Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda


04/01/2010


Quinto Destape e Inocentada


El gobernador Mario Marín, flanqueado por su delfín, adelantó el Día de los Inocentes para su gabinete legal y ampliado prometiéndoles trascendencia sexenal si Javier López Zavala retiene la gubernatura para el grupo. Adelantando 10 días la tomadura de pelo tradicional, la tarde del 18 de diciembre el gobernador aprovechó la última reunión de gabinete para destapar por quinta ocasión a Zavala como candidato del PRI a la gubernatura y aclararle, a los muchos no convencidos de su postulación, de que él y sólo él tiene poder para mantenerlos en la nómina gubernamental. Un fenómeno político inusitado: el gobernador Zavala gobernará con los mismos hombres con que gobernó el gobernador Marín. No es un trabalenguas ni una cacofonía, sino una verdadera broma para consolar a todos los miembros del gabinete que se ven en el desempleo si el todavía titular de Desarrollo Social llega al poder.

 

La promesa de trascendencia sexenal o la parábola del continuismo pronunciada en la reunión de gabinete del 18 de diciembre es ilustrativa sobre la capacidad de engaño y autoengaño que tienen nuestros políticos para hacerse con el poder. De parte del gobernador Marín a su gabinete se trata de un ardid para incentivar a sus funcionarios a colaborar en la victoria de Javier López Zavala, pues es sabido que las principales resistencias a la postulación siguen llegando desde la ex burbuja marinista. Cinco destapes han ocurrido, y todavía hay miembros que no tragan la visión de un Zavala investido como gobernador: entre ellos, por supuesto, a todos los que les prometió apoyarlos a conseguir la candidatura a la alcaldía: Valentín Meneses, Javier García Ramírez, Gerardo Pérez Salazar. Y el único que sí tiene vía libre para conseguirla, Mario Montero, sabe que Zavala todos los días le busca sustituto y le manda columnazos para hacerle saber su disgusto con la posible fórmula.

 

Marín ya utilizó el mismo ardid, la parábola del continuismo, en la campaña del 2004. En ese entonces conocida como la marea roja, un ejército de burócratas estatal comandados por Carlos Arredondo se pusieron a las órdenes del candidato priísta y su equipo con una sola petición: conservar su trabajo en el nuevo sexenio. El candidato Marín, por supuesto, les dio todas las garantías: todos los puestos de trabajo, desde el más alto al más bajo, serían respetados. No habría despidos ni movimientos abruptos.

 

De llegar a la gubernatura, casi casi gobernaría con los mismos trabajadores que acompañaron a Melquiades Morales. Así, burócratas de todos los niveles aportaron una cantidad fuerte de “promovidos” que se tradujo en votos para el PRI.

 

¿Y les respetaron la promesa de mantenerlos en su trabajo? Por supuesto que no.


Tan pronto el gobernador tomó protesta, y los secretarios y subsecretarios llegaron a sus oficinas, comenzaron los despidos en masa. Jefes de departamento, coordinadores, directores y subdirectores permanecieron algunos días hasta cobrar una quincena en lo que realizaban su entrega-recepción. Los menos afortunados, miles de analistas, ni siquiera llegaron a la primera quincena. De los principales cuadros del melquiadismo apenas trascendieron unos cuantos, todos expresamente negociados por el ex gobernador: Rómulo Arredondo, Alberto Jiménez Merino, Víctor Giorgana, Pedro Ángel Palou y Roberto Morales. Ni un melquiadista más, ni uno menos.

 

La ley del cambio político indica que si Zavala en verdad gana la gubernatura no cabrá un marinista más ni uno menos excepto los negociados expresamente por el todavía gobernador Marín: un grupo de privilegiados a los que por especial cuidado o gratitud se les dará un trato especial. Y en ese pequeño grupo de privilegiados seguro colocará a su vástago Marín junior y a alguno de sus hermanos. También en ese paquete irán algunos que al cumplir misiones ingratas ordenadas por el propio mandatario, tienen relaciones tirantes con el delfín. Pero fuera de ésos, ninguno. No habrá jefatura de departamento, dirección o secretaría que sea respetada. Y quien lo crea, merecido tiene su Día del Inocente.

 

La parábola de continuismo es también un ejemplo del autoengaño. No dudo que el gobernador hiciera el ofrecimiento de buena fe, pensando que Zavala será su títere en el nuevo sexenio. Se trata de una mentira que todos los gobernantes se creen: el sucesor seguirá respetando las decisiones del antecesor. Pero es una ilusión: el primer minuto del nuevo sexenio, el mandatario anterior será responsable del retraso del estado. Y como buen cordero será sacrificado en un altar para que el nuevo mandatario encarne la esperanza del progreso. Es la historia universal del poder. Y allá quien se compré otras parábolas consoladoras.

 

*** Reorganizando al equipo. El equipo editorial de CAMBIO desea a sus lectores un Feliz Año 2010 que no será próspero gracias al impuestazo y la cascada de aumentos. A partir de hoy, Selene Ríos Andraca asume la subdirección editorial del periódico y Héctor Hugo Cruz Salazar tomará las riendas del área de Información. Suerte a ambos. Confiamos en su talento.

 



 
 

 

 
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