Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda


Switchers y duros; capitalinos contra pueblerinos


Dos hechos de especial relevancia podemos obtener de los datos no publicados de la encuesta estatal realizada por Parametría en los últimos días de noviembre. Uno, que Javier López Zavala se ha convertido en el favorito absoluto entre el voto duro tricolor, por encima de Blanca Alcalá y Enrique Doger, y que su mayor capital político se encuentra fuera de la capital poblana, donde además de ser desconocido, es rechazado por los pocos que lo conocen. Es decir, su músculo se encuentra en el interior del estado, a pesar de los numerables esfuerzos del secretario de Desarrollo Social incluso por alcanzar la alcaldía en el 2007. Estos dos hechos, que sin duda llenarían de alegría al bunker del Proyecto Z, se convierten en pésimas noticias si se les ve desde otro punto de vista.

 

La otra visión es que el trabajo del titular del Desarrollo Social se ha dedicado a sembrar en aquello que ya le pertenece al PRI, es decir, su voto duro. Sí, el que siempre vota por el tricolor a pesar del candidato que se postule. Da lo mismo que sea X, Y o Z. Son los que siempre votan por el logo tricolor. Y esos mismos votantes duros son aquellos que tiene a Zavala por favorito. Esto es, en caso que de Zavala no alcanzara la candidatura, de todos modos votarán por el candidato del PRI. ¿Tiene ahí una ventaja? Lo dudo mucho.

 

Por el contrario, la encuesta estatal de Parametría nos revele que a población abierta, el electorado switcher, es decir, aquel que no se declara militante de un determinado partido, fragmenta sus preferencias casi en tercios: 12 por ciento para la alcaldesa; 12 por ciento para el delfín y 9 por ciento para Doger.

 

No es necesario repetirlo: para el PRI no le basta con tener un abanderado que cale hondo entre sus votantes duros. Por el contrario: el candidato debe tener generar entusiasmo entre los votantes switcher, porque son ellos los que definen la elección. Para atraer a los duros, la marca del partido se basta sola.

 

Veamos el otro punto: la fortaleza del delfín en el interior se estado se convierte en una debilidad mayúscula en la capital. Vayamos a sus números: en la tabla general de Parametría ocupa la posición tres, con 7 por ciento de intención de voto. Su preferencia al interior, con 9 por ciento, es la segunda más alta del ranking, sólo por detrás de Moreno Valle.

 

En la capital, por el contrario, su nivel de aceptación del 2 por ciento es el mismo que el de Paco Fraile, muy por debajo de Moreno Valle, Alcalá, Doger, Agüera y hasta Ana Teresa Aranda. En otras palabras, aunque el delfín lleva cuatro años en la capital desde que inició el sexenio y asumió la titularidad de Gobernación, apenas un 2 por ciento de los capitalinos aceptaría votar por el originario de Pijijiapan, Chiapas.

 

Estos resultados no son una fruslería: los ingenieros electorales del PRI saben de la importancia de la relación centro-periferia del mapa político de la entidad. Lo grueso de la batalla política se concentra en los 10 distritos de la zona metropolitana. Un análisis de José Ramón López Rubí muestra que antes del 2007, la oposición nunca había ganado en 17 de los 26 distritos electorales. Ahora, con la victoria marginal en Tecamachalco, en pleno 2008, el PAN nunca ha ganado en 16 distritos electorales.

 

¿Qué quiero decir con esto? Que al interior del estado no hay una verdadera situación de competitividad democrática, sino que más bien la competencia se trata de una lógica corporativista: líderes y grupos regionales que buscan privilegios y prebendas en sus negociaciones para apoyar a los grupos centrales. Presión  y negociación, antes que competencia electoral, es lo que al interior del estado. Por ello, el PRI privilegia candidatos a la gubernatura con suficiente presencia en la capital, ya que los votos al interior del estado pueden conseguirse mediante mecanismos corporativos.

 

¿Cómo puede ser candidato Javier López Zavala si es prácticamente desconocido en el escenario competitivo de la capital, y que aparentemente sólo atrae el entusiasmo de aquellos que siempre están dispuestos a votar por el PRI? ¿Cómo un personaje con una marca tan visiblemente priísta podrá atraer votantes switchers, y con ellos, jalar el voto de la capital?

 

Simple y sencillamente no se explica. Un misterio sin resolver desde las entrañas del Proyecto Z.

 

Moreno Valle, por el contrario, tiene las cosas controladas según la encuesta estatal de Parametría. Una amplia mayoría de panistas -37 por ciento- lo quiere como su candidato a la gubernatura, frente al 12 por ciento de preferencias de Ana Teresa Aranda. Entre la población abierta las simpatías no disminuyen notablemente: 21 por ciento de los encuestados estaría dispuesto a votar por él en caso de una interna, frente al 7 por ciento de Ana Teresa y el rácano 2 de Humberto Aguilar Coronado.

 

A su vez, el senador panista encuentra equilibrio en su relación centro-periferia. Por poco, tiene más apoyos al interior del estado -13 por ciento- que en la capital -12 por ciento- y que en conjunto le dan la situación de privilegio en el ranking de Parametría.

 

Hagamos el resumen con una pregunta: ¿el plan del PRI es enfrentar a un candidato que no entusiasma al voto switcher y que sólo es atractivo al interior del estado contra alguien que lo mismo atrae el voto duro de los panistas que el switcher, y que lo mismo genera entusiasmo en las áreas competitivas que en la de disputa corporativa?

 

Aja. Es lo que se llama “huir hacia delante”.

 



 
 

 

 
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