Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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29/03/2011


Deuda sin precedente de 20 mil millones de pesos

 

Tiene razón el gobierno federal y las calificadoras internacionales en la alarma que genera el enorme monto que alcanza la deuda pública de las entidades federativas y de los municipios. Las jugosas transferencias financieras que el Congreso de la Unión destina a los estados resultan insuficientes  para los señores feudales que deben mantener enormes maquinarias electorales y su clientela cautiva. A diferencia de los de los años 90, cuando de cada peso recaudado la Federación se apropiaba de 80 centavos y apenas dejaba 20 para los estados, ahora los gobernadores reciben 45 centavos de cada peso recaudado. En otras palabras, son multimillonarios. Hace siete años, en su último tramo de gobierno, Melquiades Morales recibió 29 mil millones de pesos. En el 2011 Rafael Moreno Valle dispondrá de 55 mil millones para el primero de su periodo. Casi el doble. Y aun así, no hay llenadero. A la millonada prevista, la administración estatal dispone de un crédito por 2 mil 500 millones que al parecer no se ha utilizado. Por si fuera poco, la Comisión de Hacienda autorizó ayer un endeudamiento de casi 8 mil millones de pesos para municipios y entidades paraestatales. Deben sumarse además los 800 millones de pesos que costará el nuevo Centro Integral de Servicios en la modalidad de Proyecto Especiales de Servicios. Sumados a los 9 mil millones que nos heredó Mario Marín, en cuestión de meses la deuda total de Puebla llegaría a los 20 mil millones y se ubicaría como la quinta entidad más endeudada del país, solamente superada por el Distrito Federal, Estado de México, Nuevo León y Jalisco.


El monto es brutal, pero dicen los tecnócratas del morenovallismo perfectamente asumible dado el tamaño de las transferencias financieras de la Federación. En los tecnicismos de los economistas, la capacidad crediticia de Puebla no se verá afectada en los reportes de las calificadoras internacionales como Fitch Raitings y Standard & Poors. Incluso, para el nuevo crédito de los 8 mil millones de pesos que será aprobado por el pleno del Congreso en una sesión extraordinaria, el gobernador Moreno Valle se niega a utilizar el término deuda: dice que únicamente es un “adelanto” del 25 por ciento de las participaciones federales a los municipios para que los ejerzan en su primer año de gobierno en proyectos de alto impacto. Que no es “deuda” porque el “adelanto” deberá ser liquidado antes de que termine su periodo, y para ello se constituirá un fideicomiso que garantice el pago oportuno y la administración del dinero “adelantado”.


Por supuesto que se trata de un eufemismo que busca evadir la realidad: ¿o cuando el banco te “adelanta” tres meses de tu nómina bancaria no hablamos de un crédito? Pues claro: tengo la impresión de que Moreno Valle sabe de la necesidad del dinero prestado para impulsar los proyectos de alto impacto, pero busca maquillarlo ante la sociedad atento al viejo apotegma de Melquiades Morales, “gobernador endeudado es gobernador devaluado”, una frase que el oriundo de Serdán siempre esgrimía cada vez que de Finanzas salía la ocurrencia de pedir crédito para financiar supuestamente el desarrollo.


Todos los partidos, unánimemente, aprobaron la solicitud de deuda por casi 8 mil millones de pesos. No debe ser tan mala idea entonces. Desconcierta, sin embargo, que todos recurran al mismo argumento: el crédito es una palanca para financiar el desarrollo. Yo diría que algunas veces sí, y otras no. Lo es cuando el dinero se utiliza en fines correctos, una experiencia inédita en la historia nacional. López Portillo endeudó al país cuando sentía que estaba llamado a administrar la riqueza petrolera. En tiempos de Zedillo se avalaron más de 90 mil millones de dólares para rescatar a los bancos tras el desastre del Fobaproa, pero más tarde nos enteramos que costeamos las empresas quebradas de los privilegiados. Todavía seguimos pagando. Y qué decir de Mario Marín, quien nos endosó poco más de 6 mil millones de pesos que nadie sabe todavía en qué fueron ocupados. Y en ese momento, el oficialismo en turno avaló las peticiones de deuda. Después vino el arrepentimiento. Pero su momento, todos aplaudieron como focas.


Los créditos, por sí mismos, no generan desarrollo. Pueden ser una palanca para impulsar una empresa o una sociedad, pero también para quebrarla. Marín dilapidó el dinero en obras inútiles y caras, así como en pagar sueldos que trabajan para el proyecto transexenal encarnado en Javier López Zavala. El dinero se evaporó. 20 mil millones de pesos parece ya una cantidad peligrosa de manejar, pese a los 55 mil que recibe fijos la entidad. Lo más preocupante es que nunca, nadie, explicó en qué se gastará la tremenda millonada aprobada por el Congreso de 8 mil millones de pesos. Muchísimo dinero para que luego estemos chillando como con López Portillo, Zedillo o Mario Marín.

 



 
 

 

 
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