Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda

02/03/2009

80 años


El Revolucionario Institucional es un misterio sin resolver para la ciencia política. Se trata de una de las organizaciones más longevas del mundo –quizá sólo superado por los partidos laboristas europeos- que perdió el poder y doce años después de su derrota, se apresta a recuperarlo. Se trata, además, de una organización que transitó del dominio hegemónico –rayante en la ilegalidad- a la franca competencia democrática. Y el rasgo más sorprendente: se trata de un partido que no ha renovado ni a sus elites ni su forma de organización. Ahí siguen los mismos que estuvieron el 2 de julio del 2000: Beatriz Paredes, Manlio Fabio Beltrones, Emilio Gamboa. También están ahí las organizaciones obreras oficialistas y la representación campesina que ya no representa a nadie. La CNC, la CTM, el FJR y la CNOP. Siglas que ya no nos dicen nada. En resumen: aunque la transición democrática provocó que al PRI le levantáramos acta de defunción, sigue ahí y más vivo que nunca. Y además, con perspectivas de recuperar la Presidencia de la República en el 2012.

 

A mediados de los ochenta, el genial ensayista Gabriel Zaid lanzó una hipótesis aventurada: cómo viviría México sin el PRI. Lo aventurado de la hipótesis radicaba en que hasta ese momento nadie, absolutamente nadie, se había planteado la posibilidad de que el PRI perdiera la Presidencia de la República. O la mayoría en el Congreso de la Unión. O por lo menos una gubernatura. Una década después del ensayo de Zaid el tricolor había cedido varias gubernaturas y los municipios más importantes del país a la oposición, así como el centro neurálgico que es el Distrito Federal. En 1997 perdió la mayoría de la Cámara de Diputados. En el 2000 la Presidencia de la República y el Congreso de la Unión. Y sin embargo, no se murió. La hipótesis de Zaid se cumplió en parte –el tricolor perdió gran parte del poder-, pero no se fue de la vida institucional de México: conservó un buen número de diputados, senadores y gobernadores. La amalgama de intereses permaneció y se insertó en los tiempos democráticos.

 

El regresó del PRI al poder presidencial parece inminente: la encuesta de Reforma publicada ayer da nuevamente una muy amplia ventaja a Enrique Peña Nieto sobre cualquier otro aspirante panista o perredista. Antes del 2012, el tricolor parece recuperará la mayoría en la Cámara de Diputados y espera sumar otras tres gubernaturas a las 17 que ya tiene en sus manos. Pero cómo o porqué los mexicanos harán regresar al PRI a la Presidencia es el misterio, ya que en el mismo PRI no se ve ningún tipo de cambio visible o hasta invisible.

 

Veamos: el Revolucionario Institucional siempre se caracterizó por una especie de pragmatismo ideológico: nunca fue marxista ni comunista. Más bien, siempre justificó su ejercicio de poder en el constante mejoramiento de las condiciones de vida de obreros y campesinos y el respeto a la Constitución. Simpatizante de la izquierda, pero nunca izquierda formal. En los ochentas el vaivén se dio a la derecha y al neoliberalismo. En su ochenta cumpleaños se observa la misma vacuidad ideológica: aunque los estatutos modificados establecen que se trata de un partido de democracia social, en la práctica ninguna de sus políticas públicas o legislaciones tienen tal carácter.

 

La ideología no se ha renovado, pero tampoco las élites partidarias. El desprendimiento más doloroso de los últimos años es Elba Esther Gordillo, pero fuera de ella la casta generada en los sexenios salinista y zedillista sigue controlando al partido: Emilio Gamboa, Beatriz Paredes y Manlio Fabio Beltrones conocieron el primer nivel de la política con Carlos Salinas de Gortari. Después de la derrota en el 2000, continuaron manejando el partido sin que hasta ahora, nadie se los haya podido arrebatar. Y ya se preparan a rotar posiciones.

 

El único cambio visible en la estructura de poder es el encumbramiento de los gobernadores como parte del mando directivo: antes meros empleados del Presidente, luego de la alternancia se convirtieron en sostenes financieros del CEN y señores feudales en sus territorios. En cada entidad federativa, el gobernador es claramente jefe de partido y lo único que se permite es tomar decisiones consensuadas con Beatriz Paredes, pero nadie les puede imponer nada. Por si fuera poco, además, adquirieron el derecho supremo de dejar sucesor, que su vez les regresa el favor mandándolos al Congreso. El camino de la élite priísta parece circular: Senado-San Lázaro-Gubernatura. Y vuelta a empezar.

 

En ochenta años de vida no ha cambiado, y mucho menos en el virus que inoculó en el resto de los mexicanos, sus partidos y sus políticos: la visión de la política como patrimonialismo, en el que la cosa pública es patrimonio privado de sus gobernantes y por tanto, pueden disponer libremente de ella, de acuerdo precisamente a sus intereses privados.

 

¿Cómo, entonces, es posible que los mexicanos quieran de regreso al PRI? Mañana trataremos de resolver el misterio.

 

*** Un éxito del Ayuntamiento. La cifra de 15 millones de pesos parece poca, pero para las 64 unidades habitaciones que recibirán del gobierno municipal mantenimiento a sus edificios y fachadas es un gran logro, después de varios años.

 

El logro se lo anotan Blanca Alcalá y Víctor Giorgana, quienes ayer convocaron la presencia de más de mil líderes vecinales para presentar el programa en el Centro de Convenciones.

 



 
 

 

 
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