Tiempos de Nigromante


Arturo Rueda
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10/03/2010


Matrimonio en el infierno


Tarde o temprano tenía que terminar la luna de miel del matrimonio forjado en el infierno entre el PAN y el PRD. Luego de varias semanas tomados de la mano, la izquierda entendió  la estafa a la que es sujeto por el albiazul con el pretexto de conformar una mega alianza que derrote al marinismo. El agandalle de la derecha es mayúsculo: se apropiaron de la candidatura al gobierno, de fea forma desplazaron cualquier propuesta ciudadana para la alcaldía, pero la gota que derramó el vaso es que en la planilla común que diseñan Humberto Aguilar Coronado y Eduardo Rivera a los aliados tan sólo les toca 3 míseras regidurías, mientras que el PAN se apropió de 11 lugares y la facultad de designar al síndico. Por supuesto que nadie puede culpar a Juan Carlos Mondragón de defender los intereses de su partido y menospreciar a unos partidos con ínfima intención de voto. Los ingenuos, en todo caso, fueron Miguel Ángel de la Rosa y José Juan Espinoza. Ayer por la noche el dirigente del Sol Azteca estalló, y la reunión de los dirigentes de la megacoalición terminó entre gritos y sombrerazos, con el abandono de la mesa de los representantes albiazules Luis Enrique Palacios y Raúl Ramírez por instrucciones de Mondragón.

 

La idea de un matrimonio forjado en el infierno —Manlio Fabio lo llamó engendro— seduce en la teoría, pues si bien las identidades ideológicas del PAN y PRD no son preponderantes para el electorado —con nuestro ínfimo nivel educativo casi nadie distingue entre la izquierda y la derecha—, los mismos intereses que los llevaron a aliarse son los mismos que amenazan con separarlos para desgracia de Moreno Valle, quien pensó podría controlar los apetitos feroces.

 

Habría que partir de un hecho empíricamente verificable: PAN y PRD, cada uno por su lado, tiene en su casa una cena de negros. Son familias que ni siquiera entre ellos mismos se soportan. Ejemplo claro es la balcanización del Sol Azteca en por los menos veinte tribus que se agarran del chongo en cada elección de dirigente estatal. Y qué decir del pleito eterno entre la familia yunquista dividida en tres, cada uno con distinto comandante: Eduardo Rivera, Pablo Rodríguez y Ángel Alonso Díaz Caneja. ¿Si los pleitos familiares son eternos, en qué terminará un encerrón de tamaña jauría? Pues en gritos y sombrerazos.

 

Exactamente eso ocurrió ayer por la noche en las oficinas de Miguel Ángel de la Rosa Esparza de la avenida Juárez. Las dirigencias de los partidos trabajaban en la conformación del mapa electoral de todo el estado y la asignación de regidurías y alcaldías. Mondragón se excusó para llegar un poco tarde, pero en su representación se encontraban Luis Enrique Palacios y Raúl Ramírez. Por los vericuetos de uno y otro municipio cayeron en la disputa de siempre: el agandalle de los panistas en la alcaldía angelopolitana. De la Rosa pidió nuevamente que se suspendiera la contienda interna del albiazul y se privilegiara a un ciudadano. “Dame propuestas, todos sus nombres se cayeron”, respondió un encorajinado Palacios. “Ustedes los tumbaron a propósito”, respondió el perredista. El Niño Rojo seguía el intercambio con la mirada.

 

Los dimes y diretes discurrieron los mismos caminos, mientras Mondragón era informado vía telefónica de cómo se calentaba la reunión. Del candidato a la alcaldía pasaron a la integración de la lista. “Les tocan tres lugares” dijo Palacios. “Y ustedes once, ajá, son unos abusivos”, respondió De la Rosa. “¿Y el síndico?, replicó. “Le toca al candidato”, respondieron. “Entonces será otro panista, esto es un abuso intolerable” cerró De la Rosa para dar paso a los gritos y sombrerazos.

 

Enterado de la álgida discusión, Mondragón decidió ya no presentarse y dio instrucciones a su equipo de retirarse. Entre amenazas, en pleno conato de bronca, Palacios se levantó dando un manotazo sobre la mesa mientras De la Rosa le gritaba gandalla. En resumen, se acabó la luna de miel del matrimonio engendrado en el infierno.

 

Si en el PRI las cosas están calientes por las imposiciones en la designación de candidatos a alcaldes y diputados, ya se ve que en “Compromiso por Puebla” las cosas están tan mal que ya llegaron casi a las manos. Horas después del encontronazo en todas las partes todavía había un alto grado de calentura mientras Rafael Moreno Valle era informado de la ruptura de su coalición amada.

 

No sé si Javier López Zavala tenga razón en llamar al matrimonio PAN-PRD una alianza de papel, pero queda claro que el único acuerdo común se dio a nivel de elites. Pero ahora hasta eso se quebró. ¿Cómo convencerán a los militantes de a pie, si en las dirigencias ya perdieron la concordia? Lo dicho: se acabó la luna de miel. Pinta negro el futuro del matrimonio PAN-PRD.

 



 
 

 

 
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