Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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08/03/2010


Su lema es “no a la imposición”


En otros tiempos, Carlos Meza sería fusilado inmediatamente bajo el delito de alta traición luego de sentarse públicamente con Rafael Moreno Valle para denostar a su partido en su aniversario 81, profetizar la caída del PRI en la gubernatura y atacar a Javier López Zavala. Previsiblemente, no ocurrirá porque al interior del partidazo le tienen miedo al notario que tiene hoy en jaque al tricolor gracias a su posición de dirigente municipal. De hecho, el cargo que ostenta es la única razón por la que tienen valor sus palabras. Sin él, no pasaría de otra expresión digna del desdén. Su acto de sedición, sin embargo, al no recibir castigo ni reprimenda es un mal ejemplo para los miles de militantes priístas que están a punto de incendiar el estado en la disputa de alcaldías, regidurías y diputaciones. De todas partes de la provincia llegan a la redacción reportes de acuerdos incumplidos, candidaturas negociadas, encuestas trucadas, premios al compadrazgo y anuncios de rupturas que saturan la capacidad de gestión del Comité Estatal. Tal incendio era previsible en la medida en que para llegar a candidato y granjearse el apoyo de estructuras regionales, Zavala les prometió todo a todos. Y hoy no puede cumplirles.

 

Quienes conocen a perfección el paisaje político regional dicen que Rafael Moreno Valle se frota las manos para iniciar la pesca de priístas tránsfugas disgustados con su candidato a la gubernatura por no cumplirle acuerdos. Siempre fue una de las grandes apuestas del abanderado de la megacoalición esperar con paciencia el momento de la designación de candidatos a alcaldes y diputados, pues es ahí cuando se dan las rupturas producto del compadrazgo, el pago de cuotas y el amiguismo disfrazados de encuestas serias. Y aunque las rupturas existen siempre, el problema se agudiza en la medida en que Javier López Zavala es incumplirle a sus bases regionales todo los que les prometió, porque a todos les prometió lo mismo: apoyarlos para llegar a la alcaldía si ellos lo apoyaban para convertirse en el candidato a la gubernatura. Ahora él ya es abanderado al gobierno, pero sólo tiene una candidatura a la alcaldía para repartir en cada municipio.

 

Los acuerdo cupulares hacen explotar a las bases, como en el caso de San Andrés Cholula con la imposición de Luis Alberto Arriaga, un municipio en que se cerró la puerta de fea forma a aspirantes con arraigo como los empresarios Iván Mange y Rafael Forcelledo, quienes por cierto tienen más dinero para enfrentar una campaña que el ex conductor de Televisa. Juntito el PRI cometió otro error: entregar San Pedro Cholula al Partido Verde ignorando el cacicazgo de años de la familia Jiménez. Ahora tratan de colar con nuevas siglas a Julio Lorenzini para desplazar a Geudiel Jiménez, auténtico ecologista. Todo un galimatías en la zona metropolitana que tradicionalmente es una reserva de votos para el panismo.

 

Caso aparte es el que ocurre en la Sierra Norte, específicamente en la perla Huachinango. Al ex aspirante Alberto Amador Leal se le ofrecieron dos posiciones para declinar a favor de Zavala: ocupar la CNOP y continuar el cacicazgo que heredó de Don Alberto Jiménez Morales. Es el día que no recibe ninguna de las dos: la CNOP no ha sido desalojada por el profesor Gonzalo Amador Juárez Uribe  porque tampoco le cumplieron a él primero la diputación federal y la local, pero como operador magisterial tampoco lo pueden correr. Y respeto de la alcaldía de Huachinango, en una historia que ya relató Mario Alberto Mejía, su sobrino Omar Martínez Amador fue desplazado por el rico del pueblo. Así que el pobre Amador Leal ya considera abandonar el PRI luego del ridículo al que fue expuesto sin misericordia. Y ya hablando de otro ex aspirante, Chucho Morales todavía no tiene noticias de la notaría para su chamaco, dineros del puesto no ve, guarura ya no es y por supuesto, ni siquiera es invitado a las reuniones del cuarto de guerra como evidenció la fotografía enviada desde el cuartel zavalista.

 

En Tehuacán ocurrió algo desconcertante: pese a que José Othón Bailleres fue el diputado que más y mejor lamió los zapatos de Javier López Zavala, no obtuvo premio alguno. La candidatura a la alcaldía del importante enclave electoral no fue para Tontón, sino para el desconocido Marco Balseca Romero cuyo único logro fue dirigir la Coparmex municipal. ¿Tan mal pagan la lealtad a uno de los primeros en jugársela a muerte y que incluso lo llevó a perder la Gran Comisión? ¿De qué sirvieron los amarres tempraneros? Algo semejante ocurre en Atlixco: para integrarla al zavalismo, el candidato le ofreció a Rocío García Olmedo el municipio, pero para dárselo tendrá que sacrificar a Reyes Hernández del IMSS. ¿Con quién preferirá quedar mal?

 

Y ya para terminar el caso de Teziutlán es digno de especialistas: pese a que un tiempo fue parte del dogerismo, y hasta hace una semanas coqueteaba con Moreno Valle, el gran ganón es el ex alcalde Carlos Peredo Grau, a quien se recompensa por dejar su lugar a Juraidini en las federales del 2009. El problema es que la relación entre Peredo y el actual presidente municipal es pésima, lo que augura problemas y muchos entuertos.

 

Total que el interior del estado estalla. Y mañana hablamos de la capital.

 



 
 

 

 
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