La unidad del marinismo ha desaparecido, pulverizada por la lucha de los clanes monterista y zavalista. La burbuja descansa en paz, o como se dicen en latín, requiescant in pace.


Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda


La burbuja marinista: requiescant in pace

 

Una semana después del cincuenta y cuatro cumpleaños de Mario Montero, la evaluación de la comida de destape del secretario de Gobernación nos muestra que sólo sirvió para una cosa: levantarle acta de defunción a la lo que un día se llamó la burbuja marinista. El paso del tiempo logró lo que no obtuvieron sus enemigos políticos: la desarticulación del grupo para dar paso a dos clanes en decadencia, divididos por la lucha sucesoria. Los líderes de los clanes, Montero y Zavala, exhibieron sus diferencias políticas en la comida del onomástico, pero el resultado de la lucha dejo en evidencia a un secretario de Gobernación que no es capaz de conjuntar ni siquiera a sus compañeros de gabinete. La reunión en el Presidente Intercontinental no sólo exhibió las diferencias de Montero con el zavalismo, sino con otros de sus compañeros secretarios como Javier García Ramírez y Gerardo Pérez Salazar, quienes no se asomaron ni por accidente a pesar de la convocatoria.

 

La unidad del marinismo ha desaparecido, pulverizada por la lucha de los clanes monterista y zavalista. La burbuja descansa en paz, o como se dicen en latín, requiescant in pace. El presunto destape en ocasión del aniversario cincuenta y cuatro debe narrarse a partir de las presencias y de las ausencias, sin subrayar con el hecho obvio de la tardanza del gobernador Marín para arribar temprano al convite, lo que hubiera sido interpretado como una “señal” clara a las intenciones sucesorias de su secretario de Gobernación. Sin el gobernador a su lado, Montero sólo pudo convocar a su ya conocido capital político y financiero, sin ampliarse a otros grupos políticos o económicos, mucho menos ciudadanos.

 

Con Montero, por ejemplo, estuvo el núcleo duro de los empresarios que formaron parte del Comité de Financiamiento de la campaña marinista, es decir, Ricardo Henaine, Luis Ángel Casas Arellano, Jaime García Calderón, José González Cobián y Raymundo Alonso Sendino. También se hizo presente buena parte del capital libanés en la persona de Marcos Salame, el dueño de La Vista, y tampoco faltaron los Bojalil y los Maccise. Sin embargo, empresarios propriístas hicieron sentir su ausencia y su discordancia con el clan monterista. Entre los más públicos, Julián Ventosa Aguilera, Rafael Posada y Santiago Bárcena, éste último identificado plenamente con la causa zavalista.

 

Veamos el músculo político. El zavalismo en pleno se ausentó. Desde temprana hora, por medio de su secretario particular, el titular de Desarrollo Social se disculpó pretextando una gira en Tlatlauqui. Sin embargo, alrededor de la seis de la tarde, mágicamente apareció por el Intercontinental cinco minutos después de que el gobernador arribó al cumpleaños, lo que significa que si Marín nunca hubiera llegado, tampoco lo hubiera hecho Zavala. Antes de la llegada del líder del clan rival, el comentario común era que los zavalistas brillaban por su ausencia. Nadie vio a Alejandro Armenta, a pesar de que se trataba del festejo de un destacado priísta. Tampoco estuvo Darío Carmona, compañero de gabinete, aunque se supone que Montero es la cabeza operativa del mismo. En calidad de espías, sí, se vio a Lázaro Jiménez y Óscar de la Vega, ambos parte del Proyecto Z.

 

Precisamente, las ausencias más delicadas ocurrieron de aquellos que colaboran todos los días con Montero, sus compañeros de gabinete. Entre las que más pesaron, por supuesto, fueron las de Javier García Ramírez, Gerardo Pérez Salazar y Guillermo Deloya, a pesar de haber recibido la invitación. ¿Por qué no asistieron dos prominentes miembros de la ex burbuja y el secretario particular del gobernador? Sí las cosas son lo que parece, queda claro una fractura entre los principales colaboradores del gobernador. ¿Cómo pueden trabajar así todos los días?

 

Compañeros del gabinete presentes se contaba a apenas al compadre Valentín Meneses, al secretario de Seguridad Pública, a los de Cultura y Turismo; a Alejandro Fernández Soto, Javier Sánchez Galicia y América Soto. Hasta ahí la convocatoria. Cero armonía en el gabinete, ya que no cuidan ni las formas. Vaya, ni siquiera Paquito Ramos con su Z en la frente llegó.

 

Uno de los rumores recurrentes es que Zavala prohibió a los políticos cercanos al Proyecto Z siquiera acercarse al Intercontinental, boicoteando la comida de Montero. Verdad o mentira, lo cierto es que no se vio a presidentes municipales –la mayoría de ellos en la nómina del Proyecto Z- y a la gran mayoría de la fracción priísta en el Congreso local. Apenas estuvieron ahí, además de Othón Bailleres –que juega para todos lados-, la conocida monterista Rocío García Olmedo y los diputados Anti Z, Arriaga, Jorge Ruiz, Mauricio Hidalgo y Pablo Fernández del Campo.

 

Lo grave, por supuesto, es el que el secretario de Gobernación, todos los días, trabaja con diputados y presidentes municipales. ¿No los invitaron o de plano le hicieron el feo?

 

Por último: si a la comida asistió el capital político y financiero del grupo monterista, la presencia de personajes de otros clanes priístas también brillaron por su ausencia. El más llamativo, por supuesto, fue Enrique Doger, pero de melquiadistas, Alberto Amador Leal o Jorge Estefan, nada de nada.

 

El simple mapeo de las ausencias y presencias políticas muestra que el mito de la burbuja marinista murió de aquello que se llama “muerte natural”: el simple paso del tiempo dividió a aquellos que llegaron juntos al poder, pero que llegada la hora de disputárselo entre ellos, están dispuestos a devorarse. Como hijos de la Revolución.

 



 
 

 

 
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