Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda

06/10/2009

La ignorancia supina de Lydia Cacho


Vaya salto mortal de Lydia Cacho: de perseguida por el poder a censora de la libertad artística. Es una justicia poética torcida que la periodista acosada por publicar un libro de denuncia sobre la pederastia infantil ahora se rasgue las vestiduras por la decisión de llevar a la pantalla grande la novela Memoria de mis putas tristes de Gabriel García Márquez, bajo el estúpido argumento de que se trata de una apología del comercio sexual de niños y adolescentes. La autora de Los Demonios del Edén le reclama al colombiano, además, su decisión de aliarse con Mario Marín luego de que el gobierno poblano anunciara su participación como inversionista de la cinta con un millón de dólares. Por supuesto, no me interesa defender al gobernador poblano y su pésima gestión financiera en tiempos de crisis malgastando dinero que podría tener otros fines. Pero merece atención la unción que Lydia Cacho hizo de sí misma como una moderna Torquemada, dispuesto a promover una quema de libros calificados como inmorales.

 

Lydia Cacho, desde la atalaya de su columna en El Universal, se pregunta mientras saborea un delicioso mazo de alfalfa achicalada “¿tienen o no escritores y artistas una responsabilidad moral por lo reflejado en sus obras y por cómo se utilicen?” La autora de Los demonios del Edén no plantea una duda existencial, sino demuestra una ignorancia supina digna de los peores momentos del periodismo mexicano. La respuesta es, si se tomara un poco de tiempo para estudiar filosofía, que ética y estética son campos enteramente diferentes, así como lo es ciencia y ética. ¿Es corresponsable Einstein de la muerte de miles de japoneses por el uso de la bomba atómica? Por supuesto que no, es un absurdo.

 

La periodista y pretensa autora de novelitas cursis – que jamás ganará el Nobel- no solamente es ignorante en materia de filosofía, sino su panorama literario asemeja un páramo. Por ejemplo, ignora que la piedra fundacional de la literatura asiática es El Romance de Genji escrito por Murasaki Shikibu por ahí del año mil, en el que narra la autodestrucción de Genji a causa de su deseo incesante de vivir una y otra vez la experiencia de enamorarse hasta que viola y somete a una niña de 13 años. Y que ese texto inspiró a Kawabata y éste a su vez a García Márquez. Memoria de mis putas tristes es ante todo una metáfora del cuerpo decadente que recurre a las palabras ante la incapacidad de consumar el acto sexual. Lo importante de la novela es su estética –pobre comparada con otras novelas del colombiano- no su moralidad.

 

Si Lydia Cacho quiere organizar una quema de libros inmorales por retratar actos sexuales con menores la vida no le alcanzaría. Simplemente por ejemplo olvida que el propio García Márquez retrata en La Cándida Eréndira y su abuela desalmada de la historia de una niña obligada a prostituirse para pagar la deuda de quemar la casa dónde vivía. O que en El amor en los tiempos de cólera el personaje de Florentino Ariza seduce a una estudiante de primeria y luego la abandona, terminando todo en el suicidio de la víctima. Y si quiere seguir su persecución, debería tomar a Vargas Llosa en “Mi madrastra y yo”, donde un niño de doce años posee a su madre adoptiva.

 

Ninguna de estas novelas promueve la prostitución infantil ni el comercio sexual de niños y adolescentes. Vaya tontería digna de grandes censores de la historia universal como Hitler, Stalin o Mussolini. En el mundo libre cada escritor puede tratar de los temas que quiera, y es cuestión de sus lectores leerlo o no. Pero no necesitamos el criterio elevado y moralista de Lydia Cacho, porque lo único que muestra es una postura digna del Medioevo. Si reviviera el Tribunal del Santo Oficio, la Cacho podría ser contratada como magistrada o censora de obras artísticas al estilo de la España medieval.

 

Sorprende la postura de la periodista que presuntamente pasó por progresista e heroína luego de la persecución a que la sometió Kamel Nacif con apoyo del gobierno poblano, así como el fallo injusto de la Suprema Corte de Justicia. Pero Cacho ayer sacó el cobre: dentro de ella vive un censora. Toda la libertad de expresión para ella y sus investigaciones, pero persecución a las obras artísticas que no coinciden con sus criterios morales. Pero la mejor opinión la tiene sus propios lectores de El Universal, que ayer lanzaron todo tipo de críticas a su columna. Desde aquí, una docena de mazorcas para la autora de Los Demonios del Edén.

 

*** Otra felicitación para el Maestro Chacón. “Sr. Rueda, por favor le pido que haga llegar mi felicitación al Sr. Chacón que en su columna Gambito, escribe con un conocimiento y un análisis que pocos hacen en la prensa poblana.

 

“Le pido que se le haga llegar mi felicitación porque no tiene contacto y ya que usted es el director editorial podrá con facilidad hacérsela llegar.  Ojalá la mayoría de los analistas políticos escribieran como Gambito. Todas las afirmaciones de la columna son  un análisis de un estudioso que se ve que conoce de temas políticos y no sólo de vociferaciones y de amores a partidos y candidatos. Y hago extensivas mis felicitaciones a diario Cambio por permitirnos poder leer columnas y columnistas de buena calidad.

 

“Hablando de otro tema, ¿ya vieron que ahora Sitma e Invergroup van por el mismo camino de Coofía? También intervendrá el gobierno en ello, las rescatará para tapar el hoyo que generaron al obligar a los presidentes municipales a invertir en Coofía recursos del ramo 33. Y que ahora ya no cuentan con dichos recursos ¿qué va a hacer el gobierno del estado de Puebla para rescatar esos recursos? Si el mismo gobierno opera para hacer llegar esos recursos a Coofía.  Son sólo preguntas. Saludos.

 



 
 

 

 
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