatriados sin experiencia judicial, suena explosivo.

 

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