Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda

02/06/2009

La Corte le da pa´tras, papá


Es un ridículo redondo: por todos lados quedará exhibido el marinismo cuando la Suprema Corte de Justicia eche abajo la reforma electoral local a modo que aprobó la fracción priísta amafiada con la chiquillada colaboracionista. Ridículo porque pensaron que un grupo de diputadillos podían burlarse del Constituyente Permanente y del control constitucional ejercido por el tribunal más alto de la Nación. Ridículo porque quedó exhibido el desprecio a la división de poderes por un mandato soberbio que piensa que todo México debe plegarse a sus ambiciones aldeanas. Ridículo porque finalmente el gobierno que acaba, deberá coexistir seis meses con el gobernador electo, por más que eso incomode la alta investidura de Mario Marín. Ridículo por encargar la redacción del polémico artículo tercero transitorio a dos tontitos funcionales apellidados Bailleres y Fernández del Campo. Y ridículo, finalmente, porque su operación grotesca será derrotada y con ello, se debilitará la idea aquella de que el marinismo todo lo puede. Que sólo sus chicharrones truenan. Y que nada ni nadie puede detenerlos.

 

En el marinismo ya sólo hay resignación ante lo inevitable: la Corte y sus doctos ministros, en un plazo máximo de tres meses, harán respetar al Constituyente Permanente y acelerarán el calendario electoral para julio del 2010 y con ello, también acelerará el final del ciclo político llamado marinismo. En lugar de aceptar la reforma electoral por las buenas, las resistencias harán que el resolutivo de la Corte sea un terremoto político para el PRI y el Instituto Electoral, así como para el ridiculizado Congreso local.

 

Los diputadillos que pretendieron burlarse de la Constitución tendrán que realizar la reforma electoral secundaria ante la mirada vigilante de los ministros y sin margen para artículos mañosos o contenidos que escamoteen los avances depositados en la Carta Magna. A partir del jueves, Bailleres y compañía deberán avocarse a realizar una reforma de avanzada para no caer (again) en un ridículo supremo. Su tiempo es limitado una vez que el Instituto Estatal Electoral deberá iniciar el proceso a más tardar en el mes de noviembre del presente año, en lugar de marzo de 2010. Y ya que ambas maquinarias se hayan echado a andar, vendrá el movimiento supremo de los partidos: la nominación de sus candidatos a la gubernatura, a alcaldes y diputados, también adelantadas.

 

El argumento aquel de que el gobernador Marín mantuvo los comicios para noviembre para no coexistir con el mandatario electo, por pura cuestión de vanidad, es absurdo a todas luces en un hombre de poder. La lógica de mantener los comicios en noviembre respondía a una necesidad de ganar tiempo para moldear el plan sucesorio. Para tomar decisión más importante de su carrera política, Mario Marín necesitaba la mayor acumulación de tiempo para valorar sus piezas en el tablero, la coyuntura en que se mueven, las necesidades del partido, las muestras de lealtad y sobre todo, el movimiento del escenario político nacional. Cuatro o cinco meses resultaban básicos para entender quién será el candidato presidencial del tricolor: si Enrique Peña Nieto, Manlio Fabio Beltrones o Beatriz Paredes, así como los resultados de la negociación entre grupos. El gobernador necesitaba esos cuatro o cinco meses extra para analizar la coyuntura nacional u obrar en consecuencia con sus propias piezas.

 

Veamos la línea temporal de acuerdo con los tiempos originales, sin adecuar a la reforma electoral. Para los comicios del 2004, celebrados en noviembre, de acuerdo con diversas fuentes se sabe que Melquiades Morales tomó su decisión en la segunda quincena de enero, días después de su Quinto Informe de Gobierno. Es importante recordar que Chucho Morales Flores, en la boda de Rafael Moreno Valle, ya recorría las mesas del brazo de Mario Marín llamándolo “!Mi candidato, chingao”. La unción oficial del hoy gobernador ocurrió en un Consejo Político Estatal del PRI, celebrado en la segunda quincena de febrero, en el que se recuerda a un Germán Sierra escarbando la tierra con su zapatos mientras los consejeros tricolores votaban a Marín.

 

Es decir, Melquiades Morales tomó su decisión con casi diez meses de anticipación para elecciones previstas en noviembre. Si Mario Marín debiera seguir la misma lógica, o por lo menos una parecida, resultaría que el candidato priísta para el 2010 debería surgir por lo menos en noviembre del 2009.

 

¿Cuál es la diferencia de tiempos entre la sucesión de Melquiades Morales y la de Mario Marín? Pues que en febrero de 2004 la coyuntura nacional estaba muy clara: Roberto Madrazo ya se perfilaba como el candidato presidencial del PRI, y por tanto era conveniente establecer una negociación con el tabasqueño aceptando la candidatura del hoy gobernador.

 

Pero resulta que el adelanto provocado por la reforma electoral altera los tiempos para que Marín entienda la coyuntura nacional, así como la negociación a la que puede llegar con quien se haya perfilado como candidato presidencial del tricolor. En noviembre del 2009, apenas unos meses después de las elecciones federales, el juego todavía no es claro. Y ya se sabe que dependiendo de si es Peña Nieto, Beatriz Paredes o Manlio Fabio, el gobernador jugará con fichas distintas.

 

El tiempo escamoteado a la reforma electoral también era esencial para que el delfín Zavala subiera en las encuestas: la resolución de la Corte también arruinará esa parte del plan, razonamiento que ampliaremos mañana.

 

Ni cómo hacerle: ya sea para noviembre o para julio, la elección del 2010 ya se anuncia caótica. No sólo por el acostumbrado choque de aspirantes, precandidatos y candidatos a todo lo que se mueve, sino por la desestabilización institucional que sufrirá la entidad. El marinismo jugó con fuego y se quemó, algo que habíamos advertido desde que la Corte resolvió con rudeza las triquiñuelas tricolores de Colima.

 



 
 

 

 
Todos los Columnistas