Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
@Nigromanterueda
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30/11/2012


El país que dio un viraje al pasado: el nuevo-viejo PRI


Había una vez un país que decidió regresar al pasado. Un pueblo que cansado de la ineficiencia gubernamental, la violencia y el ruido democrático generado en dos sexenios de gobierno panista se convenció de que era mucho mejor el México de una sola voluntad.


Dominado por la nostalgia de un pasado imperfecto mucho mejor que un presente decepcionante, votó masivamente el regreso del PRI al poder, el partido del que se había liberado 12 años atrás.


Eficiencia política, fin de la violencia y algo de gestión económica ofrecieron.


Racionalidad y concentración del poder.


Nada de honestidad o transparencia.


Adiós al México de los 32 virreyes, de los capos del narcotráfico incontrolables, de los líderes sindicales revoltosos, de los medios de comunicación irrespetuosos.


Orden en la fila del reparto del pastel y una voluntad clara de mandar.


17 millones de mexicanos lo compraron.


Votaron “no” al salto al vacío lopezobradorista.


Rechazaron tajantes una tercera oportunidad al PAN.


El guión del regreso al pasado se cumple a la perfección a 24 horas de la toma de protesta de Enrique Peña Nieto.


Se desanda el camino de la pluralidad conquistada en 20 años.


La Secretaría de Gobernación regresa a ser la súperdependencia con el control de los cuerpos de seguridad e inteligencia.
¡Qué tiempos los de Bartlett y el capitán Gutiérrez Barrios!


Una reforma fast track al servicio civil de carrera permitió despedir a más de 2 mil directores generales y adjuntos del gobierno federal para entregarle esos puestos a los priistas.


Nadie alzó la voz ni reflexionó el atropello.


El electorado votó también para poner un freno al despotismo de muchos gobernadores para regresar al modelo centralista de vida.


También el deseo se cumple.


La nueva comisión nacional anticorrupción puede investigar escándalos estatales o municipales.


Una nueva Ley de Contabilidad Gubernamental, aprobada desde la Federación, obligará a los gobernadores a transparentar los manejos financieros y evitar el teje-maneje de la deuda.


En la forma, el fondo, siempre dijo Reyes Heroles.


Los 32 gobernadores llegarán a la toma de protesta juntos, en el mismo autobús.


Mensaje: nadie se sale del huacal.


Todos formaditos en la misma fila, sean priistas, panistas, perredistas o aliancistas.


La nostalgia de un tiempo mejor incluye también a los medios de comunicación.


Lejos de la frenética actividad persecutora que sufrieron Zedillo, Fox y Calderón, los medios de comunicación se sentaron a esperar los nombres de los nuevos secretarios.


Aplaudieron rabiosamente el empoderamiento de Luis Videgaray y de Miguel Osorio Chong.


Como en los años 70, los medios de comunicación se manejan a la expectativa de un gabinete que llegará sano, ileso, sin cuarteaduras.


No ocurría desde Salinas de Gortari.


Precisamente el peñismo huele a casi lo mismo que el salinismo.


Tecnocracia.


Libre mercado.


Flexibilización laboral.


Un Ejecutivo que recurre el mundo con su sonrisa telegénica.


El peñismo también adolece de los mismos defectos que el salinismo: la ausencia un programa político para contener el descontento social provocado por las reformas económicas.


Tras la reforma laboral impensable en otras épocas, el nuevo gobierno ha trazado la misma ruta crítica en la que fracasaron Fox y Calderón.


Privatizar Pemex y reforma fiscal, las prioridades de la globalización.


Dieciocho años después, Peña Nieto culminará el paso difícil a la modernidad que arrancó Salinas.


Acaso será porque el gobierno de facto recaerá en el innombrable de la política mexicana, mientras que el presidente investido se dedicará a recorrer el país contagiando de su atractiva personalidad, virtud mejor calificada por los mexicanos según la encuesta del Gabinete de Comunicación Estratégica.


El de mañana será un país nuevo, pero al mismo tiempo reconocible en sus rasgos.


Hay revoluciones triunfadoras y las hay perdedoras.


Las segundas son las que no pueden destruir el status quo y se dedican a contemporizar con los poderes fácticos del pasado sin poder instaurar un nuevo orden.


Los panistas nunca pudieron construir el país que querían.


El PRI nunca se fue del todo, dice Héctor Aguilar Camín.


Y menos del alma de los mexicanos.


El trazo del pasado, sin embargo, hace imprevisible el futuro.


¿Abdicarán los medios, partidos de oposición, empresarios, gobernadores, los privilegios que ganaron en dos décadas?


¿Puede el México del siglo XX insertarse en el siglo XXI?


Las manecillas del reloj ya corren hacia la izquierda.

 

El país del pasado vuelve a iniciar.

 

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