Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda

01/06/2009

Cabildazo para evitar otro narcoalcalde


El priísmo poblano no olvida que en sus filas tiene el caso del primer narcoalcalde mexicano, Rubén Gil Campos, presidente municipal de Izúcar de Matamoros que fue detenido el año pasado en Estados Unidos y trasladado a una Corte en Nueva York, donde todavía aguarda su juicio mientras convalece en un hospital. Y ahora, tienen el temor de que el panismo explote electoralmente el caso luego del operativo de la Policía Federal y el Ejército en Michoacán donde detuvieron a 29 funcionarios acusados de cargos de narcotráfico, entre ellos 10 alcaldes de todas las filiaciones partidistas en un operativo que causó escándalo nacional. Entre los gobernadores del PRD y el PRI hay miedo de que sus entidades y funcionarios sean intervenidos “judicialmente” por la Federación en el marco de las elecciones federales. Por ello, el alto mando marinista decidió cortar de tajo cualquier riesgo y eliminar al último vínculo de El Gavilán con Izúcar de Matamoros, su cuñado y alcalde suplente Arturo Herrera, depuesto ilegalmente la semana pasada por el Cabildo.

 

La orden salió desde Casa Aguayo luego del operativo de la PGR en Michoacán donde se detuvo a 29 funcionarios, entre ellos 10 alcaldes de distintas filiaciones partidistas y personajes cercanísimos al gobernador Leonel Godoy. Al margen de la guerra contra el narcotráfico, las dirigencias nacionales del PRI y del PRD lo entendieron como un acto electoral para debilitar a los gobernadores, por lo que Jesús Ortega y Beatriz Paredes notificaron a sus gobernadores que debían eliminar cualquier riesgo de que la PGR detuviera a funcionarios de alto rango o alcaldes. Evitar darle argumentos a Calderón y al PAN nacional para “presumir su guerra contra el narcotráfico” o provocar un show electoral.

 

En el despacho de Mario Montero se hizo la evaluación correspondiente: a pesar de que en Puebla hay presidentes municipales bajo sospecha de relaciones con el crimen organizado, como Eleazar Pérez Sánchez en Atlixco, el riesgo real del PRI es Rubén Gil Barroso y su grupo político en Izúcar de Matamoros. Después de la detención de El Gavilán en los Ángeles en marzo del 2008, su cuñado quedó al frente del gobierno municipal con el apoyo del gobierno marinista a pesar de que el regidor de gobernación, Rubero Galileo, había agrupado prácticamente a todo el municipio para impedir que el cuñado del narcoalcalde se apropiara de la presidencia municipal. Pero no: desde Casa Aguayo permitieron que Rubén Gil mantuviera el control de su alcaldía.

 

Durante un año el cuñado del narcoalcalde Arturo Herrero gobernó con el apoyo de Casa Aguayo. Y sin embargo, su suerte cambió abruptamente el miércoles pasado, casualmente un día después de la detención de los narcoalcaldes michoacanos. De golpe y porrazo, el cabildazo que le aplicó Rubero Galileo –igualito al del año anterior- obtuvo la aprobación del secretario de Gobernación en aras “de la gobernabilidad y paz del municipio”.

 

El cabildazo a Arturo Herrera Velázquez, cuñado del narcoalcalde, es absolutamente ilegal porque de acuerdo a la Constitución local la destitución de un presidente municipal (así como del síndico) es materia exclusiva del Congreso del Estado. Y aunque Mario Montero es un excelente abogado, dio por bueno un acto absolutamente ilegal para “garantizar la paz social” en el municipio de Izúcar de Matamoros. ¿Cuál nos chupamos?

 

Ninguno: la realidad es que el gobernador Marín no quiere arriesgarse a que el PRI poblano salga en los noticieros nacionales. Que Felipe Calderón tenga pretexto para ordenar una intervención judicial o un show mediático en el que la Policía Federal o el Ejército penetren el Palacio Municipal de Izúcar para ir por su alcalde. Si quieren, en todo caso, que busquen a Arturo Herrara Velázquez en su casa para preguntarle por su cuñado Rubén Gil. Pero no en el Palacio Municipal. Y mucho menos que lo relacionen con el PRI poblano ahora que están enderezando la posición del partido en las encuestas. Y todavía menos con que el gobernador poblano palomeó la nominación de Rubén Gil en los comicios locales del 2007.

 

Hace bien el tricolor en prevenir un golpe del gobierno federal. Porque si fuera por el panismo poblano, no tendrían nada que preocuparse: aunque su campaña en los últimos meses se ha basado en exaltar la guerra de Felipe Calderón contra el narcotráfico y exhibir al PRI como un partido político ligado al crimen organizado, a Rafael Micalco y los candidatos albiazules no les ha pasado por la cabeza explotar electoralmente el caso del primer narcoalcalde mexicano, Rubén Gil Campos.

 

Tendrán cosas más importantes que pensar.

 



 
 

 

 
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