Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda

02/04/2009

Un partido de facciones y vedettes


Luego de su aplastante victoria en Teziutlán, en la que ganó 3 a 1 a las fuerzas de Rafael Micalco y Eduardo Rivera, pese a la operación directa de José Luis Carmona, Roberto Grajales Espina literalmente enloqueció. El miércoles previo a la frustrada elección de diputados plurinominales, se dedicó a proferir amenazas en contra del ala yunquista que lo marginó del poder. “Ahora sí, nos los vamos a chingar”, soplaba al oído de cualquiera que lo quisiera escuchar. “Les vamos a quitar la dirigencia con el apoyo de Moreno Valle”, afirmaba el hoy delegado de Relaciones Exteriores. Con más prudencia, su mentor político Ángel Alonso Díaz Caneja matizaba el mensaje “Se acabó la era de las exclusiones, vamos por la nuestra”.

 

Tales amenazas cayeron en el oído fértil del odio. Rafael Micalco y Pablo Rodríguez Regordosa revisaron una y otra vez los pronósticos. A elección abierta, centros de votación y participación de todos los miembros activos, las posibilidades de control que brindaban las convenciones habían desaparecido. El miedo les penetró el cuerpo. ¿Y si Grajales les ganaba? ¿Si el apoyo resuelto de Moreno Valle inauguraba un cambio de hegemonía? ¿De qué vivirían ahora si les arrebatan las dirigencias estatal y municipales? ¿Si comienzan a arrebatarles las plurinominales? ¿Tendrían que trabajar ahora sí? Con el miedo en el cuerpo, la tomaron contra Moreno Valle como responsable: si no hubiera apoyado a Grajales, su dominio no estaría en peligro. Reventaron el proceso, como lo narramos en columnas anteriores.

 

Ambas anécdotas revelan que ninguno de las tribus yunquistas tiene la razón en la historia de la cancelación del proceso de elección de diputados plurinominales. Más bien, que en su polarización todos son culpables. Y que ese partido de facciones, Acción Nacional, será el gran lastre de Rafael Moreno Valle en el 2010. Extremos de la línea: si el poder es el cemento que une a los priístas, el mismo poder es la sustancia que divide al panismo.

 

Moreno Valle, como señalan las encuestas, es el mejor candidato rumbo al 2010. Después de dos campañas estatales, su conocimiento supera ampliamente al de los aspirantes priístas. Pero su destino parece en riesgo de colisión si antes no logra un proceso de conciliación entre las tribus yunquistas que le permita a Acción Nacional convertirse en un verdadero partido, esto, es una maquinaria de lucha por el poder. Si las ambiciones se centran siempre en las plurinominales, nunca lograran victorias en las elecciones de mayoría. No es gratuito que la oposición jamás ha obtenido un triunfo en 16 de los 26 distritos electorales locales.

 

Pero la polarización apenas empieza: la renuncia –o despido- de Ana Teresa Aranda la subsecretaria de Gobernación, que será oficial mañana, un día antes de que se venza el plazo constitucional, confirma que La Doña será candidata. El misterio se mantiene si será plurinominal, de mayoría, o ambas. Cualquiera de las tres opciones le da vida a su proyecto de competir con Moreno Valle por la candidatura a la gubernatura. A costa, por supuesto, de los intereses del propio partido.

 

Y es que la mezcla de ruegos e indecisión de Ana Teresa Aranda provocó la inmovilización de las cuatro candidaturas de la capital. Los candidatos del PRI son malos; casi mancos, por no decir tartamudos. La oferta tricolor de Natale, Paco Ramos, Blanquita Jiménez y Leobardo Soto es pobrísima. Pero los tullidos se vuelven candidatazos cuando no tienen nadie enfrente. Casi campeones.

 

Los dos últimos meses los candidatos priístas hicieron su precampaña, asistieron a medios de comunicación, pintaron sus bardas y organizaron su estructura. Mientras tanto, ¿qué hizo Acción Nacional? Rogar y rogar para que Ana Teresa Aranda aceptara bajarse de su pedestal de la soberbia y aceptar competir por el distrito XI con la esperanza de que arrastra a Miriam Arabian, Luis Mora Velasco y el ilustre desconocido que acepte el VI.

 

Así, mientras en el resto del país la diferencia entre Acción Nacional y el PRI se cierra al empate técnico, según sondeos nacionales, aquí la asociación de encuestadores locales –siempre serios y confiables como Rigoberto Benítez y Rodolfo Rivera- afirman que la ventaja se mantiene en por lo menos 10 puntos porcentuales. Vaya, que los mancos y tullidos le van a ganar a la superestrella Ana Teresa Aranda, siempre y cuando sea candidata.

 

¿Qué partido serio abandona una elección federal de tanta importancia por privilegiar a una vedette? Inexplicable: porque aún cuando Ana Tere ya renunció, el misterio se mantiene sobre si será candidata. El vacío electoral, por si fuera poco, se mantendrá hasta el 15 de febrero, fecha límite que dio el IFE para registrar a los candidatos panistas.

 

Sí: los mancos y tullidos del tricolor no tienen enemigo en el frente. Porque el PAN tiene poco de partido y mucho de facción. Y también tiene muchas vedettes.

 



 
 

 

 
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