Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda


Morir como hijo de vecino

 

El Segundo Comandante de la Policía Judicial en Tehuacán, muerto en un ajuste de cuentas, fue enterrado bajo la indiferencia absoluta del gobierno estatal. Será porque un informe interno de la PGJ lo relaciona con trabajar para una narconómina, pero nadie, absolutamente nadie, le rindió los honores que merecía por el simple hecho de formar parte los cuerpos estatales de seguridad. Al entierro de Laurencio Muñoz González no asistió ni el Procurador Archundia, y mucho menos su jefe directo, Hugo Isaac Arzola, director de la Policía Judicial. Tampoco se hizo presente Mario Montero, y extrañamente, tampoco hubo los ofrecimientos de apoyo para los deudos del policía, como una beca para su hija de 15 años o de una cantidad mensual para la viuda. Tampoco sabemos si la familia recibirá el monto de un seguro de vida contratado por la institución, y en caso de haberlo, a cuánto asciende. Así, de un plumazo entonces, desapareció la carrera policía del Segundo Comandante de la Judicial en Tehucán. Murió, literalmente, como un hijo de vecino.

 

Con tal indiferencia por la ejecución de un mando de la policía judicial, ¿cuál es el mensaje que les estamos mandando a los integrantes de los cuerpos de seguridad? En otras palabras: ¿por qué tiene que permanecer fieles a las instituciones como la PGJ o la secretaría de Seguridad Pública, si en caso de morir serán ignorados y sus familias quedarán en la orfandad? ¿Cuáles son sus incentivos para permanecer del lado de los buenos y no venderse a los malos? ¿Cuál es su retribución para ser policías comprometidos, y en determinado momento, arriesgar su vida?

 

A Rodolfo Igor Archundia, por tanto, no debe pasarle por alto que a sus mandos policiales les conviene más venderse al crimen organizado para trabajar de infiltrados y ofrecerles protección a los Cárteles desde la PGJ. Los Zetas detenidos en Tlapanalá, en sus declaraciones ministeriales, afirmaron que los funcionarios comprados recibían igualas de más de 50 mil pesos al mes, que es mucho más de lo que cobran como sueldo. Por supuesto que les conviene aceptar el dinero, porque en caso de no aceptarlo, se hacen susceptibles de un atentado mortal, como le ocurrió a Víctor Pérez Dorantes.

 

El Procurador Archundia conoce como nadie las entrañas de su institución después de haber pasado ahí, entre la Subprocuraduría y la Dirección de Averiguaciones Previas, los últimos diez años. Perfectamente sabe quiénes son los funcionarios honestos y cuáles han aceptado recibir los sobornos del crimen organizado. ¿Si sabía que Laurencio Muñoz González era sospechoso de integrar una narconómina, por que no lo removió de la Segunda Comandancia de Tehuacán y le permitió seguir operando? ¿Por qué nunca se abrió una investigación y se le destituyó?

 

Vayamos al caso contrario: Laurencio Muñoz González era un buen policía que nunca se vendió al narco. ¿Por qué sus jefes lo abandonaron en su entierro y dejaron en la orfandad económica a su familia? ¿Por qué dejar correr el rumor de que se había vendido al crimen organizado? ¿Era un infiltrado?

 

Malos tiempos para ser policía. Por un lado, hay más riesgo que nunca de morir en un enfrentamiento o un ajuste de cuentas. Si eres honesto, tu nombre puede ser deshonrado y tu familia quedar muerta de hambre. La opción de corromperse, por el contrario, te deja mayores ingresos y seguridad.

 

Archundia debería saberlo ya: la indiferencia y el olvido a los caídos en guerra hacen más daño que los cañonazos de 50 mil pesos que vienen del enemigo.

 

*** Las conciencias tranquilas de la PGJ. “Señor Licenciado Rueda, leyendo acerca de los últimos acontecimientos, en específico, del asesinato de un jefe de la judicial en Tehuacán. Qué tranquilidad nos proporcionan las declaraciones del Procurador al aclarar que no se trata de un crimen ejecutado por sicarios del narcotráfico, sino de una venganza o rencilla por cuestiones laborales entre compañeros. Eso nos llena a la sociedad de tranquilidad, porque creo, lo que trata de decirnos el Procurador, es el hecho de que aquí en el Estado no hay invasión de grupos delictivos, como sucede en Baja California Norte, Sinaloa, Guerrero, etc, y me detengo en el etcétera, porque abarca ya varios Estados, claro está menos Puebla.

 

“Mi reflexión sería: para qué queremos delincuentes importados de otros lugares, si con la muestra que nos da la misma Procuraduría tenemos más que suficiente, es decir la justicia tiene al enemigo en casa, y por ende nosotros quizá tengamos que compartir y departir, con esas honorables personas que representan la defensa de la sociedad contra la delincuencia. Ah, pero falta la cereza del pastel; de las conclusiones periciales en el caso de este deceso, "que no murió el agente por las balas sino por el choque. Qué lindo, no?”.

 



 
 

 

 
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