Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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31/10/2011


El que pega primero, pega dos veces


En los ocho meses restantes de campaña rumbo a la elección presidencial Enrique Peña Nieto deberá asumir más tarde que temprano una postura acerca de qué hará con la guerra al crimen organizado. La estrategia panista, ya sea Josefina Vázquez Mota o Ernesto Cordero su abanderado, pretende arrinconar al priismo en este tema en particular. Cualquiera de las posturas que asuma el exgobernador mexiquense presenta derivaciones riesgosas para regresar a Los Pinos en la pretensión de instaurar un modelo restaurador. La censura explícita a la táctica calderonista le abriría un frente con Estados Unidos, el vecino incómodo que en el discurso incita la persecución de los grandes capos pero que en los hechos permite el trasiego y comercialización de drogas. El discurso del regreso al Ejército a los cuarteles también abriría un frente con las fuerzas castrenses que se han jugado el pellejo en los últimos años, además de que fueron los priistas quienes lo lanzaron a la lucha. Peña Nieto tampoco puede proponer la negociación con los capos del narcotráfico. Y el silencio incrimina a los propios priistas ya que la emergencia nacional ocurre en estados gobernados por ese partido como Chihuahua, Nuevo León, Tamaulipas y Veracruz.


Enrique Peña Nieto tiene poco margen de movimiento en el tema que dominará la agenda de campaña. La teoría de ganar en resbaladilla, tal como la dibujó el intelectual Jorge Volpi en Reforma, encuentra un freno en la postura tricolor en la guerra contra el crimen organizado y sus más de 40 mil muertos. Una eventual victoria en 2012 sin definiciones sobre el tema parece imposible. Sin embargo, de ocurrir, lo único que provocaría sería trasladar el conflicto al ejercicio del poder. Continuar la estrategia en los mismos términos provocaría al eventual gobierno peñanietista los mismos epítetos que se lanzan en contra de Felipe Calderón por parte de los mismos grupos radicales que incluso plantean llevar al presidente a la Corte Penal de La Haya. Ya en pleno gobierno un cese al fuego despertaría el “sospechosismo” de una negociación con los capos provocando el repruebo de Estados Unidos.


El único cambio sustancial de un eventual presidente Peña Nieto sería en la táctica: en lugar de un fuego abierto, golpear a los cárteles en donde más les duele: las billeteras. Lanzar una gran operación en contra del lavado de dinero del narcotráfico. El problema es que tal planteamiento arrastraría a un grupo de priistas connotados que han hecho de la industria de los casinos, negocios fantasmas e incluso instituciones bancarias el nicho ideal para resguardar los millones de dólares anuales que recibe la industria del delito. Apellidos destacados del Grupo Atlacomulco, como los Hank, saltarían a la esfera pública y dinamitarían la estabilidad interna del tricolor. Una puerta cerrada más para Peña Nieto.


Ahora se entiende la tardanza del exgobernador mexiquense para posicionarse en el tema del crimen organizado. Ninguna postura es convincente y en realidad se trata de trampas hábilmente diseminadas. Sobre ese silencio radica parte de las esperanzas del panismo para retener la Presidencia. La postura es urgente ya que la omisión es aprovechada para lanzar misiles sobre la campaña tricolor tal y como lo hizo Felipe Calderón en su célebre entrevista de hace un par de semanas al New York Times en la que abrió fuego por la postura de que el PRI es un partido afín a la negociación con los cárteles. En medio de aclaraciones y reclamaciones por parte de la elite tricolor, el mensaje presidencial dio en el blanco.


El que pega primero, pega dos veces. Calderón ya encontró la zona blandita del PRI: evidenciar las contradicciones en el discurso de la seguridad pública y evidenciar el trabajo de los gobernadores en los estados conflictivos. Enrique Peña Nieto busca mecanismos de contención pero ninguno parece suficiente.


**** La postulación de Villanueva al OFS. Tras una amplia valoración que incluyó aspectos familiares y profesionales, David Villanueva Lomelí será postulado este día como aspirante a Auditor General del OFS por un conjunto de instituciones académicas y colegios profesionales que cualquier otro aspirante difícilmente podrá igualar. En sus años en la administración pública federal, luego de terminar su doctorado avalado por la Sorbona, Villanueva tejió una importante red de alianzas políticas, académicas y profesionales que le permitieron ocupar la presidencia del Colegio Nacional de Licenciados en Administración Pública. También es uno de los pocos asociados al prestigiadísimo Instituto Nacional de Administración Pública (INAP). 


Villanueva tiene los méritos profesionales y académicos para llegar al cargo, además de una honestidad a toda prueba. Varios años en la vida académica y la administración pública en todos los niveles sin escándalos de por medio avalan su ética profesional.

 

A lo largo del día acudirán al Congreso local varias instituciones académicas, encabezadas por BUAP, así como Colegios Profesionales, que postularán a Villanueva Lomelí. Otros aspirantes destacados como el abogado Fernando Chevalier Ruanova harán bien en inscribirse al proceso porque dejarán su nombre para posteriores designaciones. De acuerdo con la agenda del Congreso local, las entrevistas a los aspirantes se practicarían el lunes 7 de noviembre y probablemente una semana después el Pleno del Congreso elegiría al nuevo Auditor General. Por el bien de Puebla los diputados locales harían bien eligiendo a Villanueva Lomelí.

 



 
 

 

 
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