Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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31/08/2011


Los criminales ganaron la guerra


Los criminales de México pueden cantar victoria y respirar aliviados. Hoy, que se cumplen cinco años de que el Presidente Calderón lanzó la ofensiva más importante contra el crimen organizado, el gobierno federal luce exhausto. El Ejército, desmoralizado y cuestionado por todos los sectores. Peor aún: una parte importante de mexicanos implora una tregua con los criminales. Atenazados por el miedo, proponen pactar con los lobos para regresar a un supuesto Estado de Paz. Desde las mentes más brillantes a las más obtusas —como la del exmandatario Vicente Fox— argumentan que el narcotráfico no es un problema de México. Que basta con negociar con los grandes capos y darles paso libre para transitar sus cargamentos a Estados Unidos. Sin persecución ni amenazas, no matarán mexicanos ni los secuestrarán: se dedicarán a envenenar a los gringos. Y por nosotros, que se metan hasta el polvo de las alfombras. La guerra no es un problema nacional, sino de Estados Unidos. Con Calderón fuera de Los Pinos y un nuevo pacto que oficialice la convivencia del Estado con los criminales, México regresará a una Pax Perpetua. No más descabezados, ni ejecutados, ni fosas, ni Casinos Royale.


El crimen organizado, autor de la matanza nacional, hasta ahora ha salido impune. Cada vez que eleva su nivel de peligrosidad al grado de rozar el terrorismo, las voces nacionales no se dirigen a condenarlos. Todos voltean a señalar a Felipe Calderón como el autor de una guerra que nadie quería. Y que tampoco necesitamos. Y que de la decisión de luchar porque el Estado mantenga el monopolio de la coacción han sobrevenido todos los males. El espurio, dicen, lo hizo para legitimarse. Y ahora, su Estado Policial va a más. Los hechos ocurridos en Torreón y Monterrey fueron organizados por el propio gobierno federal para crear un clima de miedo en el que pueda aprobarse una Ley de Seguridad Nacional que restringe las garantías ciudadanas. Lo mismo que hizo Bush con el 11 de septiembre de 2001. Créalo o no, circulan en You Tube los videos de la teoría del complot a la mexicana, en la que se prueba la conspiración calderonista.


El gobierno federal ha sido puesto contra la pared. No lo lograron los criminales. Fueron los propios mexicanos al hacerlo blanco de la campaña de descalificación. Los que se siguen desangrando por la herida del 2006. El poeta español Miguel Hernández, antes de caer abatido por el franquismo, escribió un libro sobrecogedor: El rayo que no cesa. Aquí, en México, es el odio el que no cesa. La sociedad está fracturada por el resentimiento. Y los únicos ganadores son los criminales.


Además del odio, en la sociedad mexicana hay mucho miedo, la emoción primigenia de la autodefensa. El pacto que imploran los mexicanos es su hijo. Hay pocos antecedentes de tal ruego. Los italianos, azotados por la Cosa Nostra infiltrada en los más altos niveles del gobierno, jamás rogaron por un pacto. Tampoco lo hicieron los japoneses con la Yakuza ni los rusos con la Solntsevskaya. Ningún Estado, fallido o exitoso, ha aceptado la rendición. Puede encontrarse una lógica: la rendición de estos mexicanos, producto del miedo, es similar a aquella que asumen los conquistados a manos de los conquistadores para evitar la destrucción total.


En un entorno social sano, nadie en su sano juicio meditaría un pacto con los criminales. Y mucho menos una tregua o una amnistía. La idea de que tras la firma de la paz deshonrosa los narcos se dedicarán a envenenar a Estados Unidos es francamente ingenua. Con los lobos no se pacta: matar está en su naturaleza.


Los promotores de la tregua ignoran que el consumo de drogas se ha disparado en México. Y que sus primeros clientes son adolescentes. Y que tras el lucrativo negocio, los criminales tienen negocios extra como secuestros, levantones y pago del derecho de piso como ocurrió en el Casino Royale de Monterrey. Tras la abdicación, ¿qué nos espera? ¿Que todos los mexicanos nos sumemos al negocio, unos dealers, otros como sicarios? ¿Qué abandonemos empresas y escuelas para montar narcotienditas? ¿Qué en unos años el Chapo Guzmán sea electo presidente?


Odio y miedo es una mala combinación de sentimientos. Pero es el entorno nuestro de cada día. El ambiente en el que crecen niños y jóvenes. Es cierto: al gobierno federal se le debe enjuiciar. Por su mala estrategia. Por no concentrarse en el flanco financiero. Porque a cinco años de distancia de lanzarse la guerra, la violencia no desciende sino que se incrementa. Por quitarle al Ejército su prestigio. Por su incapacidad para capturar al Chapo. Pero no lo señalemos por lanzar la guerra para recuperar a México. Y para todo lo demás, se acerca julio de 2012, la contienda democrática en la que su partido pagará el juicio histórico de los mexicanos.


**** Sobre la disparatada petición salarial. La escalada del conflicto entre el gobierno morenovallista y la sección 25 del Sindicato de Salud vivirá momentos tensos. Por la gravedad de la situación, el Comité Ejecutivo Nacional del Sindicato se integrará a las negociaciones. Este día, Aguilar Chedraui se entrevistará con Jorge Sánchez, secretario técnico del Consejo Nacional de Salud, para enterarlo de la gravedad de la situación.


Si el fin de semana no hay arreglo y el sindicato procede al paro todo se agravará. Y es que la toma de hospitales y la cancelación de los servicios de salud es un delito tipificado. Ojalá llegue la cordura a las bases sindicales.

 

**** Puebla amanece con 400 policías menos. Una más de Eduardo Rivera Pérez. ¿Cuántas más?

 



 
 

 

 
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