Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda


La segunda muerte de Juan Camilo


Queda un asiento vacío al lado derecho del trono del señor. Magnicidio. Fortuna. Atentado. Homicidio. En medio de una guerra, el pensamiento de los mexicanos se dirige a un nuevo atentado del crimen organizado como causa de la muerte de Juan Camilo Mouriño, el secretario de Gobernación. La verdad oficial, o su ausencia en la petición de un llamado a la prudencia antes de aventurar la existencia de una maquinación, no puede contener la imaginación de los mexicanos. Lo malo siempre viene de algo peor. Como en el caso de los estallidos en Morelia en pleno festejo de independencia, la suspicacia social se dirigió a responsabilizar al narcotráfico del ataque. Días después, se confirmó que Zetas habían lanzado las granadas. En el caso Mouriño, a pesar de que unos días la versión oficial atribuya al accidente a un error “humano” o un desperfecto técnico, en la conciencia social permanecerá de idea de que la muerte del secretario de Gobernación es una baja en la guerra.

 

Y sin embargo, también es un capricho de la Fortuna. Porque en estricto sentido, en realidad el avionazo no fue la muerte de Mouriño, sino su segunda muerte. La primera ocurrió cuando López Obrador documentó los beneficios que otorgó a su empresa familiar  cuando fungió como presidente de la Comisión de Energía en la Cámara de Diputados y luego como subsecretario en los tiempos de Calderón como titular de Energía. El globito sucesorio se desinfló, y el español de nacimiento pasó sus últimos meses como un zombi que habitaba Bucareli, pero sin la confianza para realizar la operación política que demandaban los proyectos presidenciales.

 

Así, López Obrador provocó la primera muerte de Mouriño. Solamente la negativa a entregarle una cabeza significativa al “gobierno legítimo” del tabasqueño retrasó indefinidamente su renuncia, hasta que se aprobara la reforma energética.

 

Y aquí viene el golpe de la Fortuna. Juan Camilo Mouriño, traficante de influencias y amigo del Presidente, se aprestaba a abandonar Gobernación. Fuera de la carrera sucesoria, se le vislumbraba como candidato a diputado para coordinar la fracción panista en la próxima Legislatura. Otros afirmaban que se iba de candidato a gobernador de Campeche, su estado adoptado. Lo cierto es que, como contó ayer Salvador García Soto, enfrentaban una ofensiva conjunta de César Nava y Germán Martínez.

 

Mouriño se iba de Gobernación, pero ya no se fue. Más que política, la tragedia es personal para el Presidente. Como operador hace tiempo que no apoyaba mucho, y sin embargo era el auténtico confidente del Presidente. Se iba de Gobernación, pero se le atravesó un viaje a San Luis Potosí, y quizá, la venganza de un cártel en contra del gobierno federal. Crisis desatada.

 

Extrañas las condiciones del avionazo. El columnista se comunicó con el capitán Gabriel González Esquinca, experto piloto que trabaja en la empresa de Ricardo Urzúa. Señaló es que es casi imposible un accidente así, tomando en cuenta los niveles de seguridad y tecnológicos con los que cuentan las aeronaves como en la que viajaba el funcionario federal, un Lear Jet 45.

 

Con su autorización, reproduzco su testimonio. “Por lo que se ha dicho en los noticieros no se tenía el reporte de la Torre de Control de alguna llamada de auxilio o de advertencia sobre alguna falla en el avión. Es muy extraño. Habrá que esperar a ver cuáles son los resultados que arrojan las investigaciones. Hay un equipo que graba todas las conversaciones entre los pilotos y de éstos con la Torre de Control y la Caja negra. Estamos hablando de uno de los aviones más seguros a nivel mundial, potente, con tecnología de punta y muy seguro. Es uno de los más vendidos en todo el mundo”.

 

Según el capitán Pérez Esquinca si hubiera fallado uno de los motores la potencia del otro hubiera sido suficiente para que llegarán hasta el aeropuerto: “Porque la única forma en que el avión se hubiera desplomado es por que hubieran fallado los dos motores y eso es casi imposible, tomando en cuenta los niveles de seguridad y mantenimiento que tienen las aeronaves del gobierno es por demás extremo. Podrían fallarían los dos motores por falta de combustible, que es algo que se podría descartar casi inmediatamente por que era un vuelo corto, de poco más de una hora. Y una razón más podría ser que el combustible estuviera contaminado, pero en éste caso el avión se hubiera desplomado luego del despegue o incluso podría darse el caso que no hubiera podido ni despegar”.

 

¿Alguna vez conoceremos la verdadera de la segunda –y definitiva- muerte de Juan Camilo Mouriño?

 

*** Y ganó el negrito. Con los saldos de un gobierno tan mal calificado como el de George Bush junior, y con el colapso de la economía estadounidense, la victoria de Barack Obama era muy previsible. Pero nadie debería entusiasmarse tanto con el triunfo del negrito. Obama ni siquiera se dignó a venir a México a lo largo de su campaña, y su discurso del cambio parece más un dulce que los poderes fácticos le ofrecen al mundo, antes que una realidad.

 

*** Dedicado a las plañideras. Mañana, la explicación del por qué Mario Marín decidió indultar a Enrique Doger.

 



 
 

 

 
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