Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
[email protected]
[email protected]


29/09/2010


Zavala falseó los datos de encuestas: el testimonio concluyente


Uno de los grandes misterios de la jornada trágica para el priísmo del 4 de julio finalmente quedó resuelto. A eso de las cuatro de la tarde, mientras los reportes parciales de encuestadoras como CISO, Indicadores, Gabinete de Comunicación Estratégica y el BEAP ya anunciaban una tendencia negativa para Javier López Zavala de entre 2 y 4 puntos, el candidato priísta se aferraba a la victoria y señalaba como fuente de un triunfo inobjetable de 8 puntos a la empresa Prospecta Consulting: desde su búnker en Huexotitla se comunicaba con sus empresarios y periodistas favoritos, así como con candidatos a alcaldes y diputados y narraba con satisfacción: “Hermano, vamos viento en popa, las encuestadoras me dan 8 puntos de ventaja, pero necesitamos apretar”. A las 18 horas, cerradas las casillas, los cruces de datos causaban confusión: ¿cómo era posible que unas encuestadoras reportaran la derrota histórica del PRI, pero Zavala con Prospecta Consulting en mano defendiera una ventaja de 8 puntos? Después de las 20 horas, en las entrevistas con medios nacionales y locales continuó la ficción que lo llevó a protagonizar el esperpento de una “fiesta de la victoria”, y todo, siempre, con sus láminas en mano de Prospecta.


¿Qué sucedió? La respuesta de siempre: la tendencia patológica de Javier López Zavala a mentir como forma de vida y de hacer política. El candidato priísta que realizó todas esas llamadas a empresarios y periodistas, así como a operadores electorales, sabía la verdad que se negó a enfrentar: que las tendencias eran favorables a Moreno Valle y que la gubernatura se le había escapado de las manos. El doctor Rafael Abascal, director de Prospecta Consulting, confesó a CAMBIO las presiones que recibió del candidato tricolor para no difundir los resultados auténticos que presagiaban el hundimiento del barco priísta.


Según Abascal, a lo largo del día fue entregando los reportes en los que la ventaja que sí llegó a los 8 puntos comenzó a diluirse, al punto de que desapareció. Por el contrario, a las 18 horas Moreno Valle ya tenía 4.5 puntos de ventaja. Sin embargo, de acuerdo con el testimonio del director de Prospecta, Zavala le ordenó mentir y evitar difundir los resultados auténticos. De esa forma, el candidato priísta enarboló a partir de ese momento los resultados que tenía en la mañana, y con ellos embarcó a los empresarios que fueron obligados, incluso, a firmar un desplegado ridículo que apareció en El Sol de Puebla y en el que se felicitaba al candidato tricolor por su “victoria”. Ridículo magno que incluso fue retomado por “Las Mangas del Chaleco” en el noticiario de Joaquín López Dóriga.


Sus propias razones tendrá el doctor Rafael Abascal para hacer tal confesión que a él mismo lo coloca como un encuestador persuadible. Da un dato más: según él, a lo largo de la campaña fue reportando la constante caída en las preferencias a favor de Javier López Zavala, que sin embargo fue ocultada por los medios de comunicación, cómplices y copartícipes de vender la idea de que se trataba de un candidato inalcanzable.


¿Por qué mintió (una vez más)? Ya hemos hablado antes del tema, que no pierde vigencia ante la cada vez más realista consumación de la enésima imposición a su favor: Zavala es un mentiroso patológico. Un mitómano en el sentido clínico del término. Un sujeto con varias cualidades, pero que siempre trata de aparentar más de lo que es. Recuérdese el reciente caso de las fotografías filtradas a algunos medios de comunicación para dar la impresión de una falsa cercanía con Enrique Peña Nieto en su V Informe de Gobierno. ¿Qué sigue? ¿Impresionarnos con una invitación hechiza al enlace matrimonial del “Golden Boy” y la “Gaviota”?


Un político, para ser confiable, necesita tener palabra, veracidad. Es cierto que la mentira es una estrategia del poder, una máxima aceptada desde los tiempos de Maquiavelo. Pero la mentira depende de un uso eficiente de ella, es decir, que se trate de una excepción, porque si se convierte en norma, el sujeto en cuestión deja de ser confiable y pierde credibilidad. Con las pruebas en mano sobre la mitomanía zavalista, ¿les conviene a los priístas tener como dirigente a un mentiroso patológico para iniciar la reconstrucción? Yo lo dudo mucho.


Traigo a colación las palabras del brillante Luis Antonio Godina, quien a partir de hoy se incorpora a las páginas de CAMBIO. Su artículo de hoy es imprescindible para entender las características que debe tener un partido que perdió el poder: “Un partido abierto y transparente. Las sociedades modernas demandan de los partidos políticos apertura y transparencia; apertura que se identifica con inclusión y transparencia para mostrar el buen uso de los recursos con los que se financian. Ambos aspectos deben ser parte fundamental del renacimiento del PRI en Puebla. Debemos abrir las decisiones a la base militante. Debemos empezar por democratizar la forma en que se elige a quien encabezará la bancada priista en el Congreso Local y después por quienes dirigirán al partido. Pero antes de esto último debemos acordar los ejes, los principios que nos identificarán en adelante”.

 

Son las palabras de un exdirigente tricolor, exdiputado federal y socio de una de las empresas más importantes en materia de cabildeo a nivel nacional. La reflexión está abierta: ¿necesita el PRI a un mentiroso clínico para iniciar su reconstrucción? ¿Puede ser la mentira un principio de la política?

 



 
 

 

 
Todos los Columnistas