Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda

04/03/2009

El regreso del PRI al poder


El Revolucionario Institucional tendrá un festejo austero y republicano en su octogésimo aniversario. La cúpula del partido se reunirá la tarde noche de hoy en el Teatro de la Constitución en Querétaro. Ahí Beatriz Paredes, encerrada en su duda de abandonar el partido para irse a la Cámara de Diputados, se hará acompañar de los otros dos miembros de la triada infernal –Bartlett dixit- Emilio Gamboa y Don Beltrone. También asistirán los gobernadores feudales, encabezados por el engominado Peña Nieto. Y no faltarán los diputados y senadores que provocaron que el PRI se convirtiera en el cabús del PAN –Barlett dixit también-.

 

¿Qué dirá Beatriz Paredes con su oratoria fogosa? No mucho: lo único que tienen para festejar es su posición en las encuestas. 40 por ciento según Milenio. Más del 35 según Reforma y Mitofsky. Mayoría segura en San Lázaro. Festejarán también que el gobernador mexiquense le lleva amplia ventaja a otros aspirantes presidenciables. Amos del futurismo los tricolores.

 

Pero además de sus buenos números, ¿habrá otras cosas que festejar? ¿En qué medida su repunte electoral se debe al fracaso panista y a los efectos de la crisis económica mundial? ¿Sin ambas circunstancias tendría el camino aplanado para la victoria? ¿El PRI es hoy un mejor partido que el de 2000 o 2006? ¿Han resuelto su democracia interna y la posibilidad vivir sin una cabeza?

 

Par responder estas preguntas, es imprescindible el texto de Héctor Aguilar Camín sobre el más que posible regreso del PRI al poder vía 2009 y 2012, en la misma línea que los análisis de esta columna en los últimos días. ¿Qué ofrecerle el tricolor al futuro de México? ¿No se trata de un regreso al pasado? Veamos la opinión del lúcido analista.

 

“Si las elecciones fueran hoy, nos dice María de las Heras en MILENIO de ayer, 40% de los votantes escogerían al PRI, 34% al PAN, 19% al PRD.

 

“Esto daría al PRI, según la misma María, 241 diputados, diez menos que la mayoría absoluta en la cámara baja del Congreso federal.

 

“Sería una desgracia nacional y una derrota del PRI que el éxito político en puerta, de lograrse, les susurrara al oído a los triunfadores que nada hay que cambiar en sus ideas ni en sus propósitos históricos.

 

“Sería triste que la victoria anunciada les hiciera pensar que los votantes los premian por su pasado más que por lo que puedan ofrecer de porvenir.

 

“La pregunta vuelve a ser pertinente: ¿para qué quieren los priistas volver al poder? ¿Qué país ven adelante y cuál quieren construir?

 

“No lo sabemos, ni ellos parecen ocupados en decirlo. Quieren primero reocupar la casa que perdieron y después decidir lo que harán con ella. Sus ingenieros electorales trabajan más que sus diseñadores de proyecto de país.
No hay grandes cambios en el discurso priista, ni indicios públicos de una reflexión articulada sobre los retos del futuro. Hay, sí, un cambio profundo en la estructura misma del poder del partido.

 

“La democracia ha descentralizado al PRI. Al quitarle la Presidencia le quitó el dueño, pero dejó intactos muchos de los poderes antes piramidados por la disciplina presidencialista.

 

“A partir de la pérdida de la Presidencia, el PRI dejó de ser un edificio con dueño único y empezó a ser un condominio.

 

“La diversidad de los condóminos del PRI es ostensible, lo mismo que su autonomía. Hay una libertad de maniobra y de acción desconocida en el pasado para gobernadores, sindicatos, legisladores.

 

“En cierto modo el PRI ha vuelto a ser una asamblea de notables con poderes propios, como lo fue la asamblea de jefes militares, generales y políticos que constituyeron en marzo de 1929 el Partido Nacional Revolucionario, el mitológico PNR, abuelo del PRI.

 

“Toda proporción guardada —entonces para controlar rebeliones, ahora para ganar elecciones— el PRI ha regresado al inicio: debe conciliar su diversidad en un nuevo trato.

 

“No hemos oído mucho de lo que sería ese nuevo trato ni de si responde a los problemas del México de este siglo. Pero como dice el clásico: primero el poder, luego veremos para qué”.

 



 
 

 

 
Todos los Columnistas