Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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30/09/2010


El último manotazo de Mario Marín


No habrá poder humano que lo detenga: un año después, la nueva imposición de Javier López Zavala, antes como candidato a la gubernatura y ahora como dirigente tricolor, requerirá el mismo método de ayer: sangre y fuego. Consejo Político Estatal cerrado a piedra y lodo. Manifestaciones, gritos, pancartas y empujones mientras se desarrolla la sesión. Interposición de recursos y juicios ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Cualquier costo es válido para Marín con el objetivo de nombrar a su títere, en su último acto de poder menguante. El circo tricolor, por si fuera poco, tiene la autorización directa de Beatriz Paredes, quien desde la dirigencia nacional avala la imposición del próximo 8 de noviembre.


Así que Deloya, Mier, Godina y compañía pueden chillar lo que quieran. Marín se va a ir dando un último manotazo sobre la mesa a costa, nuevamente, de fracturar al PRI. Además tendrá varios cómplices: la burocracia dorada que integra el Consejo Político Estatal. Como el dice el viejo apotegma: “lo que no suena lógico, suena a metálico”. La burocracia quiere cobrar su último aguinaldo antes de iniciar la marcha al desierto. Para cobrarlo, deberán alzar su manita en la unción de Zavala. No hay marcha atrás y el curso de acción es irreversible. Los pocos ingenuos que piensen que Peña Nieto podría intervenir para poner orden se equivocan: el “Golden Boy” anda más ocupado con su sucesión particular, la política antialiancista y su boda con la “Gaviota” que en andar remediando los quebraderos de cabeza de los tricolores poblanos. En esencia, no quiere pelearse con ningún grupo, y ya después verá qué puede hacerse con los ganadores.


Tan inevitable es el curso de acción que Blanca Alcalá anda en Kuwait y Enrique Doger sospechosamente calladito, quizá negociando su silencio a cambio de la coordinación de los diputados locales del tricolor en la próxima Legislatura. Los únicos que hacen alharaca son Memo Deloya, Jorge Morales Alducin, y los exdirigentes Mier y Godina. El resto, conocido como el “Grupo de los Huevos Tibios” por la comida antizavalista en la que nadie se atrevió a criticar a Zavala, ya se cambiaron de bando. Incluso Giorgana, convenientemente, organizó la comida de conmemoración de la LV Legislatura en estos tiempos tan propicios para promocionar a Zavala.


¿Por qué un último manotazo a favor de Zavala? Se me ocurren dos ideas.


Uno: Zavala es el pelele perfecto, tal y como quedó demostrado en la campaña. Es una realidad que el candidato defenestrado le tiene pánico a su mentor. No en balde jamás asumió su postura como nuevo mandamás del tricolor, una transferencia de poder usual que se da en cuanto se postula al candidato tricolor. Sucedió así cuando Melquiades Morales fue ungido como abanderado y Manuel Bartlett dio un paso atrás entregando todas las decisiones al oriundo de Santa Catarina. Igual ocurrió en el 2004: aunque no era su favorito, en cuanto Marín fue designado gobernador en funciones Melquiades dejó de ser, de facto, el priísta número uno de Puebla.


La única excepción a tal transferencia ocurrió en la pasada campaña. Pese a ser designado, Zavala siempre tuvo miedo de que Marín “lo enfermara” y lo despojara de la candidatura. De tal forma, nunca pudo tomar sus propias decisiones y siguió informándole hasta de cuando iba al mingitorio. Tampoco se atrevió nunca a lanzar una crítica al régimen para aparentar una ruptura, un recurso siempre a disposición para darle un aire fresco a la campaña.


En el fondo, Javier López Zavala nunca ha dejado de ser el eterno abrepuertas de Marín, y una vez más se apresta a cumplir esa función: abrirle la puerta del Senado a su papá, pues con el pánico que le tiene nunca se atreverá a disputarle el escaño.
Segunda idea: Mario Marín necesita desesperadamente un escudo que pueda defenderlo de la eventual persecución a la que podría someterlo Moreno Valle. Necesita también un vehículo conductor para reventar, en caso de ser necesario, las innumerables cañerías —como las llama Mejía— o conflictos sociales potenciales —como les llamo yo— en los proyectos de modernización que trae en carpeta el morenovallismo. El caso del transporte público es uno, pero como lo afirmamos anteriormente, si en algo es experto el gobernador, es en todo aquello que rodea el monopolio del ejercicio de la fuerza.


Un PRI debilitado, pero PRI al fin, puede organizar la resistencia de concesionarios, campesinos, prostitutas, directores de medios, caciques regionales, líderes de mercados, transportistas y toda la fauna de controles corporativos que el tricolor generó en 80 años.


Así que Dios Padre no nos salva: Javier López Zavala continuará en la vida pública de Puebla. Pese a la resistencia. Pese a los 33 puntos perdidos en campaña. Pese a que nunca ha despejado la mentira de su oriundez guatemalteca. Pese a ser un mentiroso profesional. Una vez más, a sangre y fuego, el dedo divino lo consagrará.

 

Por supuesto, el morenovallismo brinca de felicidad.

 



 
 

 

 
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