Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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30/06/2010


Puebla en la ruta de 1988 y 2006: la noche de la incertidumbre


Un cóctel de elementos explosivos se encuentra listo para dinamitar el proceso electoral 2010 y, probablemente, el conjunto del sistema político poblano. El último y fundamental es la falta de certeza que habrá la noche del 4-J para declarar a un ganador de la contienda por Casa Puebla. El escenario del conflicto ya se encuentra perfectamente dibujado: ante el muy escaso margen de ventaja, las casas encuestadores nacionales se niegan a revelar los resultados de sus encuestas de salida. Un poco antes de la medianoche, Rafael Moreno Valle, con actas de casilla en mano, sale a proclamarse ganador de la contienda con alrededor de 850 mil votos. En contrapartida, Javier López Zavala, también con sus actos, se proclama nuevo habitante de Casa Puebla gracias a los 900 mil votos que le dieron los poblanos. Y en la guerra de cifras y proclamas de victoria, el Programa de Resultados Preliminares (PREP) del IEE no tiene un avance mayor del 40 por ciento de las más de 6 mil casillas, según el contrato firmado con la empresa DSI; es decir, casi 2 mil 500 casillas. Por supuesto, los primeros resultados provendrán de las zonas urbanas en las que la alianza opositora tendrá buenos resultados; un escenario caótico se avecina porque en la incertidumbre los titulares de los periódicos no llevarán a un ganador. Caos absoluto. En este juego, el que se muera primero, pierde.


Si la noche del 4 de julio las empresas encuestadoras no pueden dar ganador por el cerrado margen de victoria, y el PREP lleva un atraso considerable que permita observar tendencias, tendremos todos los elementos, no sólo para un enorme conflicto poselectoral, sino una crisis del sistema político en su conjunto. Un pesadilla semejante a la que vivió el país en la “caída del sistema” de 1988 y también muy semejante a la del 2006. En ambas ocasiones, el país se fue a dormir sin saber quién era su nuevo presidente. Y en ambas ocasiones, los ganadores —Carlos Salinas y Felipe Calderón—, según el largo proceso de cómputo, sufrieron la erosión de la legitimidad que otorgan los procesos democráticos.


En este escenario de incertidumbre quien más tiene que perder es Javier López Zavala, porque es quien tiene más posibilidades de ganar, aun por margen reducido, según la mayoría de las encuestas. Y quien más tiene que ganar es Rafael Moreno Valle, porque cuenta con una estrategia dual: ganar en las urnas. Y si no puede, ganará en el escritorio del poder Judicial de la Federación. La famosa judicialización del proceso en el que se verterán mil y un argumentos, todos ellos otorgados por la propia estructura gubernamental y la parcialidad del Instituto Electoral.


Hoy, por ejemplo, el IEE y sus consejeros adictos al PRI tomarán un riesgo más al desechar más de 5 mil peticiones de ciudadanos para integrarse a los ejercicios de vigilancia electoral. Así, sin atender razones de fondo, le darán una gran mano a la estructura priista que podrá desplegarse sin problemas, sin la molesta presencia de los maestros “golpeadores” enviados por Elba Esther Gordillo. Pero será una mano muy cara, probablemente decisiva en los argumentos de la judiacialización, pues se trata de una decisión inédita en la historia de la ciudadanización de los organismos electorales. Nunca, bajo ninguna circunstancia, un órgano electoral se había atrevido a rechazar las funciones de supervisión, provenientes, incluso, de organismos y misiones internacionales.


Convenientemente el IEE eliminará de golpe y plumazo al ejército que Elba Esther Gordillo le envió a Moreno Valle para amarrarle las manos a la estructura tricolor. Ahora podrán desplegarse sin problemas y realizar sus operativos típicos de acarreo y regalo de despensas, tinacos y bultos de cemento. Los golpeadores del SNTE caminarán por las calles de Puebla, pero sus denuncias no tendrán efecto jurídico por carecer de registro ante el IEE. La inminencia de la jornada impedirá que un recurso de urgencia tenga éxito en el Tribunal Electoral. Entonces, haiga sido como haiga sido, la estructura tricolor se desplegará.


La legitimidad del sistema político en su conjunto, y la del próximo gobernador, penderá de lo que ocurra la noche del 4-J. Y de momento las perspectivas son pésimas, pues aunque el PREP contratado por el IEE es el más caro del país, no ofrece ninguna garantía de certidumbre, empezando por el ciclo de cortes informáticos y terminando porque en la mejor de las circunstancias solamente se habrá contabilizado 40 por ciento de las casillas, cifra insuficiente para dar un ganador.

 

Por las difíciles circunstancias que se prevén en un proceso de altísima competencia y las pocas garantías de certidumbre, el escenario de la elección 2010 comienza a parecerse peligrosamente a las de 1988 y 2006, cuyas consecuencias fueron profundas y duraderas en el sistema político mexicano. Si los números siguen beneficiando a Zavala, él debería ser el primero en ofrecer garantías de certidumbre. Iniciar un sexenio con dudas sobre quién fue el auténtico ganador no le conviene a nadie, y en especial a los candidatos. Pero ya parece inevitable: la portada de los diarios del 5 de julio no tendrá la foto de un ganador.

 



 
 

 

 
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