Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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30/08/2010


De la ruptura del pacto mafioso marinista a la leva de la guerra contra el narco


Si a algún brillante estratega de Los Pinos se le ocurrió el festejo patriotero del Bicentenario como fórmula distractora de la matanza nacional a la que nos enfrentamos y el consiguiente desprestigio internacional, temo que son pocos los que quieren sentarse a un banquete con el mantel lleno de sangre. En mis tiempos de estudiante en el extranjero, colombianos y argentinos eran las nacionalidades latinoamericanas a las que se les daba mayor seguimiento en los aeropuertos. Ahora, desgraciadamente, ese papel de desprestigio toca los mexicanos, pues los funcionarios de aduana nos ven con cara de narcos o lavadores de dinero. Y cómo podría ser diferente si las únicas noticias que llegan de México son los hallazgos cada vez más macabros, lo mismo de policías, capos, inmigrantes o autoridades ejecutadas de mil formas distintas. En menos de una semana, dos alcaldes asesinados. El célebre Malova, gobernador electo de Sinaloa, ha dicho que no falta mucho para que le toque a un gobernador, si es que no podríamos considerar así el del candidato priista Rodolfo Torre Cantú en Tamaulipas. Así que en medio del patrioterismo, bien convendría preguntar el camino que seguirá Puebla en materia de seguridad pública con Rafael Moreno Valle. ¿La cercanía con el presidente Calderón nos conducirá a la paranoia de la guerra contra el narco, o seguiremos la ruta marinista de la paz pactada?


Mario Marín ocupó el tema de la seguridad pública para revivir mediáticamente dado que se trata del único logro relativo de su gobierno: los poblanos pueden estudiar, trabajar, salir a divertirse y montar un negocio sin la sombra de balaceras, levantones, secuestros, enfrentamientos armados o tantas catástrofes más que azotan al país. El oasis de tranquilidad, sin embargo, se rompió con la tesis de los “hechos aislados” defendida por Mario Montero desde el aciago 2008. Entre los hechos más sobresalientes desde entonces se cuenta el atentado contra el subprocurador Víctor Pérez Dorantes y la célebre balacera contra Arturo Beltrán Leyva en diciembre pasado, cuando el capo disfrutaba unos días de vacaciones en una de sus residencias de lujo en Lomas de Angelópolis. En lo general, sin embargo, la tranquilidad de Puebla no se ha roto. ¿Esto es un logro del marinismo o algo más?


Cada vez crece la teoría de que la relativa tranquilidad de Puebla se debe más a un pacto entre los grandes capos nacionales que a la eficiente labor realizada por Mario Ayón y compañía desde la Secretaría de Seguridad Pública. Y es que si algo nos quedó claro a los poblanos, con el caso de Beltrán Leyva, es que la entidad es un reducto de paz para sus inversiones y familias; una plaza neutral, por así decirlo. Sólo así podrían explicarse los grandes movimientos de capitales y el crecimiento en la estructura de servicios, pero sin grandes empresas ni grandes empresarios. Por supuesto que el gobierno cumple una parte activa en este pacto, que se traduce en no hostigar a esas familias ni a esas inversiones. Gracias a ese pacto mafioso los poblanos gozamos de una relativa paz. Muchos lo intuyen desde hace tiempo: que sus vecinos en grandes residenciales y los compañeros de pupitre de sus hijos en las universidades de prestigio viven en la industria del narco. Y son muchos los que creen, creemos, que este statu quo es mucho mejor que combatirlos y desalojarlos de nuestro estado.


Si Puebla vive tranquila gracias a un pacto mafioso que le da tranquilidad a las inversiones y las familias, ¿Rafael Moreno Valle volverá a suscribirlo o terminará con la política de neutralidad por órdenes de la Presidencia de la República? Nadie lo sabe y se trata de uno de los grandes temores de la clase empresarial. Mucho de lo que ocurra depende de quién será designado como secretario de Seguridad Pública en reemplazo del general Mario Ayón. Hace pocos días un grupo de columnistas candidateó a Ardelio Vargas Fosado, actual diputado federal del tricolor pero que por muchos años trabajó en los cuerpos de seguridad federales bajo las órdenes de los gobierno panistas. Sin embargo, pese a la candidateada, Vargas Fosado ha enviado el mensaje de que no le interesa en lo absoluto regresar a las trincheras. No por lo menos hasta que termine su periodo en la actual Legislatura; es decir, el 2012.

 

El nombramiento de secretario de Seguridad Pública es uno de los grandes retos de Moreno Valle. Se da por descontado que la cartera la ocupará un militar proveniente del Estado Mayor Presidencial, y que incluso su nombre ya habría sido puesto en la mesa en las reuniones que el gobernador electo mantuvo con el presidente Calderón y el secretario de Defensa. Si de alguna forma el nuevo titular de Seguridad Pública es un recomendado directo del Ejecutivo, eso quiere decir que Puebla se incorporará de plano a la guerra contra el narcotráfico. En otras palabras, se habrá terminado la tolerancia y el respeto a los capitales y familias del narco derivado del pacto mafioso firmado por Marín. Así que los poblanos podemos decirle adiós a nuestra relativa seguridad. Y claro, con la certeza de que nos llegará el baño de sangre, podremos sentarnos a disfrutar nuestro Bicentenario.

 



 
 

 

 
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