Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
@Nigromanterueda
[email protected]
[email protected]


29/06/2012


La hora de definirse: yo ya sé por quién voy a votar


La campaña terminó casi igual que como empezó, como si nada hubiera ocurrido en los últimos 90 días.

Una inmovilidad absoluta del electorado mexicano.

Pese al entusiasmo del #YoSoy132.

Pese a los escándalos de Yarrington y demás priistas.

Como si el Viernes Negro de la Ibero no hubiera existido.

Ni los dos debates presidenciales ni el transmitido por el YouTube.

Según los profetas encuestadores dijeron desde el principio, Enrique Peña Nieto está predestinado a ser Presidente por chorrocientos mil puntos de ventaja.

El único cambio perceptible es que López Obrador subió al segundo lugar pero dicen que no le alcanzó.

Y Chepina Vázquez Mota sembró lo que cosechó su partido: un indigno tercer lugar para una candidata que en lugar del cuchi-cuchi se hizo el harakiri al proponer a Felipe Calderón como titular de la PGR en caso de ganar.

Afortunadamente no lo hará.

Como el final es el principio, pienso lo mismo que al arrancar la campaña.

El error de diciembre.

La pavorosa crisis económica de 1995.

Los tesobonos.

El Fobaproa.

La Roqueseñal tras el aumento del IVA al 15 por ciento.

El Barzón.

Los miles de mexicanos que perdieron empresas, casas y patrimonio.

El asesinato de Colosio y de José Francisco Ruiz Massieu.

Aguas Blancas.

Los banqueros encarcelados o prófugos.

El encarcelamiento de Raúl Salinas de Gortari.

La Paca y Chapa Bezanilla.

La matanza de Acteal.

Zedillo y Salinas, el pleito interminable

La privatización del sistema financiero.

Dale un Madrazo al Dedazo.

La ola de secuestros.

El Mochaorejas.

Los gobernadores coludidos con el crimen organizado como Jorge Carrillo Olea y Mario Villanueva Madrid.

El hartazgo social.

Y un epílogo dramático de los periodistas norteamericanos Julia Preston y Sam Dillon, ganadores del premio Pulitzer:

México pasó de una dictadura perfecta a una democracia imperfecta”.

Se trata de la crónica meticulosa del convulso final del PRI piramidal realizado por los corresponsales de The New York Times en los agitados años 90.

El despertar de México es un libro imprescindible para recordar el contexto político y social que nos llevó a sacar al PRI de Los Pinos.

Un recuento de lo que puede regresar con Peña Nieto y la restauración del régimen autoritario.

Su relectura es un recuento de las atrocidades y excesos.

Del largo, larguísimo estertor del Partido de la Revolución.

Del autoritarismo.

De los excesos financieros.

Del control de los medios de comunicación.

De la oposición reducida.

Del Presidente como Dios todopoderoso de la vida nacional.

En resumen, de la restauración del Viejo Régimen.

Los nuevos votantes, los jóvenes de entre 18 y 30 años, carecen de esta memoria histórica aunque hoy se medio organicen en su #YoSoy132.

Sólo saben de los 60 mil muertos de Calderón.

De la figura bufa de Vicente Fox. Más grotesca ahora que pidió el voto para el PRI que él sacó de Los Pinos.

De la toma del Paseo de la Reforma por López Obrador.

De la libertad irrestricta de los medios.

Del empoderamiento de Elba Esther Gordillo y las televisoras.

De la pluralidad partidista y la competencia equitativa.

De organismos electorales medianamente confiables.

De la economía precaria pero no en crisis.

De la expansión de la clase media.

Así llegamos al 2012 con dos dimensiones en colusión.

El pasado que asusta a quienes lo recordamos.

Y el presente que asusta a quienes no conocieron el pasado.

 

¿Cuál es la salida?

 

Columnas Anteriores


 
 

 

 
Todos los Columnistas