Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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03/06/2010


El viejo dilema de ganar por la mínima, o jugar bonito y convencer a la grada


Tras el intenso bombardeo que sufrió durante un par de semanas, Rafael Moreno Valle salió indemne y quizá más fortalecido de lo que sus enemigos esperaban. Y si es que la estrategia de aniquilación falló, por supuesto, no se debe a la falta de entusiasmo de sus aliados ni a la poca contundencia de los señalamientos. El PRI disparó sus balas, pero del alguna forma rebotaron en el pecho del candidato de la Alianza Opositora a la gubernatura. Y los cerebros tricolores ya saben lo que necesitaban y la dificultad de la empresa en los 30 días por venir: los simpatizantes de Moreno Valle no constituyen un electorado leal, sino extremadamente leal. Así que bajarlo de los 35 puntos de intención de voto ya es un sueño guajiro: su piso de casi 700 mil votos está asegurado. Ahora la pregunta es si el panista tiene techo, es decir, si podrá crecer lo suficiente. El saldo del bombardeo común, los escándalo financieros y el de la casa de la señora Leticia Julián prácticamente dejaron un empate, pero la diferencia se deslizó un puntito, de tal forma que la ventaja de Zavala ahora se cifra en los ocho puntos porcentuales.


Así que con Mundial de Fútbol y debate de por medio, la estrategia de ambos bandos resulta clara: Moreno Valle tratará de ganar un puntito porcentual por semana entre el electorado indeciso, y así cerrar 3 o 4 puntos abajo para apostar por la movilización magisterial y la estructura de sus cuatro partidos para rebasar por la mínima. Del otro lado, se trata de resistir los embates en la capital del estado y la zona metropolitana, la demarcación propia de un electorado más sofisticado, y atrincherarse en el interior del estado, sobretodo en los distritos de la Sierra Norte que todavía garantizan una base electoral importantísima.


Indirectamente, Javier López Zavala debe agradecerle a Eduardo Rivera que su campaña todavía no entre en el rango de los focos rojos. Y es que el yunquista ha resultado todo lo que se esperaba de él: un candidato anodino, gris e ingenuo. Un personaje con perfil un poquito más atractivo ya hubiera rebasado a Mario Montero, que no tiene para donde crecer puesto que ya encontró su techo de conocimiento e imagen. De alguna forma, el ex Patrullero 777 es el gran freno a la campaña de la Alianza Opositora. Un lastre con el que deben cargar en la ciudad desde Moreno Valle a los carismáticos Mario Riestra  y Tony Gali. Y es que alrededor de Rivera no hay Alianza, sino puro PAN. Hasta ahora no recuerdo un mítin exclusivo del candidato aliancista a la alcaldía que haya sido respaldado por los dirigentes de la Alianza Opositora. En otras palabras: el barco de Lalo va solo y a nadie le interesa que gane. Pero la contradicción es que Lalo debe ganar para que la Oposición pueda saborear la gubernatura.


Una diferencia fundamental entre Mario Montero y Javier López Zavala es que el primero prácticamente ignora a su rival: ni lo ve, ni lo oye. El abanderado a la gubernatura, por el contrario, se la pasa hablando de Moreno Valle y haciéndole publicidad. Mala o buena, pero publicidad gratuita al fin. Eduardo Rivera, como no ve rival al frente, se la pasa bateando bolas de humo al grado de llegar a la ingenuidad de avalar el gobierno de Blanca Alcalá y prometer su continuidad, algo que en teoría debería corresponderle a Montero.  Pero no: el panista ya avaló la forma de gobernar del tricolor y ni siquiera se dio por enterado. Un ridículo absoluto.


La llegada de Humberto Aguilar Coronado no arregló nada, pues ya se sabe que al Tigre le gusta venderse mucho pero termina trabajando poco. Es guevon, vaya. No hace trabajo de estructura, y siente que con presentarse a las ruedas de prensa y dar una que otra entrevista radiofónica ya la hizo. El mismo estilo de hacer política que lo llevó a perder todas las posiciones por las que ha competido.


La verdad es que nadie en la Alianza quiere meter las manos por Eduardo Rivera, al que se le acabaron los foros interesantes pero todavía tiene muchos cruceros para volantear, la campaña tradicional del PAN.  Los empresarios del Yunque le prometieron dinero, pero es la hora en que no se la entregan. Total, un candidato un poco más competitivo ya habría metido en un brete al PRI en la capital, y por tanto, la reserva del voto verde en el interior ya sería insuficiente para sostener la ventaja de ocho puntos.


Retomando: las balas zavalistas rebotaron el pecho de Moreno Valle, y no se sabe hasta dónde se generó un efecto de invulnerabilidad. Es decir, si la sociedad juzga que la información que se ventile sobre él es producto de la batalla por el poder y no de irregularidades reales, será muy difícil impactarlo. Harán falta entonces balas de plata y en una de esas hasta kryptonita. El caso del hoyo financiero pudo convertirlo en un invulnerable al estilo de López Obrador, o un personaje del tipo Fox en la elección del 2000 luego de su martes negro.


La otra estrategia es abandonar la idea de una balacera y regresar al script original: ponderar las ventajas del tricolor en temas como economía popular y educación pública, y regresar al discurso del PAN como responsable de la crisis económica y de seguridad pública. Es decir, explotar nuevamente los lastres de la marca panista-perredista y confiarle todo a la marca PRI.


Pero en este dilema Zavala debe tomar la decisión: desaparecer dos semanas y entregarle al papel protagónico a Estefan y Doger no dejó buenos dividendos. ¿Apostar todo al PRI le dará la legitimidad que necesita, o ya de plano es ganar de panzaso y por la minima diferencia?

 

Algo hay de futbolístico en todo esto ahora que viene el Mundial: se puede ganar y convencer, o meter un golito y resistir en la portería hasta el pitido final.  ¿Cuál es el camino de Zavala?

 

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