Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda

08/07/2009

No es un delincuente, sino una víctima


No es un caso menor el de Gabriel González Molina: se trata de un miembro del gabinete ampliado del gobierno marinista. En estricto sentido hablamos del único –y quizá último- funcionario cercano a Mario Marín que pisa la cárcel por usar recursos públicos a favor de los candidatos priístas. No es, por supuesto, el único. Pero es una rara avis, el tan tonto como para invitar a loa aspirantes tricolores a una dependencia pública; tan zonzo como para dejarse sorprender y tan soberbio para no informar a sus superiores, inmediatamente, del problema en el que se había metido. Y los había metido. Por ello el gobierno marinista movió todos los hilos para sacarlo del Cereso lo más rápidamente posible: hilos que hicieron, por ejemplo, que José Luis Vázquez Camacho, el Juez Décimo de Distrito se apersonara en el Penal de San Miguel a la una de la madrugada para obsequiarle la libertad caucional. Todo para que el Galileo de Puebla –como se autedenomina- no sufriera el oprobioso castigo de dormir una noche en el penal.

 

Pero González Molina protagoniza una huida hacia adelante. Con cada declaración sigue cavando su tumba. Recién desempacado del Cereso, González Molina fue entrevistado por Fernando Canales –cuyo reblandecimiento cerebral es producto de su afición a la cannabis-. Ahí, el genial consultor electoral deslizó que CAMBIO recibió 300 mil pesos para golpearlo como “porque si le pegas a González Molina le pegas a Marín”. Genio, tonto o loco, debería saber que en CAMBIO las críticas al gobernador se han hecho en todos los tonos, incluso denunciándolo en la PGR, por lo que no necesitamos un funcionario de medio pelo para “pegarle al gobernador”.

 

El titular del IPPC, en la misma conversación con el reblandecido Canales, sin llamar por su nombre a la reportera Selene Ríos Andraca, la califica como “sicario”, “gatillera”, “reportera de banqueta” y algunos epítetos más. Por si fuera poco, sugiere que la publicación en exclusiva de las fotografías y el reportaje de su curso a doce aspirantes tricolores a la diputación federal fueron ordenados por el senador Moreno Valle.

 

Por estas tres afirmaciones, en CAMBIO nos reservamos el derecho de exigirle a Gabriel González Molina las responsabilidades penales y civiles a las que haya lugar.

 

Pero la fuga hacia adelante sigue: González Molina afirma que la única prueba que hay son las fotografías tomadas por Ulises Ruiz. Y se inventa un nuevo pretexto: que nunca vio a los precandidatos del PRI, ni habló con ellos, no permitió que ingresaran a las instalaciones del Instituto de la Productividad Competitiva, y que tampoco los citó. Se equivoca: en su contra abonan las declaraciones de él mismo, así como de los doce aspirantes sorprendidos in franganti. En ese momento, el Galileo de Puebla aceptó que estuvieron ahí para presentar su examen de talentos. Y entre los aspirantes hubo comentarios hilarantes.

 

Aquél de Juan Pablo Jiménez Concha (Cholula): “Venimos a pedir información sobre esta empresa, para ver en qué determinado momento podemos acudir a ella”. O el de Carlos Peredo Grau (Teziutlán) “Venimos a tomar lecciones de inglés y a tratar un proyecto turístico para Teziutlán”.  De risa loca el de Ardelio Vargas Fosado (Huachinango) “Yo vine a revisar mi expediente para ser elegible, no vine a otra cosa”.  Leobardo Soto ( XII de Puebla) “¿Cuáles compañeros? Yo no los vi. Yo vine a la sesión del Instituto de la Productividad, porque sesionamos cada mes”. Y rematando, el hombre genial, “La Fundación invita a los candidatos de los partidos, no solamente en esta elección, en todas”.

 

Sí: González Molina es una rareza. Porque ante tantos delitos electorales que cruzan por nuestros ojos, es el único funcionario estatal que se ha acercado a un mínimo castigo por usufrutuar su cargo público en beneficio de un partido. Y sin embargo, no faltan las plumas que se lamentan por la detención practicada por la Policía Federal luego de que el titular con licencia del IPPC al momento de presentarse en las instalaciones de la Fepade. Si no es tan malo, dicen. ¿Qué grave tiene hacer lo que hizo? Pobre Gabriel, ¿por qué lo exhiben?, se quejan como plañideras.

 

Entonces viene la única explicación: se trata de una venganza del gobierno federal por la victoria arrasadora del 16-0. Eso pasa por hacer enojar al Presidente. A contrario sensu: González Molina hubiera librado la cárcel si el PRI no hubiera obtenido su carro completo. Esto es, el genio sería impune. Aunque sólo haya desviado unos lápices y borradores.

 

Extraña defensa de la impunidad cuando el problema del país, aseguró Felipe Borrego Estrada, secretario técnico de la Secretaría Técnica para la Implementación de las Reformas Constitucionales sobre Seguridad y Justicia Penal, es que la impunidad en el sistema de justicia en México registra niveles de hasta el 97%, ya que únicamente el 3% de los delitos que se cometen llegan a ser sentenciados.

 

Deténganse plañideras: González Molina ya salió del reclusorio en el que apenas pasó unas cuantas horas. Sus amigos marinistas lo rescataron a tiempo. El titular del IPPC pasó un buen susto que lo hará menos cínico y las consecuencias sólo quedan en su prestigio manchado. Y en que, hasta finalizar el proceso penal, deberá ir a firmar todos los viernes al Juzgado Décimo de Distrito para que no le sea revocada su libertad caucional.

 

¿Y si lo sentencian?

 



 
 

 

 
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