Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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06/05/2010


Apuesta por el voto diferenciado: sí Montero y no Zavala


Quizá el defecto fundamental de la campaña de la Alianza Opositora sea despreciar el papel determinante de la votación emitida en la capital del estado y sus repercusiones en la zona metropolitana, dada su concentración de la masa electoral y el perfil de electorado con mayores estudios e ingresos. El divorcio entre las campañas a la gubernatura, alcaldía y diputaciones parece más que evidente, como si tuvieran destinos diferentes, es decir, se pudiera ganar Casa Puebla perdiendo el Palacio Municipal. La evidencia histórica muestra que esto es imposible: el fenómeno del voto diferenciado entre los poblanos es una excepción, pues la regla es el voto unitario o lineal por la misma opción política para todos los cargos. En otras palabras, Rafael Moreno Valle llegará tan lejos como lo haga Eduardo Rivera y los seis candidatos a diputados de la Alianza Opositora. Sus destinos se encuentran entrelazados, por más que cada uno de ellos quisiera tener su propio camino.

 

La mañana de ayer, para el desfile conmemorativo del 5 mayo, brigadas panistas salieron temprano a realizar el mayor despliegue propagandístico visto en los últimos años: según cálculos conservadores, se repartieron más de 10 mil artículos entre gorras y sombrillas con los colores de la Alianza. Sin embargo, casi todo el producto hacía referencia únicamente a Moreno Valle. Muy pocas gorras y ningún paraguas traían los nombres de los candidatos a la presidencia municipal o las diputaciones. La diferencia de recursos económicos y operativos empieza a causar estragos en la campaña de Eduardo Rivera, que no se queja y sigue trabajando. Pero la comparación con los recursos financieros y mediáticos de su rival Mario Montero resalta la austeridad del panista.

 

Eduardo Rivera, sin embargo, no se desespera y continua con su forma tradicional de campaña a la panista: volanteos y jornadas de promoción cara a cara en domicilios y colonias. Los medios de comunicación no han tendido un cerco sobre él, aunque es evidente que Mario Montero goza de una presencia mayor. En suma, Lalo Rivera hace una buena campaña con los recursos disponibles, pero no recibe ayuda alguna de Moreno Valle. Se trata de un reclamo que empieza a crecer; incluso hay una queja sobre la coordinación de la campaña: el candidato a la gubernatura acepta pocos eventos en la capital y en los poco que acepta, a fuerza deben encontrarse presentes los abanderados a los 6 distritos de la capital. No quiere que se le vea sólo con Eduardo Rivera.

 

¿Por qué Moreno Valle acepta tan pocos eventos en la capital? Algunos ensayan respuestas sobre el ritmo de la relación centro-periferia. Según esta versión, el candidato a la gubernatura prefiere dejar Puebla capital para el final de la campaña y darle prioridad al interior del estado, donde se libran verdaderas batallas épicas entre los liderazgos regionales y las estructuras corporativas que domina el tricolor. Son esas batallas en las que consumirá mayor tiempo y recursos, puesto que en la capital los mensajes se trasladan fácilmente. Atacar al electorado capitalino es fácil, afirman, pero en el interior hay 20 distritos y cabeceras más difíciles de ganar.

 

Sin embargo, desde el cuartel de campaña de Lalo Rivera se hace una acusación directa: Rafael Moreno Valle cree que puede ganar la gubernatura sin que Lalo Rivera gane la alcaldía, y que de hecho ese es su escenario favorito: promover el voto diferenciado para que los perdedores de la contienda sean Javier López Zavala y Eduardo Rivera, de tal forma que el próximo gobernador se apellide Moreno Valle y el próximo alcalde Mario Montero. Lo que no se explican el por qué, puesto que consideran muy duro el castigo impuesto por el caso de la cuñada incómoda Denisse Ortiz, lo que nos lleva al caso de los seis candidatos a diputados locales que parecen los niños de una pareja divorciada.

 

Los seis candidatos a la diputación no tienen por donde jalar y son quienes más resienten la fría relación entre los candidatos a la gubernatura y la alcaldía. El mejor ejemplo es Josefina Buxadé, lanzada con el membrete de ciudadanía pero que ningún partido cobija de forma auténtica. Tiene tan pocos recursos que le dolió hasta el alma que le robaron una manta, casi casi como si hubiera perdido todo su patrimonio. Denisse Ortiz, vencedora en el Tribunal Electoral Federal, es una auténtica paria: no la apoya el CEN, Moreno Valle sinceramente no la tolera y Lalo Rivera guarda una sana distancia con ella para evitar que el affaire de la cuñada incómoda sea más costoso. Al candidato por el distrito I todavía se le espera, y a Héctor Alonso Granados ya se le despide, pues su imagen tan desgastada luego de militar en varios partidos no atrae votos. De tal forma que los únicos candidatos con futuro son Tony Gali jr. y Mario Riestra Piña.

 

No se entiende que a finales de la quinta semana de campaña haya tantas diferencias en la capital. Si Moreno Valle quiere obtener 900 mil votos para ganar la gubernatura, el municipio de Puebla tiene la responsabilidad de entregar 300 mil, poco más de lo que Marín obtuvo en el 2004. ¿Pero cómo obtendrá esa cifra si Lalo Rivera proyecta únicamente 180 mil? ¿De dónde saldrán los otros 120 mil votos? Es imposible: a menos, por supuesto, que piense que algunos priístas que votarán por Mario Montero no lo harán por Javier López Zavala. ¿En qué basa su cálculo? ¿Qué sabe Moreno Valle que los humildes mortales no? ¿Por qué la Alianza Opositora apuesta por el voto diferenciado? Pronto tendremos las respuestas.

 



 
 

 

 
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